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viernes, 17 de enero de 2025

Garibay, 102 años

Hace algún tiempo, reflexionaba en este espacio, por dónde empezar a leer a un escritor, por cuál de sus libros quiero decir. En aquel momento la reflexión surgía cuando abordaba a uno de los grandes novelistas de la literatura mexicana, el hidalguense Agustín Ramos. La cuestión es complicada cuando el escritor en cuestión continúa produciendo y llegaba a la conclusión de que se debía iniciar con el libro que se nos cruzara por el camino; la literatura está llena de milagros y estoy convencido de que toparnos con un libro en específico en un momento determinado resulta en una epifanía que no debemos dejar pasar.

En el caso de un escritor ya fallecido, el rumbo de nuestras pesquisas resulta menos incierto. Sobre todo si la relevancia de la obra de ese autor ha merecido unas obras completas o al menos una antología. Ese es el caso de Ricardo Garibay.

Cómo muchos saben Garibay nació en Tulancingo el dieciocho de enero de mil novecientos veintitrés. Pronto su familia se estableció en Ciudad de México y posteriormente el propio Ricardo se afincó en Cuernavaca hasta sus últimos días.

La obra de Garibay es muy vasta, suficiente para que las obras completas, publicadas por el gobierno de Hidalgo y editorial Océano en 2002, merecieran diez tomos de tamaño considerable cada uno y para navegar, con viento en popa, por el cuento, la novela, el testimonio, el teatro, el guion cinematográfico y el periodismo. Esa colección es una especie de mapamundi definitivo que podemos extender frente a nosotros y tomarlo como referencia para abordar una de las obras más importantes de la literatura mexicana del siglo XX; una que se ha vuelto un canon, me atrevería a decir. 

Se sabe de su constancia en el oficio de leer y de su exigencia, implacable diría yo, en el oficio de escribir. Ante todo, don Ricardo era un lector que entregado al disfrute del idioma, un explorador de las palabras que desarrolló una facilidad envidiable para reproducir el habla popular de distintas regiones del país según sus personajes se lo exigieran. Puntilloso, apasionado, entregado en cuerpo y alma al ejercicio de escribir, buscó a toda costa la manera de vivir sin distraerse de su oficio con trabajos mundanos. Aun así, se encargó de encomiendas burocráticas en dependencias como la SCT, Canal 13 y la SEP; encontrando en cada lugar una forma de hacer literatura, escribiendo o hablando de ella. Son famosos sus espacios televisivos, en IMEVISION, la televisión de Morelos y Radio y Televisión de Hidalgo, donde acompañado de diversos intelectuales que escudriñaban todo tipo de temas literarios y por ende, de la vida misma. De los programas que se transmitieron en el canal 3 pachuqueño, existe un volumen espléndido que recoge algunas de esas charlas y que es autoría del arquitecto Luis Corrales Vivar-Cravioto; se llama “Diálogos hidalguenses”.

Quienes tuvieron con él un trato de amistad le recuerdan siempre como un caballero, aun cuando era conocido su carácter reacio, altanero, avasallador. Hacía sus últimos años de vida la exasperación llegaba más pronto que tarde y prefería recluirse en su soledad contenida en su estudio. Hay dos libros más que quisiera mencionar. El primero es “Sendas de Garibay” del escritor y editor Ricardo Venegas, se trata una colección de ensayos, anécdotas y entrevistas que Venegas fue construyendo en múltiples visitas al insigne escritor allá por la década de los noventa. El segundo se titula “Señor mío y Dos mío / Ricardo Garibay: La fiera inteligencia”, obra de Alejandra Atala que da cuenta de los últimos días de la vida de Garibay y de los primeros de la eternidad de Garibay; en una especie de diario Alejandra reflexiona sobre la presencia de don Ricardo en su vida intelectual y personal.

La autenticidad de Garibay le granjeó un sinnúmero de enemistades en el ámbito literario, a lo que se le achaca el escatimo de premios que merecía su pluma. Sin embargo, en lo que va de este siglo, por fortuna, su obra se ha revalorado y ha encontrado nuevos caminos para llegar a las manos de los lectores jóvenes; camino ideal para que el pensamiento de un hombre como Garibay, perdure en el tiempo.

Paso cebra

Este sábado 18 de enero, estaré en la ciudad de Tulancingo con el honor de compartir mesa de conferencia con el querido y admirado Agustín Ramos; ambos hablaremos, desde la perspectiva personal, de la obra de Ricardo Garibay. La cita es a partir de las 4 de la tarde en el Centro Cultural que lleva el nombre del ilustre autor de “Beber un cáliz”. Ojalá que puedan acompañarnos. Nada es mejor para la memoria de un escritor que sus lectores se encuentren y le lean.

viernes, 27 de diciembre de 2024

El penoso deber de mirar caer a los héroes


Hay quien opina que nunca deberíamos atestiguar la caída de nuestros héroes. Sin embargo, al pasar de los años, la falibilidad de aquellos que admiramos otorga una dimensión distinta a nuestra propia manera de ver las cosas, a perspectiva y en directo; una sensación de desolación mezclada con un poco de satisfacción de haber cumplido la difícil tarea del deponente de una desgracia. Esa sensación de desamparo me ha acogido durante la lectura de “La ciudad y sus muros inciertos” la más reciente novela del japones Haruki Murakami y, aunque mi objetivo principal como reseñista es el de contagiar el entusiasmo que me ha provocado la lectura de algún libro (procuro no escribir sobre libros que no me gustaron), la relación de amistad literaria que me une con el autor de hoy me obliga.

Mi relación lector-escritor con Murakami no tiene ni diez años. Fue en dos mil quince cuando leí con avidez una novela de la que había escuchado muy buenos comentarios: “Tokio Blues”. En cinco días repartidos entre aquel diciembre y su subsecuente enero, descubrí un autor cautivante con una historia que, un poco más, un poco menos, hablaba de un trozo de mi propia juventud. A partir de esa epifanía fui explorando ya un total de catorce libros hasta el chasco de la semana pasada. Falta decir que en esas lecturas repartidas en los últimos nueve años incorporé al menos tres libros a mi lista de preferencias personales: “Los años de peregrinación del chico sin color” (la que considero la mejor novela de Murakami y de la que estuve hablando ayer en un café con mi querido y viejo amigo Arnulfo Islas), “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” y “De qué hablo cuando hablo de correr”.

Sin embargo, la lectura de “La ciudad…” fue verdaderamente agonizate. Ya desde los dos títulos anteriores, “La muerte del comendador” (tomo I y tomo II) y el libro de cuentos “Primera persona del singular”, Murakami comenzó a perder el brío que le caracteriza como autor. En “La muerte del…” pude ver a un escritor que dilataba demasiado las escenas, que se aburría en los ambientes descritos y por momentos divagaba en reflexiones que ya habíamos abordado páginas atrás; mientras que en “Primera persona…” se apareció como un autor ávido de entregar el libro a la editorial sin haberlo concluido del todo; cuentos aparentemente sin terminar, pues. El resabio perduró, pero no fue determinante para que, como ferviente lector de Murakami, no le diera la oportunidad a la nueva novela.

“La ciudad…” tropieza desde el principio develando el detonante narrativo de la historia: la relación amorosa (a un nivel platónico) que engarza las vidas de un joven y una joven en la adolescencia y la cual será resuelta al paso del tiempo, en la adultez. Este argumento resulta repetitivo en relación a otras novelas del japones (como “Tokio…” y “Los años de peregrinación…”, por citar sólo dos), sin embargo hasta ese punto podría ser una propuesta, que, aunque conocida por sus lectores, se resolviese de manera novedosa en cuando a sus libros anteriores. Sin embargo, la esperanza dura poco cuando a la historia Murakami le adosa un mundo de fantasía donde el adorno principal son unicornios salvajes, pero gradualmente domesticados (vaya contradicción). Aun cuando el autor nos ha presentado historias oníricas o incluso inmersas en la fantasía (pienso en los misteriosos sueños eróticos que navegan por “Crónica del pájaro…” y los personajes de pinturas tradicionales que cobran vida en “La muerte…”), todas habían sido cuidadas con la quirúrgica manera en que un escritor va surciendo, de manera oculta, el interior de una historia que nos resulta verosímil; característica imprescindible, esta última, para que el lector se quede. A partir de ahí, hablo de las primeras veinte páginas, la novela tropieza con todo lo que encuentra y va aflojando la cuerda con que se sostiene la atención de un lector hasta dejarlo caer por la borda a un mar enrarecido de más de quinientas páginas. Una verdadera lástima.

Esta experiencia lectora me recuerdo algo que leí en el muro de un colega, parafraseando, “Lo que importa son los libros, no los autores que tanto se ensalzan”. Es cierto. Aun cuando uno recurre a autores que ha disfrutado como una apuesta segura, ninguno es infalible y pude darnos con una chanada en las narices (como por ejemplo, “Memoria de mis putas tristes” del Gabo), presentando libros no tan buenos como los anteriores o los que nos han gustado; es natural que un autor tenga altibajos en su obra, sobre todo si ha sido prolífica. Y aunque no ocurre en todos los casos, a veces los libros postreros de un autor van perdiendo el lustre de los primeros. En el caso de Murakami la tendencia es en picada. 

Paso cebra

Esta es la última columna del año. Gracias por su lectura semanal y permanente. Deseo de corazón que los anhelos que le rodean a usted y los suyos, sean cumplidos. Nos leemos en el 2025.

viernes, 27 de septiembre de 2024

“Hablan despiertos”, una charla a tres bandas 2/2

Por fin y tras varias semanas de retraso, les dejo la segunda parte de la charla que sostuvimos Ricardo Stern (RS), Rogelio Perusquía (RP) y quien esto escribe (ACh) durante la presentación de la novela “Hablan despiertos”, de Ricardo, en la FUL 37 en los postreros días de agosto.

 ACh: En estas charlas que tiene de pronto el escritor con sus personajes, estos como desvaríos que va teniendo a lo largo de la historia, creo que hay como un estudio de la filosofía de la frustración. Durante una gran parte de la historia se percibe una gran frustración en el personaje principal, que lo va haciendo moverse sin que el logre, ni siquiera, ser un buen “frustrado”; se queda siempre en la medianía.

RP: incluso esto es un toque genial de la novela, no es un espoiler ni nada, le va a interesar a los lectores, como dice ACh, deja todo a medias… que hasta se suicida mal.

ACh: Ni siquiera logra suicidarse…

RS: Exacto, llega un momento en que como todo le sale mal que ya lo único que le queda es suicidarse y también le sale mal. Pero a partir de ahí, el personaje empieza a reaccionar y le mejora un poco la cosa. 

RP: Lo bueno es que Ricardo dice que no es una novela muy problemática…

ACh: Hay un elemento técnico que me llama la atención, inicialmente como escritor, pero también como lector y el cual es que la historia trata de un escritor que está tratando de escribir una novela y de pronto estás leyendo fragmentos de esa novela, te pierdes en ellos, de pronto crees que es la novela en sí, pero es la novela dentro de la novela y luego hay un conjunto de cartas; es decir, hay muchas voces, que interactúan, pero que suenan distintas: ¿Qué tan difícil fue lograr esa polifonía?

RS: Pues tan difícil que esa sección de las cartas es la que más problemas me ha dado, y se acuerdan que hace rato les dije que la novela tuvo unos ajustes casi de última hora, pues esa fue una de las secciones que cambió. ¿De qué cartas estamos hablando? Pues esas cartas son parte de la novela dentro de la novela. El personaje malo, que se llama Claudio, que significa “lisiado” y el personaje está un poco lisiado, él decide volverse malo después de hacer muchos intentos de encontrar una pareja y que todo le sale mal, entonces se me ocurrió hacer esta sección para justificar ese cambio tan abrupto; son cartas que Claudio le escribe a todas esas mujeres; también por eso no ligaba porque anda escribiendo cartas, como si estuviera en el siglo XIX…

RP: Esta es una parte muy interesante del personaje porque, digamos, deja constancia de ser buena persona, en estas cartas también leemos un abandono de sí a la locura, es un mapa del alma del personaje…

RS: La idea es que sean progresivas y cada vez se va notando más su desesperación. Además lo “ghosteaban”, ni le contestaban las cartas o le daban respuestas escuetas y eso iba aumentando su frustración. Recuerden que no estamos hablando del protagonista de la novela, del escritor Andrés, sino del personaje de su novela Claudio. Y entonces va aumentando el tono. La parte que cambió fue la extensión de esta sección, creo que hacía que el lector acabara un poco harto de leer las cartas…

ACh: Pero lo que yo siento en esa sección, que está hacia el final de la novela, es que contagias al lector de la desesperación del personaje. 

RS: Exacto, eso es lo que yo quería, en ese sentido creo que salió bien, pero tampoco se trata que estés sufriendo cuando lees: “¡Ay, otra carta de este cuate!”. Casi, casi, faltó que el libro trajera un “rascahuele” para que huelas el perfume de la carta, porque le ponían su perfume a cada carta. Estaría bien ese recurso técnico (ríe). Además de las cartas, también se redujeron unos discursos religiosos un poco largos del escritor Andrés, que por razones de la desesperación, intentan por el lado místico y en algún momento visita a un amigo en un monasterio y ahí se escuchan muchos discursos.

RP: De hecho Ricardo, a través de los personajes, se da la licencia de establecer un diálogo teológico entre el personaje y el encargado de un convento, son como tres o cuatro páginas que recomiendo ampliamente. Entre estos espacios Ricardo, que entre tantos oficios también es teólogo, crea diálogos entre los personajes para tocar algunos puntos muy importantes: “Sólo de noche y cuando llueve más, es más fácil deshacerse de los muertos de día, pero de día, yo soy el muerto.”

ACh: Esta es la parte que a mí me parece más filosófica, en la búsqueda del sentido de la vida. De cómo el pasado le permite, al personaje principal, por lo menos la introspección con el amigo del monasterio. Ahora que hablabas acerca de las condiciones en que escribiste la novela, es decir, es una novela sobre un escritor que está tratando de escribir una novela porque el que está escribiendo la novela tiene que cambiar la novela… ¡Eso es metaverso! ¡Hace once años! ¡Es metaliteratura!

RS: Soy un adelantado a mis tiempos (risas). Acuérdate que Cervantes también tiene metaliteratura: el Quijote habla del libro del Quijote. Incluso hay otra parte donde mencionan otra novela mía…

RP: ¿En el Quijote? No lo había notado, maestro (risas generalizadas).

RS: No, no. Aquí. Eso ya sería muy extraño: Cervantes me menciona, de pasadita, pero nadie se ha dado cuenta (risas). Estoy viejo, pero tampoco tanto. Pero eso de la metaliteratura si pasa en mi novela porque el escritor tiene un antiguo maestro, con quien a veces dialoga y le va mandando las partes que está escribiendo. Entonces en algún momento están discutiendo estos dos personajes y se menciona una novela mía anterior a esta, la de 2012… pero hablan mal de ella. Dicen: “No, es muy pretencioso ese autor, a mí no me gustó”. Hasta eso, lo dice el autor que es pretencioso, para que no sepas exactamente quien es el pretencioso, si lo soy yo o el personaje. 

RP: Otros pasajes de la novela que son solamente, digamos, viñetas: “Puede el llanto tener ideas amarillas. Componer estrofas bien medidas y amarillas. Tomar un libro o un limón y esperar a que se hagan amarillas. (…) el pasado, que no es otra cosa sino sucesos ya puros, actos despojados de las vicisitudes de lo incierto, lo efímero y lo sujeto a la insípida regla de la prisa. Se comprenderá, pues, por qué estimaba yo ese reloj destartalado como mi mayor tesoro.”

ACh: Esta novela es muy exigente con el lector. No puedes distraerte o te pierdes, precisamente por los vericuetos de pensamiento, de introspección. ¿Esa era la intención?

RS: Sí. De pronto me sale el estilo, digamos, barroco, muy recargado, muy ornamentado. De las cinco novelas, dos tienen ese estilo barroco, muy lírico; las otras son más tranquilitas, con narraciones más convencionales. Esto fue escrito es un estado de ánimo muy abigarrado y por eso también la novela lo refleja. Es a propósito. Creo que busca, como dices, que el lector se desespere, se meta en esa situación y en ese estado de ánimo en que está el propio personaje.

Paso cebra

Demuestro nuevamente, mi falta de pericia para hacer cálculos. Lo que pensé que serían dos partes de esta Charla, debe convertirse en tres, para disfrutar plenamente y sin apuros, las reflexiones que estos tres seres dominados por el poder místico de la literatura hicimos sobre “Hablan despiertos”. Con seguridad, terminaremos la próxima semana con “otra segunda parte” (designarla como “tercera” evidenciaría mi torpeza) de esta deliciosa charla. Hasta entonces.

viernes, 30 de agosto de 2024

"Hablan despiertos", una charla a tres bandas 1/2


El pasado miércoles 28 de agosto se presentó en la FUL 37 la novela “Hablan despiertos” del escritor mexicano Ricardo Stern (RS); los comentarios corrieron a cargo del escritor hidalguense Rogelio Perusquía (RP) y quien esto escribe (ACh). A continuación la primera parte del condensado de esa charla.

ACh: Quisiera empezar por decir que tu novela “Hablan despiertos” me parece muy visual. Es entendible por tu oficio de hacer jardines. En ese sentido, la novela inicia con la descripción detallada delas habitaciones de un departamento. ¿Para ti, que peso tienen en la historia de una novela, los ambientes donde se sucede?

RS:Aparte de que estudié arquitectura del paisaje, porque efectivamente me gusta crear ambientes, a veces no solo en los libros, sino también en la realidad, esta novela nació en un ambiente específico, en un momento no muy bueno hace once años; como que después de una temporada en que me estaba yendo muy bien de pronto por una enfermedad se acabó todo eso y tuve que irme a vivir a un lugar horrible, donde además no cabían mis cosas y tuve que meterlas en un pequeño todas amontonadas. En ese habiente deprimente fue que comencé a escribir esta historia. Efectivamente la novela empieza con la descripción de un ambiente como en el que yo vivía y un personaje que de pronto aparece en este ambiente…

ACh: Que también está desordenado…

RS: Exacto, que también está desordenado y la novela es la idea de como va a ir buscando reducir ese desorden.

RP: De hecho, sobre esta historia, que es un entramado muy profundo donde la menor clave altera el destino del lector y de la historia, Ricardo se da algunas licencias para, a través de sus personajes, discutir sobre algunos temas interesantes. Por ejemplo, hay en este libro una discusión que me parece brillante sobre la violencia en la voz de un personaje:

“Otra variable, inservible y cerril, de la maldad es la violencia. Y mientras menos sangrienta, peor. Es decir, si se ha de ser violento, que sea hasta el fin, hasta lo más remoto. Dar unos grititos o usar palabras soeces y ofensivas es más bien ridículo. Pero he llegado a comprender que hasta el asesinato, incluso si se arrastrare el cuerpo de la víctima por toda la ciudad, en ese nivel de cólera antigua y noble del pelida Aquiles, es poca cosa. No deja de ser común, casi ordinario, eso de estar matando personas. Me habría gustado descubrirlo inmediatamente después de mi primer asesinato, pero no fue así. Tarde vine a comprenderlo. Me parecía, entonces, como cree la gente, que el homicidio es la culminación de la maldad. Primero, como todo novato, intentaba justificarlo, bien que fuera sólo estéticamente. No es tema nuevo el homicidio como acto bello, si se le despoja de todo elemento moral y se deja sólo la sangre, la escena en su conjunto, la mirada de la víctima, la solemnidad del momento, el tiempo que parece detenerse –y se detiene, de hecho–, el suspenso, y qué sé yo. Süskind encuentra una justificación interesante: preservar el aroma. Vale la pena matar a una mujer hermosa para preservar su perfume. Es hermoso, y, sin embargo, en cierta forma es tan genuina la justificación que de pronto desaparece la maldad del acto. Desde el punto de vista literario, es genial haber creado un personaje malo que no lo pareciese, pero, paradójicamente, al empañarse su mal- dad, comienza a parecerme menos interesante para la vida real. Pues si Grenuille buscaba el perfume puro, la esencia misma, yo también busco un acto de maldad pura. Pero con refinamiento.”

ACh: Esto que acaba de leer Rogelio, me lleva a otra cuestión que también me salto a la vista en tu novela. Este personaje que parece todo inofensivo está empeñado en escribir una historia sobre la maldad.

RS: La idea original ea escribir una novela sobre un personaje que se vuelve malo y que se dedica a justificar esa maldad, porque le pasan muchas cosas malas con chicas con las que intenta salir hasta que dice “como que la vida es para los malos y yo me voy a volver malo”. Así que quería crear un personaje que fuera malo, pero desidioso, inepto para la maldad; sí hacía cosas malas, pero al final acababa dándole flojera, porque para hacer el mal necesitas tener cierta iniciativa…  

RP: incluso hay un momento en la novela donde el personaje ya no puede ser peor porque ya le da hastío, dice “yo quería ser malo, pero ya no puedo…"

RS: Exactamente, porque necesitas mucha determinación y ni eso tiene. La idea original era hacer una novela sobre ese personaje y de repente me di cuenta de que se me empezaba a complicar y además, como les decía, estaba en un mal momento, en una enfermedad que me llevo a un bloqueo creativo y pues no lograba concluir esta novela. Entonces poco a poco fue surgiendo una nueva idea: que pasa si hago una novela de como un escritor quiere escribir esa novela, pero no puede (dije, eso va a ser más fácil porque por lo menos es lo que me está pasando y solo tengo que describirlo) y en efecto nunca se concluyó la novela del personaje malo, pero si la otra, es decir, la de como se escribió la novela del personaje malo. Esta novela que quedó, que es “Hablan despiertos” contiene los fragmentos que ya había escritor de la otra y lo que empezó a hacerse interesante fue la vida del personaje que la estaba escribiendo: un escritor que también está enfermo (obviamente tiene rasgos autobiográficos) y que ha sufrido una pérdida, su novia desapareció, y eso lo lleva a una crisis tal que empieza a hablar con los muertos y nunca sabes si son alucinaciones o no. 

RP: Precisamente es una de las partes más interesantes que quería comentar, lo bueno es que Ricardo solito comenzó a hablarles de gente loca que habla sola:

“ –No. La incompatibilidad absoluta entre ambos mundos se nota en que si la poesía suena a terapia es mala, malísima, espeluznante. Y si la terapia suena a poesía, el terapeuta no tardará mucho en acabar también viviendo en una vecindad pobre, usando siempre el mismo saco y bebiendo William Lawsońs para aliviar un poco las penurias de la pobreza y la locura. La terapia ama los conceptos vacíos como “crítica constructiva”, “superación personal”, “cultivar sueños”, “pensamiento positivo”, “la fuerza interior”. El poeta, en cambio, sufre un colapso nervioso cada vez que oye este tipo de léxico, y comienza a echar espuma por la boca y decir palabras pesadas como piedras para reemplazar aquellos infames vocablos. Grita, como poseso: “guerra, náusea, asco, volar, ¡volar!, el rayo sangriento de la luna, ¡pecado!, brillo que a consolar no alcanza, los muertos aún mendigan, quiero escarbar la tierra con los dientes / quiero apartar la tierra parte a parte / a dentelladas secas y calientes...” El terapeuta, querida señora Paredes Faber, hace lo posible por no ofenderte. El poeta agarra con su propia mano tu pus y te la embarra en la cara. Sí, el poeta es un poseso, un delirante alienado desvariado excéntrico disparatado imprudente degenerado ridículo, que exorciza. El terapeuta es un hombre bueno, sano y normal que, simplemente, puede acabar por enfermarte el alma si duras lo suficiente acudiendo a las sesiones.”

Aquí me saltan dos conceptos que creo que vale la pena recordar y que Ricardo señala como “términos vacíos”: “crítica constructiva”, “superación personal”, “cultivar sueños”, “pensamiento positivo” y “fuerza interior”; términos absolutamente vacíos.

RS: Esto es un diálogo entre el escritor y un personaje de la novela que está escribiendo, como parte de estas alucinaciones que comentaba antes. Este personaje es una señora, básicamente insoportable, a quien el otro personaje, el malo que no es tan malo, asesina; dice, dentro de lo malo de ser malo voy a escoger por lo menos gente insoportable, no voy a matar a cualquiera. La señora es una persona que tiene mucho dinero, todo le sale bien y para esa gente todo es positivo y todo es fácil: “yo nomás decreto y gano dinero”.  Esta discusión que tienen el escritor, que se llama Andrés, y la señora Paredes Fabre, que por cierto está inspirada en una clienta real que tuve cuando hacía jardines. La discusión se pone cada vez más apasionada, más acalorada sobre lo que el escritor llama “la terapia” versus “la poesía”. No digo que no haya que ir a terapia o que la terapia es mala, se refiere a cierto concepto de esa filosofía positiva, esa es la crítica. Hay que ir a terapia con un profesional no con un charlatán de esos que mezclan nociones científicas de “decretar”.

jueves, 15 de agosto de 2024

Inicia preventa del libro "Transeúnte solitario [crestomatía periodística]"

¡Inicia la preventa!



Queridos amigo,


Hoy iniciamos con la preventa de mi nuevo libro: Transeúnte solitario [crestomatía periodística].

Se trata de una selección representativa de 21 años de estar escribiendo mi columna semanal con temas relacionados con el arte y la cultura. El libro incluye entrevistas, semblanzas, crónicas, opinión y reseñas de libros, música y arte. 

Dentro paran encontrar textos racionados con autores hidalguenses como: 


Gonzalo Martré

Ignacio Rejo Fuentes

Efrén Rebolledo

Arturo Trejo Fuentes

Agustín Ramos

Yanira García

Omar Roldán

Aidée Cervantes Chapa

Agustín Cadena

Xiko Jaen

Venancio Neria

Alfonso Valencia

Rafael Tiburcio García

América Femat

Octavo Jimenez

José Antonio Zambrano

María Elena Ortega

Jorge Antonio García Pérez

Ignacio Rodríguez Galván

María Ruiz

Federico Arana

Christian Negrete

Diego Castillo

Hans Giébe

Daniel Olivares Viniegra

Ilallalí Hernández

Juan Carlos Hidalgo

Enrique Rivas Paniagua

Alejandra Craules

Ramses Salanueva

Ricardo Garibay



De artistas como:

Sixto Valencia Burgos

Gabriel Vargas 

Benjamín León Estrada

Quino

Rius


De creadores adoptados como:

Verónica Ituarte

Torgeir Rebolledo Pedersen

Daro Soberanes

Cohutec Vargas Genis

Juan Galván Paulin

César Kostia


Y autores que siempre me ha interesado como:

Carlos Fuentes

Gabriel García Márquez

Julio Cortazar

Mario Vargas Llosa

Salman Rushdie

Rafael Pérez Gay

Carmen Boullosa

Paul Auster

y un no muy largo etc.


Si les interesa conocer el contenido, les pido que me apoyen comprando un ejemplar y/o compartiendo esta información.


¡¡¡Así me ayudan a sacarlo de la imprenta la próxima semana!!!


Los pedidos serán cubiertos a partir del 28 de agosto, entrega gratis en Pachuca y su zona conurbada.  Para pedidos fuera de Pachuca, cotizamos envío por correos de México.


De ya les mando un abrazo de agradecimiento.