viernes, 9 de abril de 2021

Baudelaire, 200 años


La necedad, el error, el pecado, la tacañería, / ocupan nuestros espíritus y trabajan nuestros cuerpos, / y alimentamos nuestros amables remordimientos, / como los mendigos nutren su miseria.

Con estos versos abre “Las flores del mal”, obra cumbre del poeta maldito Charles Baudelaire. El poema, no incluido en el índice del libro, es un mensaje para el lector. En él, el autor resume la podredumbre de alma, la suya, que ha forjado a fuego los 103 poemas que componen el volumen; una extensa y desgarradora oda a la miseria humana, a la pestilente humanidad que a todos nos caracteriza.
Baudelaire nació el 9 de abril de 1821. Su obra, rompió todos y cada uno de los modelos literarios de la época, poniendo en el banquillo de los sentenciados los valores sobre los que se había construido la República tras la Revolución francesa. 

Su vida, llena de excesos y sumida en el sórdido mundo de un París oscuro y descarnado, alimento una obra poética que explora lo más recóndito de la pestilencia que el ser humano esconde y contra la que lucha la mayor parte de su existencia. 

En 1978, Francia celebró el 150 aniversario del natalicio de otro grande, Julio Verne, con una verbena nacional que llevó a todo el pueblo francés a las calles a vitorear al novelista que vaticino con su imaginación los grandes logros del siglo XX. Hoy, con el pandémico pretexto del Coronavirus, Francia celebra con  y en voz baja el bicentenario de un hombre que transformó la poesía de tal manera que sus versos sostienen las estructuras de una nueva manera de hablar de “lo bello”, “misión primera” de la poesía. 

Alguna vez, Hölderlin escribió que “los poetas, con la cabeza descubierta, recibían el rayo del dios como niños, con corazones puros y manos inocentes.” Ninguna de esas dos características físicas eran propias de Baudelaire, quien por cierto, sí asemejaba a un niño al momento de morir en brazos de su madre. Su lucidez provenía principalmente de la locura y su brillantes forjó la raíz de la vanguardia y la contemporaneidad de la literatura francesa, europea y universal.
Nada en la poesía volvería a ser igual después de sus versos malditos y hoy, leídos doscientos años después del nacimiento de su autor, siguen describiendo, con crudeza y descaro, la parte más sólida de nuestra esencia: la maldad.

Pero, ¿qué habría sido de Baudelaire en pleno siglo XXI? Cómo habrían trascendido sus poemas en el turbulento océano de las redes sociales, donde lo peor de lo que somos, aparece a la menor provocación para generar en nosotros la repulsión de nuestra calidad más pura, de nuestra cualidad más nítida, de nuestra peor parte; lo que nos describe de cuerpo entero com especie. ¿Pero en realidad nos detestamos? ¿Es que en verdad la vileza de nuestras acciones cotidianas nos repulsa o es sólo la pose “políticamente correcta” que enarbolamos para ocultar lo que verdaderamente somos y que no colgamos en nuestros perfiles de feisbuc?

Baudelarie nos legó en sus poemas y sus prosas, de los cuales las mejores traducciones las hizo nuestra adorada Margarita Michelena, un retrato íntimo de lo que habíamos sido hasta entonces y de lo que hemos sido hasta ahora. Tejió con mierda y lodo el sudario de nuestra alma como la más trascendental de las propuestas literarias del siglo XIX. 

En los últimos versos de las “Las flores del mal”, incluso, vaticino la revalorización póstuma de su visión poética y hoy, doscientos años después de su nacimiento, sigue calando profundo en quienes nos hemos enfrentado a sus letras.

Porque de cada cosa extraje la quintaesencia, / tú me has dado tu barro y yo lo he convertido en oro.

sábado, 13 de marzo de 2021

Esto puede alcanzarte ya sea como un pájaro o como una flor

Varavara Rao

Versión de Abraham Chinchillas



Más pronto que tarde regresaremos

a las habitaciones de las cuales emergimos.

La tierra de tu infancia es la tierra

mía, aunque parezca que vivimos

en dos países distintos. Tú eres un poeta

peligroso en el tuyo. Estoy tratando de volverme uno. En cada

república habrá algunos que caminen hasta

el agua con chalecos salvavidas y pan, mientras otros

llevan a los soldados a las trampillas del sótano. Te pones de pie

en la orilla, golpeando un tambor. Hay quienes dicen que has estado

allí por sesenta años, batiendo, batiendo.

Señor, ¿está bien abrigado? ¿Acaso los cuervos le traen las

últimas noticias terribles?  Las turbas transportan cuerpos, desde más allá

de las fogatas, con hojas clavadas en los ojos y las gargantas

llenas de polvo. Debes saber que ha habido un incumplimiento. La

cortina no está hecha de hierro. La descendencia de sus arrestos ha

formado su propio partido político en prisión y están diseminando

pensamientos rebeldes como un virus refrescado después de un descanso de verano.

Debemos consolidarnos mientras quede oxígeno. Vendrá

un día cuando nos reunamos en un patio para una foto 

histórica, y denunciemos a los peones, los recuadros negros y 

blancos, los caballos y las torres. A todos menos

a los ladrones. Ya no será posible decir

tu patria no es mi patria

porque no se habla inglés.

Las lenguas que amamos serán

arrojadas a una zanja. Un país

olvida cuantos países

ha sido. Nada es gentil

acerca de la memoria. El cielo

habla en un aullido, el pasto

susurra de vuelta. Nosotros

ya estamos

hincados.

¿Qué más

podemos 

hacer excepto

resistir?


viernes, 5 de marzo de 2021

Escritoras hidalguenses

La literatura es un cúmulo de coincidencias y asombros. En su construcción, como estructura ideológica y cultural, involucran sus afanes muchas plumas, muchas manos, muchas mentes. A la usanza del cadáver exquisito cada autor o cada autora urde su propia obra en la soledad de la catarsis más íntima y pocas veces, se indaga en el quehacer de colegas cercanos. ¿El resultado? Un babel multifónico, un vitral multicolor que filtra la realidad y transforma su horripilante faz en un goce estético que no siempre tiene que ver con la belleza.

Durante los últimos años, la literatura hidalguense se ha nutrido de un diversidad de propuestas que dan cuenta de interesantes aristas que habitan lo mismo en el ensayo que en el cuento, en la poesía que en la narrativa, en la crónica y en la dramaturgia. En este nuevo panorama las mujeres han insuflado una vitalidad inmarcesible. Las escritoras hidalguenses se han transformado en una marea que espabila el arrecife literario masculino, y bañan la cultura local con una literatura que va más allá de lo emergente; sus letras son contundentes y su lectura se vuelve imprescindible para entendernos en la postmodernidad.

Hoy inició una pequeña serie sobre cuatro autoras hidalguenses que me conmueven. Inicio con Aidée Cervantes Chapa (periodista y poeta pachuqueña), compartiendo un texto que aparecer a manera de prólogo en su más reciente poemario, “Destierro”, el cual espero, vea la luz en las siguientes semanas: 

Fernando Pessoa escribió: “Llega el momento en que es necesario abandonar las ropas usadas que ya tienen la forma de nuestro cuerpo y olvidar los caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares”. Hablaba de la travesía, de avanzar para no quedarnos al borde del camino cuando el camino somos nosotros mismos. Porque no hay nada peor que mirarnos pasar de largo dejando de ser lo que somos.

Destierro, este breve poemario que tiene usted en las manos es la travesía de su autora quien ha dejado la comodidad del ropaje y el andar automático hacia el futuro que le han impuesto su condición de salud. Sobreviviente de un holocausto ocurrido en los linderos de su cerebro ha decidido luchar por recuperar el albedrío sobre su mente y su cuerpo enarbolando el filo que conoce más cegador: la palabra, mejor decir, la poesía.

Escribí “breve” pero tengo que agregar “profundo” y “poderoso”. Los versos con los que Aidée construye estos poemas están forjados en el abrazador encuentro con la muerte, en el reconocimiento absoluto de que en los detalles radica la belleza inconmensurable de la vida. 

Se sabe rota, clausurada para la libertad de movimiento y de palabra, nunca para la del pensamiento y la esperanza. La poeta ha vertido sobre el papel toda su desventura y su frustración transformándolas en hermosos instantes donde la pulsión de un corazón resquebrajado pero feroz no cesa. “La fiera pugnando por mantenerse fiera” dice Guillermo Arriaga. Aidée avienta dentelladas, se aferra con las garras de la palabra a las más puras e inefables raíces del anhelo.

En cada verso la poeta se muestra fustigada, azotada dentro de un cuerpo maltrecho, pero nunca vencida. El viento le ha jugado en contra pero sabe que el fuego de su espíritu y su alma no han sido extinto, por el contrario, la adversidad lo ha azuzado y la llama en su interior crece con descaro y valentía. Estos poemas son muestra de ello.

Nadie que pase por estas páginas puede quedar impávido. Aquí se desborda el amor, por los amigos, por el hombre elegido, por la vida a toda costa. Aidée asegura que pronto estará de regreso a esa mujer que solía ser y yo estoy seguro que lo hará distinta, consolidada como una poeta maciza, labrada en el destello del dolor.

Este poemario que está usted a punto de empezar a leer se le quedará en la memoria y en el corazón, al fin y al cabo, son el mismo paraíso.

Aidée ha consolidado un estilo propio, forjado a fuego, donde la palabra es el martillo y la llama, el filo y la coraza. De ahí la necesidad de su palabra.

sábado, 27 de febrero de 2021

El pacto del presidente, violencia de género

De los muchos desatinos que, con esmero y dedicación, expresa constantemente el presidente Andrés Manuel López Obrador, en los últimos días destaca uno que nos ha dejado helados. La manera en que capoteó el tema “Felix Salgado Macedonio” resultó bochornosa al escupir un “Ya chole.” en una de las mañaneras. Desestimar la gravedad de las acusaciones de violación que pesan sobre la cabeza del ya flamante candidato de Morena a la gobernatura de Guerrero, es francamente ofensivo. Vale la pena aclarar que no se trata de una antipatía política por un partido en el poder o por un ciudadano en particular que busca ejercer sus derechos de participación política. No. El problema, de inició, radica en que ningún partido político debería proponerla a los votantes un candidato o una candidata, cuya calidad moral fuera cuestionable. Nadie es perfecto, por supuesto, pero hay de defectos a defectos. Todos nos hemos equivocado, también es cierto, pero lo presuntamente cometido no es un error sino un delito; de ahí, el único camino posible de redención es la aceptación de las consecuencias, es decir la aplicación de la ley. 

Las acusaciones de violación con que se señalan a Félix Candidato debe ser tomadas con toda la seriedad posible, el delito es grave y no debe ser pasado por alto, ni en su caso ni en el caso de ningún hombre que haya ultrajado a una mujer. ¿Cabe el privilegio de la duda? Es posible, pero mientras tanto la calidad moral del aspirante es más que cuestionable y mejor sería que no fuera candidato; menos aún con el conocido historial de desmanes y escándalos protagonizados por el guerrerense. Sin embargo, Morena determinó que no importaba un candidato amoral siempre y cuando asegure el triunfo en una entidad federativa clave, con miras a la elección presidencial que, aunque aparentemente lejana, debe irse determinando, al menos en el acomodo de las piezas sobre el tablero político.

Hasta ahí, la postura del presidente resultaba incorrecta para su investidura y volvía a dejar un vacío moral en la imagen de Lopez Obrador. Sin embargo, como si esto fuera poco, hace tres días el Presidente aceptó que no sabía a qué se referían, aquellas y aquellos que le exigían romper el Pacto. Su esposa, la Dra. Beatriz Gutiérrez Mueller, le explicó, según cuenta el propio presidente, lo qué significaba y él, con un desenfado que se inmediato se transformó en desfachatez, dijo que el único Pacto que ha roto es el “Pacto por México”, que fue el causante de, entre otros males del sexenio anterior, la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa. ¿Esa respuesta tiene sentido? ¡No! En absoluto.

El presidente no sólo ignora las necesidades de reconocimiento de los sectores más vulnerados de este país, sino que en realidad no le interesan. Su respuesta es oprobiosa y deja en claro que no sólo yerra por ignorante, sino también por indolente. El Pacto, señor presidente, es el pacto de silencio que los hombres hemos establecido, para pasar por alto los abusos de nuestros congéneres machos sobre las mujeres. Significa callar cuando sabemos que un compañero, por ejemplo Salgado que es su compañero de partido, está o ha estado ejerciendo violencia de género. Ese Pacto de silencio debe romperse, no sólo por las voces de las mujeres, sino por las voces de los hombres que debemos trabajar todos los días contra los micromachismos que tenemos arraigados por tradición o por formación. No es fácil darse cuenta de ello, ni resulta cómodo aceptarlos, pero es urgente encararlos e ir transformando la manera en que vemos, tratamos y nos relacionamos con las mujeres. Ese camino es el de la liberación. 

Ignorar y minimizar la petición de los mexicanos que ven en su actitud la preservación del machismo hegemónico es insultante. Descalificar una demanda social que busca dar un paso más en la igualdad de género no es un acto progresista, es a todas luces un comportamiento propio de conservadores (usted que tanto los critica). Peor aún, es, con todas sus letras, un acto más de violencia de género. 

viernes, 19 de febrero de 2021

¿Quién escribe la poesía? 2/3

Sigo con mi dilucidar sobre el acto poético y el filosófico, resultado de lo vertido durante las charlas virtuales del Primer Coloquio Internacional de Poesía y Filosofía, que por cierto, tuvo el soporte mediático del Fondo de Cultura Económica.

Bernales Albites continúa y aclara nuestro árbol genealógico, dice que somos hijos del discurso y del lenguaje. Nos contagia del neoplatonismo en la voz de Bono y su irredenta One: “Love is a temple, love is  higher law”. La vigencia de la metáfora es evidente. El “uno” es la belleza, la perfección del universo. Nos remite al filósofo francés Jean-Luc Nancy: “En esencia, la poesía es algo más y algo distinto a la poesía misma (…), la poesía podría encontrarse mejor donde no hay poesía en absoluto. La poesía no coincide consigo misma: tal vez esta no coincidencia, esta sustancial impropiedad, la convierte, propiamente, en poesía”

Por su parte, el filósofo y crítico mexicano, Gustavo Leyva Martínez aborda la poesía y el lenguaje. El lenguaje como una articulación de la realidad. El silencio como un sistema de comprensión. El lenguaje es el más inocente de los asuntos y la más peligrosa de las herramientas. El lengua es una revelación, la historia de aquello que existe. Donde hay lenguaje, el mundo de revela para nosotros. Es un acontecer en el interior del cual nos encontramos. Somos un diálogo; el poder escucharnos los unos a los otros. La poesía es una fundación del ser, ligada con la palabra.

Es aquí donde las burdas obligaciones de  lo cotidiano me alienan y aterrizo, azarosamente en la charla del poeta y filósofo Oscar de la Borbolla. Se pregunta, ¿cuál es la actividad más poética, la filosofía o la poesía? Ha habido, desde épocas inmemoriales una especie de pugna entre la filosofía y la poesía, tal vez emprendida por Platón; pone a los poetas en el nivel de los ladrones, los expulsa de la República. Destaca el único beneficio, que para Platón tiene la poesía: su carácter de reforzador de la memoria. Propone que la poesía sobreviva sólo en su función pedagógica. Esto ha causado, desde entonces, una gran pelea entre filósofos y poetas. Sócrates, estando en prisión, la noche antes a tomar la cicuta, escribe unos poemas; porque él había pensado siempre que la filosofía era la actividad más poética. La palabra “poiesis” tienen un enorme parentesco con la palabra “praxis”; una ligada con la otra, dos maneras de referirse a la actividad humana. En la “praxis” lo que predomina es el aspecto productivo al igual que en “poiesis”. La recolección es “praxis”, mientras que la agricultura es más poética porque significa extraer de la naturaleza elementos que por si misma no daría. Ante este matiz lo que incorpora más novedad en el mundo es lo más “poiético”.

De la Borbolla no se detiene y se le agradece que no lo haga. Sigue. Cuando uno compara la poesía con la filosofía encuentra, en primer lugar, que ambas son palabra, formas de discurso. Pero cuando uno va adentrándose en el análisis de ver en qué consiste la palabra filosófica frente a la palabra poética, nos damos cuenta de que el filósofo habla del ser de las cosas, el objeto del que habla son las cosas que han existido siempre; en cambio el poeta, cuando emplea la palabra, habla de un mundo que solamente vienen a ser  gracias a su palabra; es, de hecho, una edificación completa de la realidad. A través del poema uno se asoma a un mundo que es estrictamente la interpretación del poeta, una forma de ver la realidad totalmente generada por la palabra. Pensando en Sócrates, parecería que la actividad más poética es la poesía.

Al comienzo, la palabra filosófica y la palabra poética estaban hermanadas porque no había un campo conceptual. Sin embargo, el poeta busca la manera de referirse a lo singular, a lo que es único y en cambio el filósofo -en el sentido de todo hombre de conocimiento y de ciencia-, lo que anda buscando son los universales; ese famoso orden que supuestamente es la realidad. Oscar de la Borbolla continúa, yo me detengo, por ahora.

Dejó estas profundas reflexiones hasta aquí, al llegar a la frontera tipográfica de esta semana. Seguiré sin duda, compartiendo lo aprendido que es, sin lugar a duda, uno de los gozos más grandes del pensamiento.