sábado, 12 de julio de 2025
martes, 8 de julio de 2025
viernes, 4 de julio de 2025
El metaverso poético de Roberto López Moreno
“Qué extraña es la manera en que nos llegan las leyendas. No me refiero a las historias que se cuentan en las noches de apagones y tormenta. No. Me refiero a aquellas personas que, con sus afanes, han moldeado nuestra manera de nombrar al mundo; incluso sin saberlo. Escritores que hace tiempo se detuvieron a poetizar la realidad, cogiendo trozos de imaginación y largos remedos del telar del habla popular; palabras que suenan por aquí y por allá, en el trajín obstinado, en la cotidianidad pestilente, en las vísceras laberínticas de la ciudad que promete acoger a todos quienes a ella llegan, pero que, cual eterna diosa prehispánica, traiciona engullendo sin decoro a los inmigrantes, a los insondables, a los impertérritos, a los inocuos, a los inefables; a los que inevitablemente se han rendido a sus pies para habitarla.
“Pero en esa pléyade de carnada, hay algunos, los pocos, los ungidos por el bálsamo de la literatura, que han logrado domar el instinto del suicida y se han negado a arrojarse en el anonimato; por el contrario, contados son los que heroicamente enarbolan su intelecto para sublevarse a la medianía y dejar, como dicen las citas trillas, una huella en el lodo del tiempo y la realidad.
“Eses es el caso de Roberto López Moreno. De él llega a mis manos y a mis ojos una nueva edición de su clásico “Acá López, tú, el nosotros”. Desde el título me sorprende y me avergüenza; una frase rebuscada que busca atrapar al más ignoto de sus posibles lectores y que por alguna razón yo, lector obsesivo con rasgos de locura, no conocía. Ahí me encuentro a un poeta total y fragmentado; es él mismo, pero a la vez, es todos. Paisajista del lumpen capitalino, que se ha visto obligado a sustituir la fronda de su tierra natal, por la fonda donde comen aquellos que consiguen el pan con el sudor de su frente, de sus manos y de otras partes sudorosamente castas. Un poeta que se ha negado a asumir su condición de “llegado citadino” para asumirse como parte del monstro de las mil cabezas que se camuflajea como ciudad. ¿Es López una de esas mil cabezas? (Que digo mil, millones de cabezas.) No. Él es una lengua. ¿Una de tatas lenguas con las que esas testas se expresan? No, tampoco. Él es la reencarnación de “la lengua”, esa que se mueve al mismo ritmo de la vida entre las calles, los cielos y los infiernos, como viperina astucia, parlante venganza del dolor, la mugre y el destino fatal que todos tenemos impreso en algún recóndito lugar del corazón.
“Prestidigitador de la palabra, calculador y preciso. “Onomatopeyicamente” traduce lo que escucha: palabras que clava en la página como mariposas en un álbum lepìdoterológico y que, aletean cada vez que alguien las pronuncia. Sujeta las palabras del barrio, su barrio, como escupitajos que antes de caer al piso emparenta con parónimos y cacofonías que carga, a todas partes, en la bolsa de la camisa junto a la pluma; las encierra en la jaula del intelecto y las incita a aparearse para que muestren su lado oculto, su doble sentido, el sentido secreto, tal vez, el sentido verdadero.
“Describe la ciudad y a sus personas, a las personas y a sus sentimientos, a los sentimientos y sus contradicciones, pasiones, vicios, alegrías, extrañezas; bellezas, al fin y al cabo. Pero, además, se vuelve el personaje central, el antihéroe, el testigo, el suceso mismo; desde dentro del poema da un salto y se desdobla para sorprendernos, lo encontramos junto a nosotros, acompañándonos en la lectura de su poema y, cuando menos lo esperamos, desaparece para volverse otra vez poesía pura, dura; cura.
“Roberto López Moreno es un poeta de cepa y sepa la bola cuantos versos más seguirá obsequiándonos, obsequioso como es, en sus poemas. ¡Salve!”
miércoles, 29 de enero de 2025
viernes, 17 de enero de 2025
Garibay, 102 años
Hace algún tiempo, reflexionaba en este espacio, por dónde empezar a leer a un escritor, por cuál de sus libros quiero decir. En aquel momento la reflexión surgía cuando abordaba a uno de los grandes novelistas de la literatura mexicana, el hidalguense Agustín Ramos. La cuestión es complicada cuando el escritor en cuestión continúa produciendo y llegaba a la conclusión de que se debía iniciar con el libro que se nos cruzara por el camino; la literatura está llena de milagros y estoy convencido de que toparnos con un libro en específico en un momento determinado resulta en una epifanía que no debemos dejar pasar.
En el caso de un escritor ya fallecido, el rumbo de nuestras pesquisas resulta menos incierto. Sobre todo si la relevancia de la obra de ese autor ha merecido unas obras completas o al menos una antología. Ese es el caso de Ricardo Garibay.
Cómo muchos saben Garibay nació en Tulancingo el dieciocho de enero de mil novecientos veintitrés. Pronto su familia se estableció en Ciudad de México y posteriormente el propio Ricardo se afincó en Cuernavaca hasta sus últimos días.
La obra de Garibay es muy vasta, suficiente para que las obras completas, publicadas por el gobierno de Hidalgo y editorial Océano en 2002, merecieran diez tomos de tamaño considerable cada uno y para navegar, con viento en popa, por el cuento, la novela, el testimonio, el teatro, el guion cinematográfico y el periodismo. Esa colección es una especie de mapamundi definitivo que podemos extender frente a nosotros y tomarlo como referencia para abordar una de las obras más importantes de la literatura mexicana del siglo XX; una que se ha vuelto un canon, me atrevería a decir.
Se sabe de su constancia en el oficio de leer y de su exigencia, implacable diría yo, en el oficio de escribir. Ante todo, don Ricardo era un lector que entregado al disfrute del idioma, un explorador de las palabras que desarrolló una facilidad envidiable para reproducir el habla popular de distintas regiones del país según sus personajes se lo exigieran. Puntilloso, apasionado, entregado en cuerpo y alma al ejercicio de escribir, buscó a toda costa la manera de vivir sin distraerse de su oficio con trabajos mundanos. Aun así, se encargó de encomiendas burocráticas en dependencias como la SCT, Canal 13 y la SEP; encontrando en cada lugar una forma de hacer literatura, escribiendo o hablando de ella. Son famosos sus espacios televisivos, en IMEVISION, la televisión de Morelos y Radio y Televisión de Hidalgo, donde acompañado de diversos intelectuales que escudriñaban todo tipo de temas literarios y por ende, de la vida misma. De los programas que se transmitieron en el canal 3 pachuqueño, existe un volumen espléndido que recoge algunas de esas charlas y que es autoría del arquitecto Luis Corrales Vivar-Cravioto; se llama “Diálogos hidalguenses”.
Quienes tuvieron con él un trato de amistad le recuerdan siempre como un caballero, aun cuando era conocido su carácter reacio, altanero, avasallador. Hacía sus últimos años de vida la exasperación llegaba más pronto que tarde y prefería recluirse en su soledad contenida en su estudio. Hay dos libros más que quisiera mencionar. El primero es “Sendas de Garibay” del escritor y editor Ricardo Venegas, se trata una colección de ensayos, anécdotas y entrevistas que Venegas fue construyendo en múltiples visitas al insigne escritor allá por la década de los noventa. El segundo se titula “Señor mío y Dos mío / Ricardo Garibay: La fiera inteligencia”, obra de Alejandra Atala que da cuenta de los últimos días de la vida de Garibay y de los primeros de la eternidad de Garibay; en una especie de diario Alejandra reflexiona sobre la presencia de don Ricardo en su vida intelectual y personal.
La autenticidad de Garibay le granjeó un sinnúmero de enemistades en el ámbito literario, a lo que se le achaca el escatimo de premios que merecía su pluma. Sin embargo, en lo que va de este siglo, por fortuna, su obra se ha revalorado y ha encontrado nuevos caminos para llegar a las manos de los lectores jóvenes; camino ideal para que el pensamiento de un hombre como Garibay, perdure en el tiempo.
Paso cebra
Este sábado 18 de enero, estaré en la ciudad de Tulancingo con el honor de compartir mesa de conferencia con el querido y admirado Agustín Ramos; ambos hablaremos, desde la perspectiva personal, de la obra de Ricardo Garibay. La cita es a partir de las 4 de la tarde en el Centro Cultural que lleva el nombre del ilustre autor de “Beber un cáliz”. Ojalá que puedan acompañarnos. Nada es mejor para la memoria de un escritor que sus lectores se encuentren y le lean.
viernes, 10 de enero de 2025
La triste e increible historia de la América Mexicana y su Trump desalmado
Por los pasillos digitales se deja sentir el cotilleo desatado por los recientes e hilarantes pronunciamientos del presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump.
Si bien, en los primeros días tras la arrolladora victoria que obtuvo en las urnas parecía que su discurso tendía a mesurarse, dejando atrás los disparates de la campaña y centrándose en los problemas medulares que convensieron al electorado. Los enérgicas posturas anti-woke y el freno total a las ideologías de género en las escuelas, sumando otras minucias que van contra la agenda 2030 (ahora 2045), consolidaron las simpatías de sus seguidores y le granjearon las voluntades que se mantenían indecisas aun después de la elección; incluso las propuestas antimigrantes y de la posible intervención militar para combatir a los cárteles dentro de nuestro territorio quedaron opacadas.
Sin embargo, al arrancar el nuevo año, Trump regresó a la arena mediática con una serie de declaraciones que vuelven a posicionarlo en la categoría de “borracho de cantina / peleonero de banqueta”. Además de insistir que va a quitarle la isla de Groenlandia a Dinamarca para anexarla, junto a todo Canadá a los territorios de los EUA, intensiones que por supuesto no le han hecho gracia a ninguna de las naciones aludidas. Además, don Donald, insinuó que usaría la presión económica y posiblemente militar para retomar el control del Canal de Panamá; sin dejar de lado el amague con las deportaciones masivas de inmigrantes latinoamericanos.
Pero la gota que ha derramado el vaso de la estupidez ha sido el capricho de cambiarle el nombre al Golfo de México por el de Golfo de América, pues, en parafraseo Trumpesco, “les pertenece a los gringos”. La reacción de la presidenta de México no se dejó esperar y mostró un mapamundi de 1607, tal vez el primero que intentaba dar una perspectiva total del mundo, donde el territorio de nuestro país cubre gran parte del ahora territorio norteamericano, llegando por el norte más allá de San Francisco y por el sureste hasta La Florida, designándolo como “América Mexicana”. Es por esta razón que al trozo de mar interior entre la península de Yucatán y la ya señalada Florida se le llamó Golfo de México. Si tomamos en cuenta que la fundación de los Estados Unidos data del 4 de julio de 1776, el golfo ya tenía 169 años de llamarse como se llama. Otro dato interesante es que el nombre de América Mexicana era común cuando en 1814 José María Morelos y Pavón lo incluyo en la Constitución de Apatzingan, antecedente de la primera constitución de nuestra nación.
Lo que sigue en este drama binacional seguramente será que, el congreso gringo aprobará el supuesto “cambio de nombre” al golfo y se dará una batalla mediática para tratar de imponerlo; cruzada infructuosa al paso de los años cuando se volverá a la designación conocida y aceptada por todos los organizamos internacionales. Lo mismo ocurrió con Bush hijo, cuando trató de lavar la afrenta de que el gobierno de Francia no quiso apoyarlo en su intervención militar en Irak, pidiéndole a los norteamericanos que cambiaran el nombre de “French fries” por “Free fries” para ordenar unas papas en la ventanilla de comida rápida. Sobra decir que si alguien llegó a hacerlo, el nuevo nombre “libertario” pronto fue olvidado.
En fin que los disparates el inquilino que entra a la casa blanca la próxima semana será nuevamente el sello de una administración que prometía más de lo que su “razón” puede lograr.
viernes, 3 de enero de 2025
Los festejos literarios del 2025
Inicia el 2025, convulso y beligerante, cargando en los bolsillos una serie de festejos literarios por demás interesantes, que pueden ser un buen pretexto para leer o releer algún libro o a un autor que puedo permanecer lejano hasta ahora para nosotros o inserto ya en las listas de preferencias, conocidas ahora como el “top” de lo que preferimos leer.
Empecemos por los autores. Este nuevo año se cumplen doscientos cincuenta años del nacimiento de la novelista británica Jane Austen. También se estarán conmemorando los ciento cincuenta años del nacimiento del gran escritor alemán Thomas Mann; del poeta y novelista austriaco Rainer Maria Rilke; y del más joven de la generación del 98 de la poesía española, Antonio Machado. En los centenarios, recordaremos a no de los autores más radicales de la literatura japonesa del siglo XX, Yukio Mishima; y de dos de las escritoras españolas más queridas por propios y extraños, Carmen Martín Gaite y Ana María Matute. En cuanto a los aniversarios luctuosos recordaremos los ciento cincuenta años de la muerte de Hans Christian Andersen, un gran poeta danés, pero conocido mundialmente por sus cuentos para infantes; y cincuenta años del fallecimiento de Hannah Arendt, una de las filósofas y teórica política más influyentes del siglo pasado, cuyo pensamiento aún permea en la actualidad.
En cuanto a libros celebrados, este año la lista es fascinantes. Se cumplirán cien años de la publicación de “La señora Dalloway”, la que fuera la cuarta novela publicada por Virginia Woolf y que nos presenta el flujo de conciencia del personaje central, Clarissa Dalloway, a través del cual Woolf nos presenta un retrato fiel de la estructura social de la Gran Bretaña posterior a la Primera Guerra Mundial; “El proceso”, novela de Franz Kafka, publicada de manera póstuma y consideran inacabada, pero valorada como una de las novelas más imporatantes del siglo XX por su crítica a la inaccesibilidad a la justicia; y “El gran Gatsby”, la obra maestra de Francis Scott Fitzgerald donde explora la decadencia y el idealismo de la sociedad de Long Island, los excesos y el oropel característico de los años veinte, llena de jazz y art decó, como una ácida advertencia de la vaciedad del “sueño americano”.
Un caso especial de este año será la conmemoración de los 1900 años del Evangelio de Juan. Aunque algunos arqueólogos han datado la fecha en el 135 d.C., la mayoría de especialistas han coincido en que el fragmento más antiguo de este libro es del 125 d.C. Se trata de un fragmento conocido como el Papiro de Rylands (llamado así por el lugar donde se conserva, la biblioteca John Rylands en Mánchester) que contiene unos pocos versículos de Juan 18. Este evangelio es considerado uno de los de mayor influencia en la fe cristiana pero también en la literatura universal, por su carácter canónico y su autoría por parte de uno de los discípulos de Jesucristo y testigo ocular de los hechos divinos de Su ministerio. Cabe aclarar que se cree que el Evangelio de Juan pudo ser escrito alrededor del año 70, pues comenzó a circular aproximadamente en el 89 o 90, dando así décadas suficientes para su copiado y distribución a lugares tan remotos en ese momento, como el interior de Egipto, lugar donde fue localizado la copia de Rylands.
En la literatura mexicana, estaremos recordando el décimo aniversario del otorgamiento del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes (máximo galardón de la literatura en español), a nuestro ilustre y recodado Fernando del Paso.
Para rematar, la curiosidad literaria del 2025, será que, por primera vez una ciudad de lengua portuguesa será designada como Capital Mundial del Libro por la UNESCO; Río de Janeiro.
Paso cebra
Deseo de corazón estimado lector, que el nuevo año que iniciamos ya traiga para usted dicha y bienestar para usted y los suyos. Como anhelo extra, espero que me permita la oportunidad de encontrarnos en este espacio cada semana. ¡Feliz años nuevo 2025!
viernes, 20 de diciembre de 2024
Desayuno de cumpleaños con futbol
Es miércoles. Llevo cuatro días aporreado por una gripe marca ACME, pero como me sentí mejor al despertar asisto al desayuno de cumpleaños de un amigo. En la pared norte del restaurante cuelga un televisor de dimensiones apabullantes donde se advierte la trama del partido de futbol más esperado del momento: el Club Pachuca contra el Real Madrid. Mis “vastos” conocimientos futbolísticos no me permiten entender bien a bien en que clase de torneo un equipo mexicano, el más antiguo de la comarca, se enfrenta a un equipo español, considerado por muchos el mejor de la península ibérica. En fin que sin mucha ciencia por resolver me siento a la tertulia cumpleañera en un lugar donde es prácticamente imposible no mirar los movimientos vertiginosos con los que las cámaras tratan de seguirle el rumbo al balón y retratar a su paso a quienes tratan de atajarlo, detenerlo, aventajarlo. “Hasta ayer era un bulto que sólo se quejaba y comía”, respondo a la pregunta de cómo he estado. ¿Hasta ayer?, interviene con amoroso sarcasmo mi mujer mientras me abraza, yo alcanzo a atajar diciendo “Hoy soy un bulto que se queja, come y además se mueve”, entre las risas desatadas puedo ver en la pantalla reflejado mi lance en el hombre vestido de amarillo que acaba de salvar de un gol tempranero al Pachuca, ignoro su nombre, por ahora prefiero dejarlo así para no volver personal mi desprecio si llegan a perder los “Tuzos”. La mesera, abrumada por el laúd repentino de comensales futboleros que ha casi coptado el establecimiento nos mira con desprecio a la pareja recién llegada a una mesa donde ya la mayoría apresura el plato de enchiladas y carne asada con entusiasmo de llagar pronto al pastel de festejado. Cuando noto que podemos quedarnos rezagados ante los pedidos de las otras mesas recien llegadas, me apresuro a alzar la mano al igual que el arbitro que marca una tarjeta de amonestación a un español de aspecto “no español” que con el uniforme merengue le ha entrado fuerte a un coterráneo mío. Pido aprisa, sin perder detalle del encuentro televisivo, unos chilaquiles rojos con huevo para mi y unos huevos divorciados verdes para la Troyana, en ambos casos tiernos en cuanto al nivel de cocimiento, anote también dos cafés y un poco de pan de mesa. La velocidad tortuguil pero enérgica de mi pedido hace, no sé cómo, que la mesera se confunda y no alcance a anotar nada, ¿Qué me dijo?, me hace voltear a verla en el preciso momento en que dentro del área chica Vinicius de un tijeretazo burla a Carlos Moreno y le pone a Mbapeé un servicio que no podía tener otro destino que el fondo de la red. Un lamento generalizado resuena en los comensales que me rodeaban y que también están metidos en el encuentro mañanero. Desdeño continuar con la orden de los platillos y me enfoco en ver qué ha sucedido, la repetición doblemente repetida muestra el golazo que acaban de acomodarnos. ¡Pinches gachupines!, sale de mi boca la rabia ancestral de Moctezuma Xocoyotzin. Pero esos no son españoles, dice alguien en la mesa, son africanos. “También la Liga Africana de Naciones puede irse mucho a la chin…”, pero tampoco son africanos, alcanzo a reflexionar antes de desatar otro problema diplomático con mi futbolera pasión villamelona. Uno es brasileño y el otro francés, dice Quique que ya ataca el último trozo de cecina en su plato huasteco de cumpleaños. Peor tantito, pienso, “oscuras fuerzas multinacionales tratan de vencernos”, digo temeroso del complot cuando el café llega por fin frente a nosotros. Guardando una vaga, muy vaga esperanza de que el marcador cambie a favor nuestro trato de poner mi atención a la charla del festejo, los chistes repetinos, las carcajadas, las bromas por la edad del agasajado, las anécdotas compartidas, etc. De reojo siento que me vuelve el alma al cuerpo cuando los “Tuzos” se acercan y tienen un lance casi heroico. Han llegado nuestros platillos y trato de calmar mi ansia de aficionado compungido entre las tortillas fritas bañadas con salsa de chile huajillo, crema, queso, cebolla y un toque de cilantro, cuando de pronto, Rodrygo, otro de esos jugadores españoletes que han nacido en Brasil, acomoda el balón en la esquina de la portería pachuqueña. El tiro ha sido en el dudoso filo del fuera del lugar por lo que el arbitro, de aspecto egipcio y que resulta ser venezolano, revisa en el VAR en donde en vez de pedirse una pura y dos con sal, sale convencido de que el fuera de juego, efectivamente está fuera del lugar y da por bueno el gol. Aprieto un pedazo de bolillo con la diestra mientras que con la siniestra tomo un bocado de desconsuelo. Aprovechando el medio tiempo aplaudimos y cantamos Las Mañanitas a Quique que no ha querido pedir un trozo de pastel para evitar a toda costa las delatoras velítas de cumpleaños. El trabajo de todos nos hace apresurar la despedida, la cual empujo con desespero cuando veo que la trama del segundo tiempo es también de terror para los “Tuzos”. Ya no pude ver como Moreno casi ataja el penal del tal Vinicius en el minuto ochenta, punto final del marcador de tres a cero. Es el sino del villamelon, desperdiciar su repentina emoción en partidos concenados al fracaso.; la espuma de la amarga cerveza de raiz. Vuelvo a mi gripa y a las actividades de día. Cuando menos pude acompañar a Enrique en su desayuno de cumpleaños.
lunes, 21 de octubre de 2024
jueves, 17 de octubre de 2024
viernes, 11 de octubre de 2024
¿Quién es la Nobel de Literatura 2024?
Imagen: Academia Sueca
Con mucha sorpresa se recibió, tanto en los círculos literarios como entre los lectores en general, la noticia de que la Academia Sueca había designado a la escritora surcoreana Han Kang como Premio Nobel de Literatura 2024.
A partir del escándalo que se desató en 2018, sobre la filtración de los nombres de los candidatos y sospechas de corruptelas en la designación de los ganadores del premio literario más prestigioso del orbe, la Academia ha sorprendido cada año con designaciones que se alejan mucho de las quinielas literarias, las estadísticas de ventas y la fama mediática de aquellos escritores que supuestamente son “favoritos” o “merecedores” del Nobel.
La falibilidad de estas “ternas” radica en que la muchedumbre aficionada a la literatura (y los juegos de azar) observa en los escritores propuestos aspectos que van más allá de su calidad literaria, la cual sin duda, es de primer nivel pues encontramos siempre enlistados a autores como Salman Rushdie, Anne Carson, la china Can Xue, el maravilloso Mircea Cărtărescu y hasta el más vendido en las estanterías Haruki Murakami. Pero la Academia ha demostrado que, desde hace por lo menos ocho años, ha apostado por autores que tienen una sólida trayectoria literaria más o menos alejada de los reflectores digitales, la cual ha sido construida con una observación íntima y precisa de la condición humana de aquellos que hemos habitado los últimos años del siglo XX y lo que va del XXI.
Es así que, la Academia Sueca dijo que la obra de la surcoreana "confronta traumas históricos y conjuntos de reglas invisibles". Además, "Tiene una conciencia única de las conexiones entre el cuerpo y el alma, los vivos y los muertos, y en su estilo poético y experimental se ha convertido en una innovadora de la prosa contemporánea".
Han Kang nació en noviembre de 1970 en Ciudad Metropolitana de Gwangju, Corea del Sur. Su padre, Han Seung-won, era novelista he influyo determinantemente en el camino literario de su hija. Sus primeros poemas aparecieron en la revista surcoreana “Literatura y sociedad” en 1993. Dos años después publicó su primer libro de relatos titulado "El amor de Yeosu".
Su obra más reconocida es "La vegetariana", publicada en tres partes desde 2007. Este libro la hizo acreedora al prestigioso premio Booker Internacional en 2016. Además de este libro pueden encontrarse en español los libros “Blanco”, “Actos humanos” y “Lecciones de griego”.
Su prosa poética engloba historias de un de una profunda humanidad donde describe la lucha permanente del ser humano por enfrentar sus limitaciones, sean físicas o emocionales, para superar los límites que nos encierran en la deshumanización del mundo moderno. Precisamente en "Lecciones de griego" (aparecido apenas el año pasado), Han explora la relación de un profesor de griego que está perdiendo la vista y una mujer que ha perdido su capacidad de hablar; en ello el destello del amor, se asoma.
Han Kang se convierte en la primera mujer asiática en recibir el Nobel de Literatura y ocupa el lugar 18 en la lista de mujeres que han sido galardonadas con este premio.
Enhorabuena para la literatura surcoreana, para la literatura escrita por mujeres y para la literatura universal.
martes, 8 de octubre de 2024
viernes, 4 de octubre de 2024
Presidenta con “a”
Sin duda alguna, presenciar la toma de protesta de una mujer a la presidencia de la república ha sido un hecho conmovedor. Más allá de las filias y las fobias políticas, el hecho en sí, es más que un hito histórico en México; significa un cambio radical en el esquema de los roles de género, sociales y por supuesto políticos que, a pesar de lo que se diga, siguen siendo sesgadamente tradicionales.
El inicio de un nuevo sexenio, encabezado por Claudia Sheinbaum, genera una serie de expectativas y renueva las esperanzas de corregir los rumbos que se presumen inciertos en una serie de políticas establecidas por AMLO que han generado descontento e incertidumbre en sectores de la población que no se contaban en los detractores de la 4T, por el contrario, eran grupos sociales que miraban con aprobación la llegada de la izquierda a la posición más alta de la política nacional. Creo fervientemente que, si su partido y la sombra de Andrés Manuel la dejan, la doctora podrá imprimir un sello personal a su presidencia que cambiará definitivamente la forma de mirar y ejercer el poder, y el acceso de las mujeres a esas posiciones. Reitero, si la dejan, podríamos pensar en que el suceso de tener una presidenta de México pueda repetirse dentro de seis años y un poco más.
Debo confesar que la única incomodidad que me generaba la posibilidad de que una mujer ganara la elección presidencial era de tipo lingüístico. Me explico. La palabra “presidente” significa “quien preside”, explicado burdamente es “el ente que preside”, por lo tanto incluye ambos géneros. De tal manera una mujer es “atacante” o “donante” y no “atacanta” o “donanta”. Hasta ahí, la resolución idiomática me era sencilla y me disponía a pasar seis años (cuando menos) discutiendo sobre el uso correcto de la “presidente Sheinbaum”. Pero como detesto a los quejosos, sobre todo a aquellos que querellan sin fundamento, me sumergí en la gramática española para sustentar mi perorata.
Cabe aquí una anécdota personal. Durante varios años me dediqué profesionalmente a escribir discursos sobre temas educativos. El primer tropezón en aquella andanza fue la obligatoriedad de usar el mentado “lenguaje inclusivo”. No me refiero a las idioteces de “todes”, “alumnes” o “amigues”, sino a la exigencia del “alumnas y alumnos”, “maestros y maestras”, “las y los estudiantes”, haciendo de los mensajes un trompicar continuo e innecesario. Si embargo, tras largos debates con mi entonces jefe (un viejo amigo al que quiero enormemente, Juan Benito Ramírez), juntos llegamos a la conclusión que el hecho de llevar ciertas palabras a la reiteración de ambos géneros era una deuda histórica de la peor ofensa social que ha azotado a este país: la invisibilización de las mujeres. Por lo tanto, mencionarlas significaba la reivindicación de su derecho a ser vistas, de reconocer su presencia y la importancia de su quehacer en todos los ámbitos sociales. A partir de ese día, deje de escribir esos discursos malhumorado.
Resulta entonces que el malhumorado lingüístico ocasional que esto escribe, encontró que la Real Academia de la Lengua Española, efectivamente ha aceptado el término “presidenta” ¡desde hace más de dos siglos! El registro académico en el diccionario de un femenino válido en términos como “dependienta”, “asistenta”, “infanta” o “intendenta” data de ¡1803! Esto incluye por supuesto, la designación de “presidenta”.
Una vez aclarado que nombrar a una jefa de estado “presidenta” no corresponde a las caprichosas modas del lenguaje “inclusive”, sino que tiene un fundamento lingüístico basado en “la presencia de las mujeres en distintos campos (que) ha dado lugar a la flexión con la partícula -a en nombres de profesiones u oficios”, según la nota de la misma RAE, le doy la bienvenida a la nueva presidenta de México, deseando que le vaya bien para que le vaya bien a esta patria, todavía tan maltrecha y tristemente dividida.
jueves, 3 de octubre de 2024
martes, 1 de octubre de 2024
viernes, 27 de septiembre de 2024
“Hablan despiertos”, una charla a tres bandas 2/2
Por fin y tras varias semanas de retraso, les dejo la segunda parte de la charla que sostuvimos Ricardo Stern (RS), Rogelio Perusquía (RP) y quien esto escribe (ACh) durante la presentación de la novela “Hablan despiertos”, de Ricardo, en la FUL 37 en los postreros días de agosto.
ACh: En estas charlas que tiene de pronto el escritor con sus personajes, estos como desvaríos que va teniendo a lo largo de la historia, creo que hay como un estudio de la filosofía de la frustración. Durante una gran parte de la historia se percibe una gran frustración en el personaje principal, que lo va haciendo moverse sin que el logre, ni siquiera, ser un buen “frustrado”; se queda siempre en la medianía.
RP: incluso esto es un toque genial de la novela, no es un espoiler ni nada, le va a interesar a los lectores, como dice ACh, deja todo a medias… que hasta se suicida mal.
ACh: Ni siquiera logra suicidarse…
RS: Exacto, llega un momento en que como todo le sale mal que ya lo único que le queda es suicidarse y también le sale mal. Pero a partir de ahí, el personaje empieza a reaccionar y le mejora un poco la cosa.
RP: Lo bueno es que Ricardo dice que no es una novela muy problemática…
ACh: Hay un elemento técnico que me llama la atención, inicialmente como escritor, pero también como lector y el cual es que la historia trata de un escritor que está tratando de escribir una novela y de pronto estás leyendo fragmentos de esa novela, te pierdes en ellos, de pronto crees que es la novela en sí, pero es la novela dentro de la novela y luego hay un conjunto de cartas; es decir, hay muchas voces, que interactúan, pero que suenan distintas: ¿Qué tan difícil fue lograr esa polifonía?
RS: Pues tan difícil que esa sección de las cartas es la que más problemas me ha dado, y se acuerdan que hace rato les dije que la novela tuvo unos ajustes casi de última hora, pues esa fue una de las secciones que cambió. ¿De qué cartas estamos hablando? Pues esas cartas son parte de la novela dentro de la novela. El personaje malo, que se llama Claudio, que significa “lisiado” y el personaje está un poco lisiado, él decide volverse malo después de hacer muchos intentos de encontrar una pareja y que todo le sale mal, entonces se me ocurrió hacer esta sección para justificar ese cambio tan abrupto; son cartas que Claudio le escribe a todas esas mujeres; también por eso no ligaba porque anda escribiendo cartas, como si estuviera en el siglo XIX…
RP: Esta es una parte muy interesante del personaje porque, digamos, deja constancia de ser buena persona, en estas cartas también leemos un abandono de sí a la locura, es un mapa del alma del personaje…
RS: La idea es que sean progresivas y cada vez se va notando más su desesperación. Además lo “ghosteaban”, ni le contestaban las cartas o le daban respuestas escuetas y eso iba aumentando su frustración. Recuerden que no estamos hablando del protagonista de la novela, del escritor Andrés, sino del personaje de su novela Claudio. Y entonces va aumentando el tono. La parte que cambió fue la extensión de esta sección, creo que hacía que el lector acabara un poco harto de leer las cartas…
ACh: Pero lo que yo siento en esa sección, que está hacia el final de la novela, es que contagias al lector de la desesperación del personaje.
RS: Exacto, eso es lo que yo quería, en ese sentido creo que salió bien, pero tampoco se trata que estés sufriendo cuando lees: “¡Ay, otra carta de este cuate!”. Casi, casi, faltó que el libro trajera un “rascahuele” para que huelas el perfume de la carta, porque le ponían su perfume a cada carta. Estaría bien ese recurso técnico (ríe). Además de las cartas, también se redujeron unos discursos religiosos un poco largos del escritor Andrés, que por razones de la desesperación, intentan por el lado místico y en algún momento visita a un amigo en un monasterio y ahí se escuchan muchos discursos.
RP: De hecho Ricardo, a través de los personajes, se da la licencia de establecer un diálogo teológico entre el personaje y el encargado de un convento, son como tres o cuatro páginas que recomiendo ampliamente. Entre estos espacios Ricardo, que entre tantos oficios también es teólogo, crea diálogos entre los personajes para tocar algunos puntos muy importantes: “Sólo de noche y cuando llueve más, es más fácil deshacerse de los muertos de día, pero de día, yo soy el muerto.”
ACh: Esta es la parte que a mí me parece más filosófica, en la búsqueda del sentido de la vida. De cómo el pasado le permite, al personaje principal, por lo menos la introspección con el amigo del monasterio. Ahora que hablabas acerca de las condiciones en que escribiste la novela, es decir, es una novela sobre un escritor que está tratando de escribir una novela porque el que está escribiendo la novela tiene que cambiar la novela… ¡Eso es metaverso! ¡Hace once años! ¡Es metaliteratura!
RS: Soy un adelantado a mis tiempos (risas). Acuérdate que Cervantes también tiene metaliteratura: el Quijote habla del libro del Quijote. Incluso hay otra parte donde mencionan otra novela mía…
RP: ¿En el Quijote? No lo había notado, maestro (risas generalizadas).
RS: No, no. Aquí. Eso ya sería muy extraño: Cervantes me menciona, de pasadita, pero nadie se ha dado cuenta (risas). Estoy viejo, pero tampoco tanto. Pero eso de la metaliteratura si pasa en mi novela porque el escritor tiene un antiguo maestro, con quien a veces dialoga y le va mandando las partes que está escribiendo. Entonces en algún momento están discutiendo estos dos personajes y se menciona una novela mía anterior a esta, la de 2012… pero hablan mal de ella. Dicen: “No, es muy pretencioso ese autor, a mí no me gustó”. Hasta eso, lo dice el autor que es pretencioso, para que no sepas exactamente quien es el pretencioso, si lo soy yo o el personaje.
RP: Otros pasajes de la novela que son solamente, digamos, viñetas: “Puede el llanto tener ideas amarillas. Componer estrofas bien medidas y amarillas. Tomar un libro o un limón y esperar a que se hagan amarillas. (…) el pasado, que no es otra cosa sino sucesos ya puros, actos despojados de las vicisitudes de lo incierto, lo efímero y lo sujeto a la insípida regla de la prisa. Se comprenderá, pues, por qué estimaba yo ese reloj destartalado como mi mayor tesoro.”
ACh: Esta novela es muy exigente con el lector. No puedes distraerte o te pierdes, precisamente por los vericuetos de pensamiento, de introspección. ¿Esa era la intención?
RS: Sí. De pronto me sale el estilo, digamos, barroco, muy recargado, muy ornamentado. De las cinco novelas, dos tienen ese estilo barroco, muy lírico; las otras son más tranquilitas, con narraciones más convencionales. Esto fue escrito es un estado de ánimo muy abigarrado y por eso también la novela lo refleja. Es a propósito. Creo que busca, como dices, que el lector se desespere, se meta en esa situación y en ese estado de ánimo en que está el propio personaje.
Paso cebra
Demuestro nuevamente, mi falta de pericia para hacer cálculos. Lo que pensé que serían dos partes de esta Charla, debe convertirse en tres, para disfrutar plenamente y sin apuros, las reflexiones que estos tres seres dominados por el poder místico de la literatura hicimos sobre “Hablan despiertos”. Con seguridad, terminaremos la próxima semana con “otra segunda parte” (designarla como “tercera” evidenciaría mi torpeza) de esta deliciosa charla. Hasta entonces.
