viernes, 17 de enero de 2020

El mundo secreto del Puxk’uai



Conocer la cosmogonía de los pueblos originarios de nuestro país representa una gran oportunidad para sumergirnos en un mundo lleno de simbolismos, donde la relación con la naturaleza es precisa para explicar la existencia del hombre; no representa un viaje al pasado, nada más equivocado que eso, significa una experiencia en culturas vivas que a la par, o a veces en contra, avanzan con la mal llamada “modernidad” de occidente, en muchos casos esta manera ancestral de ver el mundo supera o se superpone a la telaraña caótica de teléfonos inteligentes, tabletas y redes sociales.

Una de estas exploraciones está contenida en el libro “Puxk’uai. Un ser de la oscuridad en la cosmovisión otomí” del joven investigador Víctor Manuel Caro Sevilla, en el cual aborda la leyenda del Puxk’uai o bruja que dice; todos los seres humanos tenemos un espíritu de la bruja o el nahual, ese espíritu (femenino y maligno), es un animal que se transforma, pero si intentamos matarlo, también vamos muriendo.

Este ser de la oscuridad está íntimamente ligado con las creencias de la región otomí de Tenango de Doria y toma diversas fisonomías, como una cigüeña, como murciélago, un guajolote o un zopilote (entre otros animales), todos negros, todos con alas que permanecen en la mitología de los pobladores y la cual se ha mantenido como un vínculo intergeneracional.

Víctor Manuel se dio a la tarea de entrevistar a pobladores cuyas edades oscilantes entre los 38 y los 83 años (capicúa cabalístico) para conocer a través de la tradición oral las variantes y las evoluciones que la bruja y los seres propios de la oscuridad habían tenido en el ideario local. De esta manera logró obtener descripciones y anécdotas que no solamente encerraban intriga y espanto para quienes las vivieron, sino también una interesante e indisoluble relación de los vivos con los ancestros, con su entorno y con la muerte. El investigador complementa las declaraciones con dibujos de los propios participantes donde los elementos característicos se mantienen; el cerro de donde el Puxk’uai baja, el fuego y el humo para que se transforme, o el pie que la bruja se corta y deja en tierra cuando se transforma en animal en el que se aprecia el otro pie humano. Se aparecen en los techos, en las ventanas, acechan a hombres y mujeres para hacerlos morir induciendo el sueño, duermen también a los perros para que no delaten su presencia a ladridos; las narraciones, todas, encierran una riqueza cultural inconmensurable.

Las historias compiladas en tres comunidades y la cabecera municipal de Tenango de Doria son un tesoro de la memoria y la tradición de una región sumamente interesante para realizar investigaciones de este tipo pues ahí confluyen diversas lenguas como otomí, náhuatl, tepehua, totonaco y español con población tanto indígena como mestiza. Así lo señala en la presentación Jacques Garlinier, etnólogo francés quien desde hace cincuenta años ha dedicado sus investigaciones al mundo otomí de la Sierra Madre Oriental y que es considerado una eminencia en el tema. Garlinier también destaca el valor de esta investigación coma la oportunidad de conocer la “vida nocturna” de los campesinos como una forma de adentrarnos más en su mirada y su experiencia de vida en una región que solo puede describirse como paradisiaca.

La publicación apareció recientemente gracias a la edición por parte del Instituto Humboldt de Investigaciones Pluridisciplinarias en Humanidades A.C., establecida en Ixmiquilpan; la asociación alemana Ánimo e.V., Asociación para la comunicación intercultural con México; el Colegio del Estado de Hidalgo y la Universidad Intercultural del Estado de Hidalgo y está basado en el trabajo de titulación de Caro Sevilla como licenciado en Legua y Cultura.

Víctor Manuel Caro Sevilla nos regala pues un libro extraordinario de interés académico pero también un libro para aquellos lectores interesados en conocer más de las tradiciones y la cosmovisión de  aquellos que sabiamente creen que el bienestar y la integridad del cuerpo dependen de la relación con nuestros ancestros.

viernes, 10 de enero de 2020

Sentado en el escritorio tratando de escribir...

al menos hay buena música:


El sangriento parapeto de la guerra


Foto: plumasatomicas.com

De niño crecí pensando que solamente viviría veinticuatro años. Era esa la edad que cumpliría en el dos mil, año en el que se decía se terminaría el mundo. Al llegar a la ansiada juventud y una vez obtenido una llave de la puerta de mi casa, que para mí se traducía en el permiso de mis padres para volver tarde o no volver, la certeza de una vida corta se transformó en mi licencia para darle vuelo a la hilacha. La hilacha se desmadejó en interminables noches de excesos y escritura, mujeres y desilusiones. Sin embargo, conforme me acerqué a la fatídica fecha la seguridad del fin inminente se fue diluyendo hasta desaparecer por completo. Tal vez, conforme los noventas se acercaban a su fin lo que se presentaba ante mí era un futuro consolidado en la oportunidad pero también en las exigencias, siempre con un as de desencanto bajo la manga. Mi cumpleaños 26 de tomo por sorpresa. Debo confesar que con cierto enfado me di cuenta en ese momento que viviría mucho más.

Esta última sensación aparece en mí cada vez que en el ambiente mediático aparecen noticias apocalípticas, ya sea con una fecha dictada por un fanático como límite para la civilización o bien, una hecatombe, ya sea bélica o ambiental, que pudiera borrarnos de una vez por todas del planeta. Es como si estuviera seguro de tener la corazonada adecuada cuando alguna de estas noticias fuera cierta y volver a la certeza infantil del fin del mundo; como se sabe, nadie verdaderamente sabe cuándo ocurrirá.

Sin embargo, durante los últimos días las noticias de la muerte del militar iraní Qassem Suleimani despertó las alarmas de los estudiosos de la escatología pues los miembros en conflicto han sido señalados como los protagonistas primordiales que desencadenen el fin de los tiempos. Si bien el asesinato ordenado por el presidente Trump tienen todo el sello alevoso y perverso de los gringos, a botepronto parecía solo una argucia de empresario que ocupa la Casa Blanca para evitar que el proceso de destitución (sé que no suena tan dramático como “impeachment”, pero es castellano) emprendido por el congreso norteamericano lo enlistará junto a Nixon en la lista del ostracismo histórico; ningún presidente ha sido destituido o ha perdido una reelección estando los Estados Unidos sumidos en un conflicto bélico. Pese a esto, el suceso nos tuvo con el alma en un hilo en las siguientes horas, sobre todo cuando se fue dilucidando la importancia del personaje muerto en la geopolítica del Medio Oriente y la heroicidad que se le asignaba a su imagen popular. El siguiente movimiento tenía que ser la venganza iraní y según su tamaño designaría el sentido de mi corazonada apocalíptica, la cual a decir verdad sí me estaba preocupando.

Al cabo de unas horas la instrucción del Ayatola fue vengarse a manotazos; un ataque descuidado, sin tino, con misiles a la base militar norteamericana más grande en Irak, la cual, sobra decirlo, no causo bajas ni daños considerables. Resulta extraño que, el único ejército de la región que ha logrado hacer frente y derrotar en varios frentes al ISIS, tuviera un actuar tan poco efectivo, ¿o será el objetivo era precisamente “no darles”? Así parece. La vuelta de tuerca para que mi corazonada apocalíptica diera un giro al dial y se posicionara en la corazonada de la rabia fue la manera tan mansa de la respuesta del gorila de cabello naranja (creo que nunca se le había visto tan calmado).

La respuesta de Trump resultó solamente en sanciones económicas, incluso con la esperanza (lo cual por supuesto que no está mal) de tender la mano al contrincante en turno para buscar soluciones al conflicto, eso sí, sin esperanzas de que desarrollen armas para defenderse. El puro estilo gringo. Lo que está mal de todo esto es que se confirma que los sucesos de la primera semana del año no son otra cosa que un montaje, que ha cobrado vida humanas por supuesto, para que el presidente evada el juicio político y para atar de manos al segundo país más importante en la producción de petróleo del mundo, con un objetivo claramente económico (otro rasgo inequívoco del actuar norteamericano).

Lo que vimos fue pues, una escena más del macabro monólogo (asistido) con que los gringos controlan el mundo.

viernes, 3 de enero de 2020

Lo que nos dejó el diecinueve


Continúo con la baraja, desordenada, de temas que despertaron el interés colectivo y personal en las ultimas semanas del ya pasado año y que he tratado de deshilvanar en las dos últimas entregas de esta columna, esperando de corazón que usted, apreciado lector, haya pasado una buena temporada de celebraciones y que la cruda, etílica, personal o financiera, le sea lo más ligera posible. Sigo.

Cuatro: “Arte-banana”
Al principio parecía un chiste, por supuesto, un mal chiste; un plátano pegado a la pared con un trozo de cinta autoadherible color gris (mi hermano menos tenía un grupo de rock que se llamaba así, “Cinta Gris”), declarado por el autor como una pieza artística se vendió en algunos milloncejos de dólares. Ver para creer. Que un trozo de basura, o algo que esta próximo a serlo, sea considerado como arte no es nuevo, lo que es nuevo es la cantidad de dinero que alguien pago por ello y que esto determine no sólo el merado del arte, sino el tipo de arte que se produce en este siglo que ya alcanza la veintena. Peor aún, las personas que fotografiaban con sus teléfonos móviles la “pieza” como si en verdad estuvieran ante una obra de arte. Sin embargo, lo único rescatable del episodio es que nos confirma que, a pesar de todo, seguimos conservando nuestra capacidad de asombro.

Cinco: mantener el foco
El año que se extinguió anteayer fue sellado por el descontento y la protesta de las mujeres. Cansadas de ser relegadas históricamente y violentadas sistemáticamente, alzaron la voz. En su desesperación por ser escuchadas y respetadas cometieron desmanes que distrajeron la atención pública y que minimizaron, en la mayoría de los análisis acerca del tema, la gravedad de su situación. Sin embargo, sentaron las bases de algo que deberá evolucionar de manera más ordenada en este veinte veinte (por cierto, la RAE dice que no se dice así, sino que lo correcto es decir “dos mil veinte”) y que merece la pena que impulsemos todos a través de revisar y entender el nuevo juego de roles que se nos esta presentando como parejas, familia y sociedad, siendo empáticos y anteponiendo ante todo el respeto. Todas y cada una de Ellas tiene el derecho de vivir en un país donde su vida no corra peligro solo por el hecho de ser mujeres.

Seis: nuevos presupuestos, una luz
Después del vapuleo incoherente y desarticulado por parte de las instituciones federales contra el ámbito cultural, una buena noticia. El presupuesto en el sector para este año que arranca tuvo un leve aumento de un poco más de 473 millones para quedar establecido en 13 mil 367 millones 480 mil 531 pesos, lo que da un respiro a las instituciones culturales. Sin embargo, hay que recordar que a la estructura de la Secretaría de Cultura del gobierno federal se ha adjuntado el Centro Cultural los Pinos y que los incentivos fiscales rededor de cultura fueron removidos; estas variantes pueden jugar en contra del desarrollo cultural este año. Para la Ciencia también se consideró un aumento de un poco más del 3%, dando también aliento a propios y ajenos. Algo similar ocurrió en el rubro de Deporte con un aumento de más de 300 millones de pesos. ¿Esto es una muestra, mínima, pero al fin muestra, de que el presidente comienza a corregir su actitud de desprecio ante la cultura, la ciencia y el deporte? ¿Al fin tendremos “proyecto”? Ojalá.

Siete: siempre buenos deseos
Antes de terminar reitero mi deseo de que usted, querido lector, vislumbre esta nueva cuenta de tiempo como la posibilidad de vencer los augurios pesarosos y que conserve siempre el entusiasmo por mejorar el ambiente en donde desenvuelva su vocación y su afecto. Que el Señor le traiga luz y abundancia y que, de vez en cuando, tenga el tiempo y el ánimo de asomarse a este espacio de intereses polimorfos, en ocasiones monstruosos, pero siempre bienintencionados. Salud por el nuevo año.

viernes, 27 de diciembre de 2019

Notas para un (¿errado?) final de década 2



Inicio con el recuento de algunos temas que por falta de tiempo, espacio o simple distracción de quien esto escribe, no había podido dilucidar en esta columna, esperando que usted, anhelado lector, me acompañe con su lectura, agradeciendo además su conformidad o disentimiento de lo aquí expuesto que no es otra cosa que los pensamientos en voz alta (o mejor dicho, en escritura) de quien aporrea las teclas en este momento.

Uno: Zapata, imbatible
Mis hijos son descendientes de Emiliano Zapata, es su tatara-tatarabuelo en la línea de sangre de su madre. He aprovechado esa liga familiar para despabilar su desinterés en la historia de México, sin contar que El Caudillo del Sur es mi personaje histórico favorito de la Revolución Mexicana. Es por ello que no pude dejar de sentir enfado por lo ocurrido alrededor de la pintura donde se exploraba su “lado femenino” basándose en una serie de rumores acerca de sus preferencias sexuales, las cuales, aunque hayan sido ciertas, no merecen mínimo interés antes los aportes del líder social. Sin embargo, al paso de los días y viendo el devenir de los acontecimientos las cayeron en su sitio; ni la “obra de arte” es más que una insulsa  ilustración de lotería, ni la representación que la mente de un “artista” determina el valor que la colectividad le da a la memoria un personaje histórico y además, tanto el artista en su derecho de mostrar su “representación” como la familia su desaprobación, en todo caso lo más reprobable es la violencia generada al rededor, contra esa todos deberíamos pronunciarnos.

Dos: El ladronzuelo de libros
Bochornoso que el señor Embajador de México en Argentina haya sido captado sustrayendo sin pagar un libro en una librería de Buenos Aires, pero lamentable la manera en que el gobierno de México trato el asunto; que si todos nos hemos robado libros, que si fue una distracción, etc. Todos nos hemos robado un libro alguna vez, yo, por ejemplo, el último que sustraje ilícitamente fue uno Juan Gelman hace como quince años, lo que me hace “humano”, tendiente siempre a hacer lo que me provoqué adrenalina. El robo de libros esta mal, y es aún peor en la persona de un individuo que representa a una Nación como es el caso de Embajador, envestidura que por cierto no lo exime de cometer errores. El problema real es el trato timorato y de simulación que le da la autoridad; el Embajador se equivocó, ¿exhibió sus concupiscencias públicamente? Se va, punto. Le dio la gana no pagar por el libro que le gustó, lo cacharon, que se atenga a las consecuencias. No porque pertenezca a la 4T y no se pueda equivocar, no, también los de izquierda luchan todos los días para hacer lo “correcto”, se va porque avergonzó a un país y ese “detalle” en el Servicio Exterior debe ser imperdonable. Al paso de las semanas terminó por irse, bajo un pretexto todavía más, alegando problemas de salud. Lo ofensivo del asunto es que sigan pretendiendo darnos atole con el dedo cuando a todas luces vemos el pocillo lleno de vinagre.

Tres: primer cae un hablador si es cojo
Que si habían prometido quietar impuestos, que si habían prometido vender el avión, no tolerar la corrupción (el de robo de libros y muchos otros), que si las Madres de este país iban a ser la primera fuerza de contención contra el índice de delitos, comunes o no, en fin, que tanto fue lo que se comprometió durante la campaña que la realidad de este país le ha dado en las narices a Gobierno en su primer año, y a nosotros de paso, nos ha agarrado los dedos.

Me quedan un par de temas en el tintero, por lo que, a pesar de que este recuento lo pensé para dos partes, me veré en la "disfrutable" circunstancia de continuar la semana próxima.

Antes de terminar quiero tomarme unas líneas para agradecerle su compañía lectora durante este 2019, deseándole que lo vivido en este lapso haya sido de satisfacción personal y que lo que depara el 2020 sea cercano a sus expectativas; por lo pronto en las mías se encuentra la esperanza de que siga acompañándome cada semana en este espacio. Feliz Año Nuevo.