viernes, 11 de marzo de 2016

La reflexión, ese hábito



Escribir es, entre otras cosas, compartir lo que se piensa. Siempre se escribe pensando en el otro, conocido o no, que compartirá nuestros pensamientos, los reproducirá con su lectura. Y contrario a lo que pueda pensarse, el objetivo primordial de ese encuentro, imaginario al principio, real y atemporal a la postre, no es el convencimiento del lector, sino más bien su estremecimiento.  

Esto lo sabe bien Prisciliano Gutiérrez, jurista, profesor, poeta y servidor público, que una vez más nos invita al análisis de nuestro entorno en las páginas del libro “Reflexiones de un magistrado”.

El volumen es una suerte de antología de los artículos que semana tras semana, desde hace ya varios años, el autor publica en diversos medios locales, plasmando en ellos una diversidad de tema sobre los cuales un hombre de cultura se sorprende, reinventando su propio pensamiento a través de una práctica que en tiempos de redes sociales parece escasear: la reflexión.

Editado recientemente por el Poder Judicial del Estado de Hidalgo en su colección “Palas Atenea”, el libro contiene 81 artículos que navegan entre la meditación personal, y el ensayo político y social. Desde el disfrute de la poesía, la oratoria, el silencio y la suerte; pasando por el entorno social, el ejercicio d ela democracia, las reformas políticas y la corrupción; sin dejar a un lado temas que ya han sido objeto de sus libros anteriores: el ejercicio del poder, la amistad, el estado de derecho, la muerte y el amor.

Lo primero que salta a la vista es el disfrute con que Prisciliano Gutiérrez hace uso del idioma, llevándolo con originalidad al más sublime de sus estados: el escrito. Su voz, portentosa diríamos quienes le conocemos personalmente, se cuela entre líneas para envolver nuestra lectura con su timbre, convirtiéndola en un acto de complicidad indisoluble.

Como en entregas bibliográficas anteriores, el autor no se limita al punto de vista que le da su profesión, no se acartona queriendo parecer un sabelotodo; por el contrario, no niega que el punto de partida de su opinión surge de su convicción en el derecho y a partir de ahí se ejercita lúdicamente en el abordaje de otros linderos en equivoca apariencia lejanos. Ya nos había sorprendido anteriormente vertiendo en poesía la Constitución, o llevando el Soneto a tierras fértiles y novedosas; la imaginativa del jurista abreva del disfrute de la vida a través de la palabra expandiendo el horizonte de su pensamiento y sentir.

Estas “Reflexiones de un magistrado” no son inocentes ni maniqueas, sino más bien honestas y aventuradas, mostrándonos que no todo en los medios es dar “láik” o retuitear “autómatamente”; no debemos negarnos el derecho y la oportunidad del análisis, un ejercicio pleno de la inteligencia.

Un libro honesto e íntimo, que nos permite adentrarnos, una vez más, en el pensamiento de un hombre que se conduce con esa hidalguía que ya casi no se ve.



Antes de terminar lo invito a compartir juntos más recomendaciones literarias, acompáñeme el próximo sábado en punto de las 18:30 horas en el programa de radio “Bibliófono, literatura para escuchar”, que se trasmite por Bella Airosa Radio, 98.1 de frecuencia modulada. Hasta entonces.

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