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jueves, 19 de septiembre de 2024

Programación de la 24 Feria del Libro infantil y Juvenil Hidalgo 2024, inicia mañana



Este viernes 20 de septiembre te esperamos en punto de las 12:00 hrs para ser parte de la ❞𝐅𝐞𝐫𝐢𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐥𝐢𝐛𝐫𝐨 𝐢𝐧𝐟𝐚𝐧𝐭𝐢𝐥 𝐲 𝐣𝐮𝐯𝐞𝐧𝐢𝐥 𝟐𝟎𝟐𝟒❞ 

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¡Accede al 𝔪𝔦𝔠𝔯𝔬𝔰𝔦𝔱𝔦𝔬 y conoce toda la programación! 

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https://flijh2024.culturahidalgo.gob.mx/cartelera/ 


viernes, 30 de agosto de 2024

"Hablan despiertos", una charla a tres bandas 1/2


El pasado miércoles 28 de agosto se presentó en la FUL 37 la novela “Hablan despiertos” del escritor mexicano Ricardo Stern (RS); los comentarios corrieron a cargo del escritor hidalguense Rogelio Perusquía (RP) y quien esto escribe (ACh). A continuación la primera parte del condensado de esa charla.

ACh: Quisiera empezar por decir que tu novela “Hablan despiertos” me parece muy visual. Es entendible por tu oficio de hacer jardines. En ese sentido, la novela inicia con la descripción detallada delas habitaciones de un departamento. ¿Para ti, que peso tienen en la historia de una novela, los ambientes donde se sucede?

RS:Aparte de que estudié arquitectura del paisaje, porque efectivamente me gusta crear ambientes, a veces no solo en los libros, sino también en la realidad, esta novela nació en un ambiente específico, en un momento no muy bueno hace once años; como que después de una temporada en que me estaba yendo muy bien de pronto por una enfermedad se acabó todo eso y tuve que irme a vivir a un lugar horrible, donde además no cabían mis cosas y tuve que meterlas en un pequeño todas amontonadas. En ese habiente deprimente fue que comencé a escribir esta historia. Efectivamente la novela empieza con la descripción de un ambiente como en el que yo vivía y un personaje que de pronto aparece en este ambiente…

ACh: Que también está desordenado…

RS: Exacto, que también está desordenado y la novela es la idea de como va a ir buscando reducir ese desorden.

RP: De hecho, sobre esta historia, que es un entramado muy profundo donde la menor clave altera el destino del lector y de la historia, Ricardo se da algunas licencias para, a través de sus personajes, discutir sobre algunos temas interesantes. Por ejemplo, hay en este libro una discusión que me parece brillante sobre la violencia en la voz de un personaje:

“Otra variable, inservible y cerril, de la maldad es la violencia. Y mientras menos sangrienta, peor. Es decir, si se ha de ser violento, que sea hasta el fin, hasta lo más remoto. Dar unos grititos o usar palabras soeces y ofensivas es más bien ridículo. Pero he llegado a comprender que hasta el asesinato, incluso si se arrastrare el cuerpo de la víctima por toda la ciudad, en ese nivel de cólera antigua y noble del pelida Aquiles, es poca cosa. No deja de ser común, casi ordinario, eso de estar matando personas. Me habría gustado descubrirlo inmediatamente después de mi primer asesinato, pero no fue así. Tarde vine a comprenderlo. Me parecía, entonces, como cree la gente, que el homicidio es la culminación de la maldad. Primero, como todo novato, intentaba justificarlo, bien que fuera sólo estéticamente. No es tema nuevo el homicidio como acto bello, si se le despoja de todo elemento moral y se deja sólo la sangre, la escena en su conjunto, la mirada de la víctima, la solemnidad del momento, el tiempo que parece detenerse –y se detiene, de hecho–, el suspenso, y qué sé yo. Süskind encuentra una justificación interesante: preservar el aroma. Vale la pena matar a una mujer hermosa para preservar su perfume. Es hermoso, y, sin embargo, en cierta forma es tan genuina la justificación que de pronto desaparece la maldad del acto. Desde el punto de vista literario, es genial haber creado un personaje malo que no lo pareciese, pero, paradójicamente, al empañarse su mal- dad, comienza a parecerme menos interesante para la vida real. Pues si Grenuille buscaba el perfume puro, la esencia misma, yo también busco un acto de maldad pura. Pero con refinamiento.”

ACh: Esto que acaba de leer Rogelio, me lleva a otra cuestión que también me salto a la vista en tu novela. Este personaje que parece todo inofensivo está empeñado en escribir una historia sobre la maldad.

RS: La idea original ea escribir una novela sobre un personaje que se vuelve malo y que se dedica a justificar esa maldad, porque le pasan muchas cosas malas con chicas con las que intenta salir hasta que dice “como que la vida es para los malos y yo me voy a volver malo”. Así que quería crear un personaje que fuera malo, pero desidioso, inepto para la maldad; sí hacía cosas malas, pero al final acababa dándole flojera, porque para hacer el mal necesitas tener cierta iniciativa…  

RP: incluso hay un momento en la novela donde el personaje ya no puede ser peor porque ya le da hastío, dice “yo quería ser malo, pero ya no puedo…"

RS: Exactamente, porque necesitas mucha determinación y ni eso tiene. La idea original era hacer una novela sobre ese personaje y de repente me di cuenta de que se me empezaba a complicar y además, como les decía, estaba en un mal momento, en una enfermedad que me llevo a un bloqueo creativo y pues no lograba concluir esta novela. Entonces poco a poco fue surgiendo una nueva idea: que pasa si hago una novela de como un escritor quiere escribir esa novela, pero no puede (dije, eso va a ser más fácil porque por lo menos es lo que me está pasando y solo tengo que describirlo) y en efecto nunca se concluyó la novela del personaje malo, pero si la otra, es decir, la de como se escribió la novela del personaje malo. Esta novela que quedó, que es “Hablan despiertos” contiene los fragmentos que ya había escritor de la otra y lo que empezó a hacerse interesante fue la vida del personaje que la estaba escribiendo: un escritor que también está enfermo (obviamente tiene rasgos autobiográficos) y que ha sufrido una pérdida, su novia desapareció, y eso lo lleva a una crisis tal que empieza a hablar con los muertos y nunca sabes si son alucinaciones o no. 

RP: Precisamente es una de las partes más interesantes que quería comentar, lo bueno es que Ricardo solito comenzó a hablarles de gente loca que habla sola:

“ –No. La incompatibilidad absoluta entre ambos mundos se nota en que si la poesía suena a terapia es mala, malísima, espeluznante. Y si la terapia suena a poesía, el terapeuta no tardará mucho en acabar también viviendo en una vecindad pobre, usando siempre el mismo saco y bebiendo William Lawsońs para aliviar un poco las penurias de la pobreza y la locura. La terapia ama los conceptos vacíos como “crítica constructiva”, “superación personal”, “cultivar sueños”, “pensamiento positivo”, “la fuerza interior”. El poeta, en cambio, sufre un colapso nervioso cada vez que oye este tipo de léxico, y comienza a echar espuma por la boca y decir palabras pesadas como piedras para reemplazar aquellos infames vocablos. Grita, como poseso: “guerra, náusea, asco, volar, ¡volar!, el rayo sangriento de la luna, ¡pecado!, brillo que a consolar no alcanza, los muertos aún mendigan, quiero escarbar la tierra con los dientes / quiero apartar la tierra parte a parte / a dentelladas secas y calientes...” El terapeuta, querida señora Paredes Faber, hace lo posible por no ofenderte. El poeta agarra con su propia mano tu pus y te la embarra en la cara. Sí, el poeta es un poseso, un delirante alienado desvariado excéntrico disparatado imprudente degenerado ridículo, que exorciza. El terapeuta es un hombre bueno, sano y normal que, simplemente, puede acabar por enfermarte el alma si duras lo suficiente acudiendo a las sesiones.”

Aquí me saltan dos conceptos que creo que vale la pena recordar y que Ricardo señala como “términos vacíos”: “crítica constructiva”, “superación personal”, “cultivar sueños”, “pensamiento positivo” y “fuerza interior”; términos absolutamente vacíos.

RS: Esto es un diálogo entre el escritor y un personaje de la novela que está escribiendo, como parte de estas alucinaciones que comentaba antes. Este personaje es una señora, básicamente insoportable, a quien el otro personaje, el malo que no es tan malo, asesina; dice, dentro de lo malo de ser malo voy a escoger por lo menos gente insoportable, no voy a matar a cualquiera. La señora es una persona que tiene mucho dinero, todo le sale bien y para esa gente todo es positivo y todo es fácil: “yo nomás decreto y gano dinero”.  Esta discusión que tienen el escritor, que se llama Andrés, y la señora Paredes Fabre, que por cierto está inspirada en una clienta real que tuve cuando hacía jardines. La discusión se pone cada vez más apasionada, más acalorada sobre lo que el escritor llama “la terapia” versus “la poesía”. No digo que no haya que ir a terapia o que la terapia es mala, se refiere a cierto concepto de esa filosofía positiva, esa es la crítica. Hay que ir a terapia con un profesional no con un charlatán de esos que mezclan nociones científicas de “decretar”.

viernes, 26 de julio de 2024

Informe de regocijos


¿Para qué sirven los encuentros de escritores o literarios? No estoy hablando de los festivales literarios, ni de las ferias del libro, mucho menos de las presentaciones editoriales. Hablo de los eventos que son pensados, concebidos como puntos de encuentro para que los escritores podamos descubrirnos. Claro que en festivales, ferias y presentaciones tenemos la oportunidad de charlar con los colegas, escucharlos, nutrirnos de las experiencias que comparten y, en el mejor de los casos, adentrarnos un poco más en la literatura, dicha esta como el arte y oficio de escribir. 

Las experiencias que se obtienen en los eventos arriba descritos son distintos si uno es un lector o si además de lector (lo ideal es que los escritores lean, aunque no siempre pasa, por increible que parezca) uno se ocupa en el oficio de escribir; incluso, es posible que uno, siendo escritor, asista a una feria del libro como simple lector; entonces, según la identidad secreta con que nos aparezcamos en los aquelarres literarios, experimentaremos aristas distintas. 

Sin embargo, el caso de los “encuentros de escritores” tienen una intención qué va más allá de la promoción del libro o del fomento a la lectura. Claro que son una buena oportunidad para encargarse de promociones y fomentos, pero existe en ellos el oscuro conocimiento de que tal vez no asista publico lector, o al menos no mucho, dejando el camino libre para que los escritores participantes puedan compartir experiencias más profundas según las andanzas particulares frente a la hoja en blanco, la hechura escritural de un libro en particular, las rutas y los atajos para contar una historia, cómo construir a los personajes, cuáles han sido, o no, las experiencias en las que el autor se ha basado para su novela y cómo es que escribir un libro ha transformado al escritor. Esta urdimbre de milagros es el tesoro que uno espera descubrir al asistir a uno de estos encuentros.

Precisamente estos asombros ocurrieron durante el Segundo Encuentro Literario Agustín Ramos”, evento organizado por el poeta y editor tulancinguense Omar Roldán y que contó con el apoyo tanto de la sociedad civil (FUNHDAR y Studio Bar Karaoke) como de la autoridad municipal a través de la Dirección de Cultura de Tulancingo (lo cual significó una grata sorpresa) y que se desarrolló, durante dos días en el Foro de la Escuela José María Lezama convertido ya en parte de la infraestructura cultura y artística de la ciudad.

El detonante del encuentro es la figura de uno de los escritores hidalguenses más importantes y referenciales de la literatura mexicana: Agustín Ramos. Nacido en Tulancingo, ha sido un autor que ha dejado una huella importante con su obra, la cual sigue dando frutos. Poseedor de un estilo particular, punzante e incisivo para retratar la realidad y la historia de un país que se ha transformado lentamente, dando cada vez más, cabida a los reclamos sociales más urgentes y, en algunos casos, construyéndoles soluciones.

A lo largo de todo el encuentro, pudimos escuchar a Agustín leer fragmentos de tres de sus libros: “Al cielo por asalto”, “Ahora que me acuerdo” y “Sonar de letras”, con el complemento de explorar sus mecanismos literarios, anécdotas y el análisis personal que un autor puede hacer de sus propios libros a través del crisol del tiempo. Ramos, compartió con los asistentes (la mayoría éramos escritores) en un diálogo lejano a la cátedra, en su lugar charló con la confianza que da departir entre colegas, escuchando las preguntas, las opiniones y dando reveses que cada uno de nosotros pudo tomar, de manera individual, como consejos para observar en el trabajo literario que desarrollamos en este momento.

Pudimos además compartir las presentaciones y ponencias de una sustancial y relevante lista  de autores locales como fueron: Soledad Soto, Ana María Rueda Castro, Irma Morgado, Anuar Jonguitud, Martha Miranda, Juan Galván Paulin, Ricardo Luqueño y quien esto escribe. Además hubo tiempo de recitales musicales e incluso un rápido taller que algunos de los autores presentes tuvieron casi a escondidas con Galván Paulin, además de la visita inesperada de amigos como la editora Noemí Luna y el joven narrador Moisés Lozada.

Al final de cada día, el jolgorio pertinente, la celebración de lo dicho y lo escuchado, la camaradería y la oportunidad de conocer a los oficiantes más allá de la atribulada intimidad del escritorio de trabajo. Ahora que lo pienso bien, los encuentros de escritores son la otra cara de la moneda; más allá de la soledad del trabajo, la coincidencia con quienes compartimos camino y a quienes admiramos.