viernes, 25 de marzo de 2022

La celebración poética hidalguense

En mil novecientos noventa y nueve –en aquel falso final del siglo XX–, durante su Trigésima Conferencia General en París, la UNESCO adoptó el veintiuno de marzo como el Día Mundial de la Poesía, considerándola “una de las formas más preciadas de la expresión e identidad y lingüística de la humanidad”. 


En el hemisferio norte, la fecha coincide (aproximadamente, claro; cada vez menos, por desgracia probablemente ambiental) con el inicio de la Primavera, sin que esto implique que la poesía tenga, por fuerza, que hablar de la naturaleza y sus bellezas; es tan solo una coincidencia proclive y peligrosamente cursi.


Sin embargo la poesía, en cualquiera de sus formas, evoluciones, temas o perspectivas, es una celebración de la vida y su hermosura, aunque esto implique mirar y sumergirse en el más oscuro abismo de la existencia, para enaltecer a través de las palabras el gozo de estar vivos (a pesar de todo).


Este año Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO, envió un mensaje sobre la celebración del 2022: "La orquestación de las palabras, el colorido de las imágenes y la contundencia de una buena métrica otorgan a la poesía un poder sin parangón. Como forma de expresión íntima que permite abrirse a los demás, la poesía enriquece el diálogo que cataliza todo progreso humano y es más necesaria que nunca en tiempos turbulentos."



En este marco, la Secretaría de Cultura de Hidalgo emprendió para la celebración del 2022 un hermoso proyecto: compartir a través de una video-cápsula, el trabajo de aquellos poetas hidalguenses que desearan unirse voluntariamente a la iniciativa, leyendo uno o varios textos poéticos de su autoria. El resultado fue una suerte de festival poético digital que a lo largo del lunes pasado celebró, a través de la anodina plataforma de fesibuc, la poesía como una expresión sublime y profundamente humana; puente permanente entre aquellos que tenemos la fortuna de encontrar la belleza de los momentos y las cosas en los lugares más insospechados.


Fue así que leyendo textos propios participaron los poetas: Yanira García, América Femat Viveros, Ovidio Ríos, Daniel Olivares Viniegra, Danhia Montes, María Elena Ortega, Martín Rangel, Omar Roldán, Nancy Ávila, Daniel Fragoso, Moisés Oswaldo Lozada Díaz, Elvira Hernández Carballido, Claudia Sandoval, Antonia Cuevas Naranjo, Eduardo Islas Coronel y quien esto escribe.


Se sumaron otros escritores y poetas leyendo poetas que se encuentran entre sus favoritos Christian Negrete leyó a César Vallejo, Miguel Ángel Hernández a Rubén Medina, Ilallalí Hernández a José Gorostiza, Diego Castillo Quintero a Pablo Neruda y el poeta Andrés Solís a su paisana Yanira García.


Además se incluyeron lecturas de los promotores de lectura Patricia Lucia Jiménez Argüello, leyendo a la hidalguense Reyna Hinojosa; María Angélica Hernández Hernández compartiendo un hermoso poema de la gran Wislawa Szymborska; y Odette Arreola Noriega dando lectura a un texto de Kyra Galván.


Tan simple como honesta, la iniciativa aglutinó a quienes respondimos, dejando abierta la oportunidad de sumar a otros tantos poetas, sobre todo que escriben en lenguas originarias de Hidalgo, para convertir en esta modalidad digital (herencia de la pandemia que al parecer agoniza por doquier) y mantener una celebración poética permanente desde Hidalgo.


Felicidades a quienes lideran, guían, ejecutan y hacen realidad, desde la Secretaría de Cultura de Hidalgo, proyectos como estos, que no responden a intereses mezquinos y abren con franca generosidad la posibilidad de difundir la Poesía que se escribe desde este terruño. Después de todo, la poesía es el sonido secreto de las cosas que nos rodean en la vida cotidiana. Leamos poesía, celebremos la vida.

viernes, 11 de febrero de 2022

El periodismo en México, un riesgo


Invariablemente me siento mirando a la puerta principal, ya sea en un restaurante, la casa de mis padres, de un amigo, incluso en mi propia mesa del comedor. Pesquiso a mi alrededor cuando salgo de un sitio. Cambio constantemente las rutas habituales y bajo la velocidad si sospecho que algún auto me sigue. Estas precauciones, y otras, las aprendí (como todo lo que he aprendido en la vida) leyendo; en una publicación que cayó en mis manos durante el último año de la carrera, cuando la idea de ser corresponsal de guerra rondaba por mi cabeza: “Manual para periodistas en países en conflicto”, algo así se llamaba. Por fortuna (o infortunio), en el periodismo cultural el riesgo mayor es una mentada de madre, que te excluyan de algún festival literario o el despreció de un grupo o de un “ente culturoso”. Nada más. Aparentemente, la vida no va en juego.

Quisiera decir que en mi país, las precauciones de alguien que se dedica al periodismo no son más que una exageración. No. Dolorosamente no lo son. Por el contrario. Dadas las circunstancias, parecen magras. Igual de doloroso es saber que el año pasado México ha intercambiado de posiciones con Afganistan y se ha posicionado como el país más peligroso para ejercer el periodismo; el tercer puesto lo ocupa la India. 

En está bendita tierra que habitamos, en lo que va del año, es decir 41 días al momento de escribir estas líneas, han sido asesinados cinco periodistas. Decir en voz alta sus nombres es el más merecido de los homenajes que podemos hacer: José Luis Gamboa, asesinado el 10 de enero en Veracruz; Margarito Martínez Esquivel, asesinado el 17 de enero en Tijuana; Lourdes Maldonado López, asesinada el 23 de enero en Tijuana; Roberto Toledo, asesinado el 31 de enero en Michoacán y Marcos Ernesto Islas Flores, asesinado el 6 de febrero en Tijuana.

Las geografías fatídicas no son coincidencias. Son “red flags” de territorios controlados por grupos delictivos que lo mismo responden al narcotráfico que a la política. Son lugares donde el oprobio, la corrupción y la impunidad tratan de empañar la verdad. Digo “tratan”, porque la verdad no puede acallarse de ninguna manera. Detrás de estas voces apagadas a tiros, hay una tropa de mujeres y hombres valientes que ponen en riesgo su vida por informar a contracorriente; una corriente de odio y pólvora.

Pero el asedio al gremio informativo está tatuado en la memoria de muchos de nosotros, aquellos que nos entregamos al catártico habito de no olvidar; desde el golpe a Excélsior, pasando por el asesinato de Manuel Buendía y de las docenas de informadores, periodistas y reporteros que han sucumbido a la censura del fuego. Esto sin meternos con las cifras de  periodistas amenazados públicamente y en privado por los grupos delictivos que operan impunemente en nuestro México.

En este ambiente adverso, por decir lo menos, los descalificativos del Presidente hacia Carmen Aristegui (particularmente, sin mencionar otro dichos hacia otros miembros de la comunidad informativa) cae como cubetada de agua fría. Sobre todo ante el hecho de que “la Aristegui” es responsable de que muchas de las corruptelas posmodernas oficiadas por el poder en México, hayan sido exhibidas. Por ejemplo: la perversidad del padre Maciel y sus Legionarios de Cristo; la Casa Blanca peñísta; la rede de acoso y prostitución de Cuauhtémoc Gutiérrez desde su silla del PRI capitalino; la voz que le dio a Lidia Cacho ante la persecución que sufría por parte del “gober precioso” y sus secuaces; cuando mostró el caso Monex o el entramado de la Estafa Maestra. No parece, ni de cerca ni de lejos, que Carmen oculte otra lealtad que no sea la de informar.

Ryszard Kapuściński decía que “para ser periodista primero había que ser buena persona”. Es así. Partamos de ese hecho y reconozcamos la “utilidad social” del periodismo. Por supuesto que encontraremos posturas diversas, medios que van más al oficialismo que a la crítica, medios que atiendan primero las exigencias económicas de los corporativos a los que pertencen y otros que defiendan a toda costa la independencia informativa. La mexicana, ya es una sociedad capaz de discenir entre las banderas que ondean en el escenario mediático y enarbolar la que prefiera.

En nada ayuda al Presidente “engancharse” en estos malentendidos mediáticos (no lo necesita, su estrategia victoriosa está en otras lindes). Al contrario, defender la libertad de expresión sería lo mejor; más valdría hacer propia la frase de Helvecio (no de Voltaire): “Desapruebo lo que dice, pero defenderé hasta la muerte su derecho a decirlo”. Sería mejor,  sobre todo frente a la Revocación del mandato, que ya está en marcha y que más allá de haberse establecido como un derecho legítimo de los mexicanos, debería de ser una muestra de poder político, no de debilidad.

viernes, 4 de febrero de 2022

“Ulises” para principiantes



Siempre he creído que leer debe ser como dormir. Uno debe hacerlo cuando es tiempo de, cuando lo necesita o cuando haya oportunidad. Si leer es como dormir, los libros son las almohadas donde podemos poner a descansar con regocijo nuestros ojos. Hay quien prefiere las almohadas mullidas, hay quien no puede descansar si la cabeza no tiene un soporte rígido; yo necesito algo semirrígido tras la nuca y otra almohada suave sobre los ojos. Con base en esta analogía, no todos los libros son para todos los lectores, hay libros que pueden parecer cómodos para la mayoría, pero otros que apenas pueden soportarlos unos cuantos.

“Ulises” (“Ulysses” en su título original) de James Joyce es uno de esas almohadas que pocos encuentran cómoda. Publicado hace exactamente cien años, lo conforman dieciocho episodios que están íntimamente ligados con la “Odisea” de Homero; de ahí el título. Odiseo se transfigura en Bloom y ve reflejadas sus hazañas en el quehacer del protagonista un día común y corriente en las calles de Dublín.

El libro apareció el día del cumpleaños cuarenta de su autor; dos de febrero de mil novecientos veintidós. Muchos la llaman la Novela que contiene todas las novelas, siendo el gran detonador de la narrativa occidental del siglo XX.

La novela no es fácil. A partir del segundo capitulo se vuelve densa y exige del lector un rigor considerable dados los experimentos técnicos y lingüísticos que afloran cuando la línea argumental parece diluirse y se escabulle hasta para el lector más avezado. Incluso, Jorge Luis Borges, el ¡gran lector!, recomendaba abordar el “Ulises” con cautela, a “sorbitos” decía; trozos breves para degustarlos sin empacharse.

El germen de la novela es un episodio desafortunado, protagonizado por el mismo Joyce una noche de junio de 1904. Cuenta la leyenda que mientras vaga por las tripas de Dublín, James galanteó a una joven que iba acompañada, lo que resulto en un puñetazo que mando al escritor al suelo. Sin embargo, la acción que transcurre en la novela ocurrió el 16 de junio de ese mismo año, 1904, cuando Joyce se citó con Nora Barnacle, una atractiva camarera que había conocido seis días antes y que a la postre sería su compañera de vida. Ese día se convertiría en un hito en la historia de la literatura moderna y ha sido bautizado por sus seguidores como el Bloomsday.

En mill novecientos veinte, durante una tertulia ocurrida la tarde del once de julio, James Joyce conoce a Sylvia Beach, norteamericana estrafalaria que era dueña de una librería de fama nada despreciable llamada Shakespeare & Company. Dos años después ella le propondría al autor miope y desalentado convertirse en la editora de su libro más reciente; el “Ulises”.

Por extraño que parezca, Joaquín Sabina posee un ejemplar de aquella primera edición del “Ulises” que no es cualquier ejemplar, es, nada más y nada menos, el libro dedicado, de puño y letra de Joyce para Ciprian el hermano de la mismísima Sylvia Beach.

Ese primer ejemplar, de pasta dura, pesaba kilo y medio, tenía setecientas treinta y dos páginas (un mamotreto, pues) y estaba plagado de erratas, resultado de los caprichos y correcciones de última hora del autor, lo que por cierto, volvía loca a su editora.

Hace algunos años, alguien pagó en una subasta neoyorquina ciento ochenta mil dólares (no sé si fue Sabina) por un ejemplar firmado de esa primera edición, convirtiéndolo en el libro más caro de la historia de las subastas literarias.

Joyce no tuvo muchos lectores mientras vivió, tampoco al morir, sin embargo muchos escritores se declararon influenciados por “Ulises”; Octavio Paz, Lezama Lima, Julio Cortázar. Lo cierto es que al paso de los años ha aglutinado un número cada vez más creciente de admiradores. 

Como narrador, algunos expertos consideran a James Joyce sólo por debajo de Antón Chejov y seguido muy de cerca por Juan Ramón Jiménez, el ya mencionado Borges y nuestro Juan Rulfo. Virginia Wolf lo consideraba malísimo, a Heminway le apasionaba, T.S Eliot se confesaba “desbordado” por la novela mientras que Aldos Huxley lo encontraba terriblemente aburrido. Salman Rushdie escribió alguna vez que Joyce “construyó un universo de un grano de arena”.

Muchos libros se han escrito sobre “Ulises”. Ensayos, estudios, novelas. Una de ellas, una ficción alrededor de “La Ficción” de James Joyce es una novela extraordinaria de Enrique Vila-Matas titulada “Dublinesca”; si la encuentra por ahí no dude en leerla.

Sí algún lector tiene un interés en ciernes por Joyce, le sugiero comenzar por “Dublineses”, volumen de cuentos (publicado en 1914) o por “Retrato del artista adolescente” (1916); otro par de libros únicos e inigualables que resultan almohadas más cómodas que le permitirán, estimado lector, soñar a través de la lectura.

viernes, 21 de enero de 2022

Nuestras mascotas; compañeros con sensibilidad



Todas las mañanas, al filo de las 6 aeme, Juno se estremece al detonar de la alarma del móvil. Ha aprendido a acurrucarse sobre las cobijas que me cubren, en el preciso lugar donde abandono el aparato ese, no muy lejos de mi cuerpo, para atender alguna llamada urgente por la noche. Juno sabe que, a partir de que suena, su dueño procrastina cuando menos tres timbrazos más antes de levantarse refunfuñante a encender el boiler. Ni brinca, ni revolotea, me acompaña solidaria hasta la zotehuela sabiendo que aún no es tiempo de su desayuno; que eso será hasta las siete. Regresa al regazo de mi cama a esperar pacientemente que yo, metido en las cobijas, revise la agenda del día, responda correos, güatsups y lea de refilón el tuiter y el feisbuc en busca de novedades. Cuando me levanto en definitiva, entonces traza acrobacias por todo el pasillo que conduce a la cocina y me mira cargar un trasto que precisa la cantidad de alimento que requiere su edad y su peso. Urge serpenteando la sala y el garaje para sentarse frente a su plato a esperar que yo le dé la señal de empezar a alimentarse; dos golpes secos y se abalanza sobre las croquetas. 

Al inicio de este dos mil veintidós que ya surcamos sin decoro, el diario El Mundo de España daba cuenta de un suceso sin precedentes en España en cuanto al trato de los animales domésticos: reconocerlos como miembros de la familia de sus dueños. La nota versaba: Los animales de compañía tendrán a partir de este miércoles en España un estatuto jurídico diferente al de los bienes materiales y desde entonces serán considerados "seres vivos dotados de sensibilidad" y no como cosas, lo que les conferirá una consideración de miembros de la familia.

De entrada, el término me encanta: “seres vivos dotados de sensibilidad”. Ya no son “semovientes” como se les asigna en la demandas de divorcio. Mucho menos “hijos”, como insisten algunos xénials y milénials incapaces de adquirir responsabilidades de largo aliento.

Los hijos son insustituibles, las mascotas también lo son. El tratar a un perro, un gato o un avestruz como un hijo al que le damos ropa, comida, cama, fiesta de cumpleaños aparentando ocupar el lugar de nuestra descendencia, también es una forma de maltrato. Los animales domésticos son eso, animales domésticos y no por ello merecen menos cuidados y menos atenciones, no por ello no ameritan nuestro cariño y nuestros camelos. Al contrario. Son seres que nos acompañan y se convierten en un complemento de nuestra felicidad y nuestra lucha en lo cotidiano.

Pero es que las mascotas siempre han sido miembros de la familia. Aún los perros que mi abuela tarahumara tenía en el rancho perdido en el sur de Chihuahua, eran no sólo parte de la familia, sino miembros importantes en las tareas del rancho: cuidaban las inmediaciones y ordenaba el ganado cuando quería desbalagarse mientras pastaba; al pardear la tarde, se echaban a los pies de la silla donde mi abuela y sus hermanas, charlaban haciendo algún remiendo sobre las rodillas

Eso hablando sólo de los perros; pero sean gatos, pericos, erizos, peces dorados, etc., las mascotas son parte fundamental de nuestra vida a partir del día en que decidimos adoptarlos. Darles un papel que no les corresponde es atentar contra su propia naturaleza. Nunca podrán sustituir a un ser humano nacido de nuestra propia carne. Y no le estoy dando la razón a Bergoglio, por el contrario, quiero reivindicar la valía que tienen nuestras mascotas en la vida de una familia que se regocija con su presencia en la casa.

¡Las mascotas! He disfrutado sus vidas y he llorado sus muertes. El último, Elote, un pastor belga (con una leve cruza indescifrable), que mis hijos encontraron siendo cachorro abandonado en el medio de un bosque conífero en Amealco. Lo escondieron en una maleta para salvarlo. Estaba tan débil que ni se movió ni emitió sonido alguno durante el viaje de regreso; tres horas metido en una caja de cartón. Al llegar a Pachuca el veterinario fue tajante: “Ni se ilusionen, este perro no dura una semana”. Estuvo con nosotros casi cinco años hasta que un tumor en el paladar nos arrinconó en el callejón de sacrificarlo antes de verlo sufrir más. 

Nunca he sentido que con cada perro que he pedido un hijo se ma haya ido. No. He soportado la cuchillada lacerante que significa perder un compañero de vida. Espero nunca pasar por el trauma de perder a uno de mis dos únicos hijos, pero estoy seguro que enfrentaré con estoicismo el día que Juno, mi cachorra, muera, dejándome una estela de recuerdos que en sí mismos serán un homenaje permanente a su vida perenne.

¿Cuándo ocurrirá algo así en México?