martes, 8 de julio de 2025
jueves, 17 de octubre de 2024
martes, 8 de octubre de 2024
martes, 1 de octubre de 2024
viernes, 27 de septiembre de 2024
“Hablan despiertos”, una charla a tres bandas 2/2
Por fin y tras varias semanas de retraso, les dejo la segunda parte de la charla que sostuvimos Ricardo Stern (RS), Rogelio Perusquía (RP) y quien esto escribe (ACh) durante la presentación de la novela “Hablan despiertos”, de Ricardo, en la FUL 37 en los postreros días de agosto.
ACh: En estas charlas que tiene de pronto el escritor con sus personajes, estos como desvaríos que va teniendo a lo largo de la historia, creo que hay como un estudio de la filosofía de la frustración. Durante una gran parte de la historia se percibe una gran frustración en el personaje principal, que lo va haciendo moverse sin que el logre, ni siquiera, ser un buen “frustrado”; se queda siempre en la medianía.
RP: incluso esto es un toque genial de la novela, no es un espoiler ni nada, le va a interesar a los lectores, como dice ACh, deja todo a medias… que hasta se suicida mal.
ACh: Ni siquiera logra suicidarse…
RS: Exacto, llega un momento en que como todo le sale mal que ya lo único que le queda es suicidarse y también le sale mal. Pero a partir de ahí, el personaje empieza a reaccionar y le mejora un poco la cosa.
RP: Lo bueno es que Ricardo dice que no es una novela muy problemática…
ACh: Hay un elemento técnico que me llama la atención, inicialmente como escritor, pero también como lector y el cual es que la historia trata de un escritor que está tratando de escribir una novela y de pronto estás leyendo fragmentos de esa novela, te pierdes en ellos, de pronto crees que es la novela en sí, pero es la novela dentro de la novela y luego hay un conjunto de cartas; es decir, hay muchas voces, que interactúan, pero que suenan distintas: ¿Qué tan difícil fue lograr esa polifonía?
RS: Pues tan difícil que esa sección de las cartas es la que más problemas me ha dado, y se acuerdan que hace rato les dije que la novela tuvo unos ajustes casi de última hora, pues esa fue una de las secciones que cambió. ¿De qué cartas estamos hablando? Pues esas cartas son parte de la novela dentro de la novela. El personaje malo, que se llama Claudio, que significa “lisiado” y el personaje está un poco lisiado, él decide volverse malo después de hacer muchos intentos de encontrar una pareja y que todo le sale mal, entonces se me ocurrió hacer esta sección para justificar ese cambio tan abrupto; son cartas que Claudio le escribe a todas esas mujeres; también por eso no ligaba porque anda escribiendo cartas, como si estuviera en el siglo XIX…
RP: Esta es una parte muy interesante del personaje porque, digamos, deja constancia de ser buena persona, en estas cartas también leemos un abandono de sí a la locura, es un mapa del alma del personaje…
RS: La idea es que sean progresivas y cada vez se va notando más su desesperación. Además lo “ghosteaban”, ni le contestaban las cartas o le daban respuestas escuetas y eso iba aumentando su frustración. Recuerden que no estamos hablando del protagonista de la novela, del escritor Andrés, sino del personaje de su novela Claudio. Y entonces va aumentando el tono. La parte que cambió fue la extensión de esta sección, creo que hacía que el lector acabara un poco harto de leer las cartas…
ACh: Pero lo que yo siento en esa sección, que está hacia el final de la novela, es que contagias al lector de la desesperación del personaje.
RS: Exacto, eso es lo que yo quería, en ese sentido creo que salió bien, pero tampoco se trata que estés sufriendo cuando lees: “¡Ay, otra carta de este cuate!”. Casi, casi, faltó que el libro trajera un “rascahuele” para que huelas el perfume de la carta, porque le ponían su perfume a cada carta. Estaría bien ese recurso técnico (ríe). Además de las cartas, también se redujeron unos discursos religiosos un poco largos del escritor Andrés, que por razones de la desesperación, intentan por el lado místico y en algún momento visita a un amigo en un monasterio y ahí se escuchan muchos discursos.
RP: De hecho Ricardo, a través de los personajes, se da la licencia de establecer un diálogo teológico entre el personaje y el encargado de un convento, son como tres o cuatro páginas que recomiendo ampliamente. Entre estos espacios Ricardo, que entre tantos oficios también es teólogo, crea diálogos entre los personajes para tocar algunos puntos muy importantes: “Sólo de noche y cuando llueve más, es más fácil deshacerse de los muertos de día, pero de día, yo soy el muerto.”
ACh: Esta es la parte que a mí me parece más filosófica, en la búsqueda del sentido de la vida. De cómo el pasado le permite, al personaje principal, por lo menos la introspección con el amigo del monasterio. Ahora que hablabas acerca de las condiciones en que escribiste la novela, es decir, es una novela sobre un escritor que está tratando de escribir una novela porque el que está escribiendo la novela tiene que cambiar la novela… ¡Eso es metaverso! ¡Hace once años! ¡Es metaliteratura!
RS: Soy un adelantado a mis tiempos (risas). Acuérdate que Cervantes también tiene metaliteratura: el Quijote habla del libro del Quijote. Incluso hay otra parte donde mencionan otra novela mía…
RP: ¿En el Quijote? No lo había notado, maestro (risas generalizadas).
RS: No, no. Aquí. Eso ya sería muy extraño: Cervantes me menciona, de pasadita, pero nadie se ha dado cuenta (risas). Estoy viejo, pero tampoco tanto. Pero eso de la metaliteratura si pasa en mi novela porque el escritor tiene un antiguo maestro, con quien a veces dialoga y le va mandando las partes que está escribiendo. Entonces en algún momento están discutiendo estos dos personajes y se menciona una novela mía anterior a esta, la de 2012… pero hablan mal de ella. Dicen: “No, es muy pretencioso ese autor, a mí no me gustó”. Hasta eso, lo dice el autor que es pretencioso, para que no sepas exactamente quien es el pretencioso, si lo soy yo o el personaje.
RP: Otros pasajes de la novela que son solamente, digamos, viñetas: “Puede el llanto tener ideas amarillas. Componer estrofas bien medidas y amarillas. Tomar un libro o un limón y esperar a que se hagan amarillas. (…) el pasado, que no es otra cosa sino sucesos ya puros, actos despojados de las vicisitudes de lo incierto, lo efímero y lo sujeto a la insípida regla de la prisa. Se comprenderá, pues, por qué estimaba yo ese reloj destartalado como mi mayor tesoro.”
ACh: Esta novela es muy exigente con el lector. No puedes distraerte o te pierdes, precisamente por los vericuetos de pensamiento, de introspección. ¿Esa era la intención?
RS: Sí. De pronto me sale el estilo, digamos, barroco, muy recargado, muy ornamentado. De las cinco novelas, dos tienen ese estilo barroco, muy lírico; las otras son más tranquilitas, con narraciones más convencionales. Esto fue escrito es un estado de ánimo muy abigarrado y por eso también la novela lo refleja. Es a propósito. Creo que busca, como dices, que el lector se desespere, se meta en esa situación y en ese estado de ánimo en que está el propio personaje.
Paso cebra
Demuestro nuevamente, mi falta de pericia para hacer cálculos. Lo que pensé que serían dos partes de esta Charla, debe convertirse en tres, para disfrutar plenamente y sin apuros, las reflexiones que estos tres seres dominados por el poder místico de la literatura hicimos sobre “Hablan despiertos”. Con seguridad, terminaremos la próxima semana con “otra segunda parte” (designarla como “tercera” evidenciaría mi torpeza) de esta deliciosa charla. Hasta entonces.
jueves, 26 de septiembre de 2024
miércoles, 25 de septiembre de 2024
martes, 24 de septiembre de 2024
jueves, 19 de septiembre de 2024
Programación de la 24 Feria del Libro infantil y Juvenil Hidalgo 2024, inicia mañana
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martes, 17 de septiembre de 2024
sábado, 14 de septiembre de 2024
lunes, 2 de septiembre de 2024
sábado, 31 de agosto de 2024
viernes, 30 de agosto de 2024
"Hablan despiertos", una charla a tres bandas 1/2
El pasado miércoles 28 de agosto se presentó en la FUL 37 la novela “Hablan despiertos” del escritor mexicano Ricardo Stern (RS); los comentarios corrieron a cargo del escritor hidalguense Rogelio Perusquía (RP) y quien esto escribe (ACh). A continuación la primera parte del condensado de esa charla.
ACh: Quisiera empezar por decir que tu novela “Hablan despiertos” me parece muy visual. Es entendible por tu oficio de hacer jardines. En ese sentido, la novela inicia con la descripción detallada delas habitaciones de un departamento. ¿Para ti, que peso tienen en la historia de una novela, los ambientes donde se sucede?
RS:Aparte de que estudié arquitectura del paisaje, porque efectivamente me gusta crear ambientes, a veces no solo en los libros, sino también en la realidad, esta novela nació en un ambiente específico, en un momento no muy bueno hace once años; como que después de una temporada en que me estaba yendo muy bien de pronto por una enfermedad se acabó todo eso y tuve que irme a vivir a un lugar horrible, donde además no cabían mis cosas y tuve que meterlas en un pequeño todas amontonadas. En ese habiente deprimente fue que comencé a escribir esta historia. Efectivamente la novela empieza con la descripción de un ambiente como en el que yo vivía y un personaje que de pronto aparece en este ambiente…
ACh: Que también está desordenado…
RS: Exacto, que también está desordenado y la novela es la idea de como va a ir buscando reducir ese desorden.
RP: De hecho, sobre esta historia, que es un entramado muy profundo donde la menor clave altera el destino del lector y de la historia, Ricardo se da algunas licencias para, a través de sus personajes, discutir sobre algunos temas interesantes. Por ejemplo, hay en este libro una discusión que me parece brillante sobre la violencia en la voz de un personaje:
“Otra variable, inservible y cerril, de la maldad es la violencia. Y mientras menos sangrienta, peor. Es decir, si se ha de ser violento, que sea hasta el fin, hasta lo más remoto. Dar unos grititos o usar palabras soeces y ofensivas es más bien ridículo. Pero he llegado a comprender que hasta el asesinato, incluso si se arrastrare el cuerpo de la víctima por toda la ciudad, en ese nivel de cólera antigua y noble del pelida Aquiles, es poca cosa. No deja de ser común, casi ordinario, eso de estar matando personas. Me habría gustado descubrirlo inmediatamente después de mi primer asesinato, pero no fue así. Tarde vine a comprenderlo. Me parecía, entonces, como cree la gente, que el homicidio es la culminación de la maldad. Primero, como todo novato, intentaba justificarlo, bien que fuera sólo estéticamente. No es tema nuevo el homicidio como acto bello, si se le despoja de todo elemento moral y se deja sólo la sangre, la escena en su conjunto, la mirada de la víctima, la solemnidad del momento, el tiempo que parece detenerse –y se detiene, de hecho–, el suspenso, y qué sé yo. Süskind encuentra una justificación interesante: preservar el aroma. Vale la pena matar a una mujer hermosa para preservar su perfume. Es hermoso, y, sin embargo, en cierta forma es tan genuina la justificación que de pronto desaparece la maldad del acto. Desde el punto de vista literario, es genial haber creado un personaje malo que no lo pareciese, pero, paradójicamente, al empañarse su mal- dad, comienza a parecerme menos interesante para la vida real. Pues si Grenuille buscaba el perfume puro, la esencia misma, yo también busco un acto de maldad pura. Pero con refinamiento.”
ACh: Esto que acaba de leer Rogelio, me lleva a otra cuestión que también me salto a la vista en tu novela. Este personaje que parece todo inofensivo está empeñado en escribir una historia sobre la maldad.
RS: La idea original ea escribir una novela sobre un personaje que se vuelve malo y que se dedica a justificar esa maldad, porque le pasan muchas cosas malas con chicas con las que intenta salir hasta que dice “como que la vida es para los malos y yo me voy a volver malo”. Así que quería crear un personaje que fuera malo, pero desidioso, inepto para la maldad; sí hacía cosas malas, pero al final acababa dándole flojera, porque para hacer el mal necesitas tener cierta iniciativa…
RP: incluso hay un momento en la novela donde el personaje ya no puede ser peor porque ya le da hastío, dice “yo quería ser malo, pero ya no puedo…"
RS: Exactamente, porque necesitas mucha determinación y ni eso tiene. La idea original era hacer una novela sobre ese personaje y de repente me di cuenta de que se me empezaba a complicar y además, como les decía, estaba en un mal momento, en una enfermedad que me llevo a un bloqueo creativo y pues no lograba concluir esta novela. Entonces poco a poco fue surgiendo una nueva idea: que pasa si hago una novela de como un escritor quiere escribir esa novela, pero no puede (dije, eso va a ser más fácil porque por lo menos es lo que me está pasando y solo tengo que describirlo) y en efecto nunca se concluyó la novela del personaje malo, pero si la otra, es decir, la de como se escribió la novela del personaje malo. Esta novela que quedó, que es “Hablan despiertos” contiene los fragmentos que ya había escritor de la otra y lo que empezó a hacerse interesante fue la vida del personaje que la estaba escribiendo: un escritor que también está enfermo (obviamente tiene rasgos autobiográficos) y que ha sufrido una pérdida, su novia desapareció, y eso lo lleva a una crisis tal que empieza a hablar con los muertos y nunca sabes si son alucinaciones o no.
RP: Precisamente es una de las partes más interesantes que quería comentar, lo bueno es que Ricardo solito comenzó a hablarles de gente loca que habla sola:
“ –No. La incompatibilidad absoluta entre ambos mundos se nota en que si la poesía suena a terapia es mala, malísima, espeluznante. Y si la terapia suena a poesía, el terapeuta no tardará mucho en acabar también viviendo en una vecindad pobre, usando siempre el mismo saco y bebiendo William Lawsońs para aliviar un poco las penurias de la pobreza y la locura. La terapia ama los conceptos vacíos como “crítica constructiva”, “superación personal”, “cultivar sueños”, “pensamiento positivo”, “la fuerza interior”. El poeta, en cambio, sufre un colapso nervioso cada vez que oye este tipo de léxico, y comienza a echar espuma por la boca y decir palabras pesadas como piedras para reemplazar aquellos infames vocablos. Grita, como poseso: “guerra, náusea, asco, volar, ¡volar!, el rayo sangriento de la luna, ¡pecado!, brillo que a consolar no alcanza, los muertos aún mendigan, quiero escarbar la tierra con los dientes / quiero apartar la tierra parte a parte / a dentelladas secas y calientes...” El terapeuta, querida señora Paredes Faber, hace lo posible por no ofenderte. El poeta agarra con su propia mano tu pus y te la embarra en la cara. Sí, el poeta es un poseso, un delirante alienado desvariado excéntrico disparatado imprudente degenerado ridículo, que exorciza. El terapeuta es un hombre bueno, sano y normal que, simplemente, puede acabar por enfermarte el alma si duras lo suficiente acudiendo a las sesiones.”
Aquí me saltan dos conceptos que creo que vale la pena recordar y que Ricardo señala como “términos vacíos”: “crítica constructiva”, “superación personal”, “cultivar sueños”, “pensamiento positivo” y “fuerza interior”; términos absolutamente vacíos.
RS: Esto es un diálogo entre el escritor y un personaje de la novela que está escribiendo, como parte de estas alucinaciones que comentaba antes. Este personaje es una señora, básicamente insoportable, a quien el otro personaje, el malo que no es tan malo, asesina; dice, dentro de lo malo de ser malo voy a escoger por lo menos gente insoportable, no voy a matar a cualquiera. La señora es una persona que tiene mucho dinero, todo le sale bien y para esa gente todo es positivo y todo es fácil: “yo nomás decreto y gano dinero”. Esta discusión que tienen el escritor, que se llama Andrés, y la señora Paredes Fabre, que por cierto está inspirada en una clienta real que tuve cuando hacía jardines. La discusión se pone cada vez más apasionada, más acalorada sobre lo que el escritor llama “la terapia” versus “la poesía”. No digo que no haya que ir a terapia o que la terapia es mala, se refiere a cierto concepto de esa filosofía positiva, esa es la crítica. Hay que ir a terapia con un profesional no con un charlatán de esos que mezclan nociones científicas de “decretar”.
jueves, 29 de agosto de 2024
lunes, 26 de agosto de 2024
"Transeúnte solitario" se presenta en la FUL 37 este martes 27 de agosto
domingo, 25 de agosto de 2024
sábado, 24 de agosto de 2024
viernes, 23 de agosto de 2024
Una manzana en trozos o la poesía de Sebastián Montiel
Hace unos días durante un taller de modernidad poética en el que participo como estudiante, atribuí al poeta equivocado unos versos muy conocidos: “Hoy me gusta la vida mucho menos, / pero siempre me gusta vivir. / Ya lo decía.” En un principio creí que eran de Benedetti, tras dudarlo un momento aseguré que eran del chiapaneco Sabines. El lector sabrá disculpar la pifia literaria que cometí y la cual tarde varios días en identificar; los versos pertenecen al gran César Vallejo. Sin embargo, confundir esos versos, que son algunos de mis favoritos sobra decir, tienen como origen que es la vida y la condición en que la vivimos los poetas, el lei motiv primigenio de la creación poética. Desde el ya mencionado Vallejo, pasando por Pessoa, Whitman, Baudelaire, y un largo etc., los poetas se muestran como seres heridos de realidad, enfrentados, en una dualidad que toca en la otra orilla la fascinación, con la época que les ha tocado vivir.
Caída tras caída / Me iba doblegando / como una planta marchita / por la sequía de la desesperación.
Por tanto Sebastián Montiel se manifiesta como un poeta en esa estirpe esencial da cuenta de su propia lucha, que en su caso, tiene dos frentes, el mundo que le rodea, y la particular condición física que le ha determinado en ese mundo. Abordo primero las batallas con el exterior.
(…) soplamos al invento de las discordias de las leyes cotidianas / y unos a los otros se arraigan en la quejumbre (…)
Sin ser el rasgo principal, me alegra encontrar en este nuevo poemario la crítica propia de quien no se encuentra agusto en el mundo, rasgo inequívoco del artista, que determina el carácter de rebeldía que todo escritor debe de portar como arma de cargo; es la necesidad de transformar la realidad que despreciamos en el arte que nos haga reflexionar.
Los aludidos van por ahí, / convenciendo votos a cambio de promesas; en la hielera, los afluentes del gentío.
Pero el enfrentamiento con el mundo “de afuera” parte de su contemplación, de la influencia que provoca en nuestros sentidos, en la experiencia vivida que tenemos de aquello que nos toca, que nos seduce el paisaje; a más pura usanza del poeta ingenuo de Schiller, no entendido como el vate bobalicón, por el contrario, aquel que ha quedado atrapado en el poder de la naturaleza y desata a partir de ella sus pensamientos y sus emociones.
(…) mi rostro en aquel día de campo / con el viento que me hacía de nuevo compañía / moviendo en sinfonía las copas de los árboles.
La noche se despedaza en sus riberas / cuando la marea se eleva en un instante, / y la luna / lame / un trozo de océano.
Es aquello que conmueve al poeta el punto de partida para hablar de la divinidad, por un lado del poeta como creador absoluto de su poema, donde impone las lindes de lo imaginado y lo vivido, por otro lado, la presencia indescriptible y permanente del creador de todo lo conocido y por conocer, como el alter ego de quien busca la liberta en lo que escribe.
(…) alguien mostró su silueta / lo sentía a mi lado, / tocaba su mano / y estaba todo en calma, / no quería despertar, / ligero yacía / como un pájaro en vuelo.
Esa conciencia de la fragilidad propia es el punto donde las visiones del universo exterior e interior se encuentran. En este su segundo poemario, Sebastián alza la voz como quien ha encontrado el sonido perfecto para su alma, el sonido de los versos que son dictados a la conciencia desde un lugar remoto para ser transformados con la voz interior que nos acompaña en todo momento, permitiéndonos a los poetas narrar las cicatrices que nos custodian de por vida.
Estoy bien adaptado a ese cuerpo sin control preciso, / Aunque a veces, me rebelo / como si fuéramos tigres / combatiéndonos a garras por el pantano sosegado
El poeta Montiel ha descubierto que cada poema es una declaración ideológica, sentimental de aquello en que cree y en lo que ha fundado la religión de la resistencia y la resiliencia como proverbios inherentes de la discapacidad motora que lo apresa, sabiendo con certeza que alzar la voz, alzar el verso, es la única manera de vencer y conquistar la vida plena.
Retoma las pancartas del manifiesto / corriendo en las arterias del tiempo; / no pares, no pares / que a los alevosos segundos les vale.
En estos Manifiestos, Sebastián Montiel se confirma como un poeta de cepa, uno de los jóvenes autores que más busca el oficio y que en esa pesquisa desbordad comienza a labrar un estilo y su arte poética, la manera en que mira la poesía como forma de expresión, pero también como forma de vida, la vida del poeta que no se da tregua para nombrar la belleza.
Un buen día / y el poema / enmarca su fin / al crepúsculo.
Pero las palabras que este poeta va labrando tiene como telón la soledad y el silencio, estancias imprescindibles para aquel que se sabe acompañado en las letras; el del poeta es un oficio ingrato, requiere intimidad para forjarse y compañía para esparcirse, la compañía de los lectores que descubrirán sus palabras en la mudez de estas páginas parlantes.
Te veo desde la ausencia del ruido, // ingiero un sabor de calma / que va deslizándose / como un anfibio sin ojos / en mi garganta (…)
Este poeta lo es no sólo por el estilo que ha elegido para expresarse (o es el estilo quien elige al autor, eso dicen los que saben), este autor que hoy nos convoca es poeta porque conserva en su decir los temas esenciales desde que el primer verso se escribió en el planeta: el amor, la pasión, el olvido, pero también la ciudad y la noche.
Noche sin palabras, retumbante, / como la melancolía tormentosa; / submarinos que nos advierten / de las corrientes sin censura.
El dolor parece permanentemente en sus versos. Ese dolor físico que se soporta por el dolor del alma, de un corazón maltrecho de rechazo, de la indeferencia y del desprecio que el mundo tiene por los poetas y por aquellos seres de condición aparentemente frágil, distinta, amenazante.
Dejo caer el sufrimiento / en el blanco trino del violín (…)
Las cinco partes en que está dividido este poemario son también una alegoría poética, la cual está confirmada en uno de los poemas de la colección. Tal vez el poeta no fue consciente y no se percató de que en el poema Manzana verde estaba describiendo sus afanes y la intención oculta en ellos. No me extraña que estos versos no revelaran su naturaleza premonitoria ante sus ojos; es suele ocurrir en un libro que adquiere vida propia y se le escapa de las manos a quien lo escribe.
El tiempo toma un trozo, me hace compañía. / Cae en el piso un trozo, un perro viene y lo devora. / Un pájaro llega a la ventana de la cocina, y le invito un trozo. / Mi madre se come un trozo, ni la vi. / Una niña pelirroja toma un trozo, y se va al colegio. / Trozo, te encontré en un amuleto y te comí.
Los poemas de Sebastián Montiel son trozos que se escabullen en el tiempo, que alcanzan al más distraído y lo acompañan sigilosamente, que apabullan con su sabor y su olor, es decir con su belleza, y que al fin de cuentas logran su cometido: que los manifiestos nos alcancen a todos, nos llenen de sabiduría y nos lleven a un lugar donde pertenecer, como la manzana del paraíso, como la manzana que comí esta mañana antes de salir de casa.
Van y vienen los manifiestos; / se estacionan en todas partes, / rompen silencios, / se destrozan en adyacencias, / vuelan y saltan / de patria en patria.

