jueves, 21 de mayo de 2015

La hoja y la mirada: Abuelos que ganan batallas



 “¡Qué lástima / que yo no tenga un abuelo que ganara / una batalla, (…)”. Cuando León Felipe escribió esto seguramente estaba pensando en mí y aunque esta paradoja poético-temporal resulta imposible y Felipe realmente estaba pensando en España, estos versos resume la relación con mis abuelos (el materno y el paterno), de ninguno conservo un retrato con “una mano cruzada / en el pecho, y la otra en el puño de la espada”. Por eso siempre he sentido envidia de aquellos que aún tienen un abuelo, pero no envidia malsana, más bien cargada a la nostalgia porque siempre he sabido que con la pérdida de los míos había perdido la memoria que dilucidaba mi origen, ese punto a las 6, encallado en el pasado.

Pero también María Ruíz sabe muy bien esto, que la memoria más profunda se encuentra en los recuerdos de nuestros abuelos. Es por ello que se dedicó durante más de dos años a recopilar las historias que conforman el libro “Nuestro abuelos: la historia viva de Huasca”, el cual en una segunda edición está disponible desde hace algunas semanas.

La autora creció en el pueblo de sus padres y abuelos, yendo y viniendo de la ciudad a la provincia pues había nacido en México D.F.; Huasca significaba el terruño. Desde muy pequeña estuvo empapada de las historias del pasado que provenían de ese torrente que sus abuelas vertían en las sobremesas, o en las charlas alrededor de un humeante jarro de café en las frescas mañanas de los fines de semana.

Ella, conforme fue creciendo, visitaba a su tía abuela y a las amigas de ésta donde las historias no solo se repetían, sino que se multiplicaban; en ellas se escuchaba cómo habían vivido, las cosas con que se divertían, lo que había ocurrido en Huasca en años pasados. En aquel momento, sin asimilarlo todavía, se había sembrado en ella, prácticamente la historia de los últimos 100 años del pueblo.

Lo entendió cuando fue mayor, ella era ya sin quererlo, receptora de una parte histórica de la vida cotidiana de la comunidad de Huasca y fue en aquel momento cuando decidió emprender su rescate y plasmarlo en las páginas de un libro. Asumió la herencia que significaba no solamente la memoria de sus familiares, sino de ciertas personas que habían depositado en ella sus recuerdos.

El libro comenzó a formarse cuando, con grabadora en mano, María pidió a los abuelos que recrearan aquellas charlas de su infancia, preguntándoles a detalle sobre sus vivencias. La primera abuelita que entrevistó, bisabuela de una amiga muy cercana, comenzó dudando si tenía noventa y tres o noventa cinco años, generando ente la entrevistada y la entrevistadora un mágico halo de intimidad; lo que se repetiría con cada uno de los interlocutores.

María Ruiz buscó que las entrevista no solo se sucedieron dentro de las casas, también en la calle, con personas que la autora encontraba por casualidad y que siendo muy mayores podían nutrir esta búsqueda del pasado más remoto del pueblo. En total el libro compila 15 entrevistas a adultos mayores, seleccionados de manera aleatoria, vecinos de Huasca que cuenta cómo vivieron y lo que vieron que sucedía en el pueblo mágico.

María Ruíz trató de conservar, en las transcripciones, el modo en que hablaba cada persona, traduciendo esas palabras mudas que suenan en una charla pero que son dichas con las manos o con el cuerpo. Lo logró de tal manera que la gente que los conocía, cuando leyó el libro, alcanzaba a escuchar a cada una de las personas que contaron su historia.

Originalmente el libro apareció, en su primera edición, en mayo de 2001, gracias a un apoyo del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC). En ese entonces el presupuesto recibido apenas alcanzó para 200 ejemplares que volaron inmediatamente entre los familiares de los protagonistas y los habitantes de Huasca. Ahora, en el 2015, el apoyo del PACMyC se repitió con la intensión no solamente de hacer una reimpresión (corregida y aumentada) más numerosa del volumen, sino que además pretendiendo que de su venta se desarrolle un fondo editorial que permita difundir en publicaciones dirigidas a los niños la historia de Huasca.

“Nuestros abuelos: la historia viva de Huasca” comienza dando referencias geográficas, topográficas e históricas del pueblo, para luego dar paso a los testimonios de los abuelos que se nutren con fotografías y documentos que salieron de los álbumes familiares para convertirse en imágenes con gran valor histórico. El volumen remata con un bellísimo cuento de la misma María Ruíz, un poema escrito en 1955 por el señor Emilio Luna y un apéndice con la lista completa de los presidentes municipales que ha tenido Huasca, además de un glosario.

En su conjunto, se trata de una obra donde se aprecia la dedicación de su autora para rescatar la memoria de su pueblo, no solamente para los que estamos aquí, ahora, sino sobre todo para los que vendrán después de nosotros y que seguramente tendrán un interés parecido al nuestro por saber de dónde vienen, enterándose de paso hacia dónde van. Condensa  en sus páginas deseo más elevado de su autora: que Huasca mejore como pueblo, pero sobre todo como sociedad, reconociendo lo que se ha hecho en el pueblo y quiénes han participado en ese devenir para hacerlo mejor.

En las páginas de este libro el lector podrá encontrar historias de vida que fueron atesoradas en la mente y el corazón de estos abuelos que, compartiéndolas,  ganaron la batalla contra el olvido y dieron forma al pasado colectivo de uno de los lugares más mágicos de nuestro estado.


A la venta en las librearías pachuqueñas “Dragones y dinosaurios” y “Mr. Book”; y en casi cualquier negocio de Huasca.

martes, 19 de mayo de 2015

Menes Llaguno dará conferencia sobre historia minera


Este miércoles 20 de mayo, el historiador Juan Manuel Menes Llaguno ofrecerá la ponencia “Visión gráfica de la historia minera de la Comarca Pachuca Real del Monte”, como parte del Ciclo de Conferencias de la Academia Hidalguense de la Historia. La cita es en el Teatro Guillermo Romo de Vivar, en punto de las 18:00 horas.

El cronista del Estado de Hidalgo nos presenta esta conferencia mediante un apoyo de fotografías, dado que Juan Manuel Menes es un asiduo coleccionista de imágenes antiguas de Pachuca, Real del Monte y en general de toda nuestra entidad.

En cada ciclo se abordan aspectos relevantes de la vida en nuestro estado, los hechos que forjaron nuestro actual presente y se analizarán los sucesos más destacados de Hidalgo con respecto al entorno nacional.

La academia está integrada por 11 historiadores de gran trayectoria en la entidad, con diversas publicaciones y conferencias que dan cuenta de los temas que integran las áreas de su interés, desde la época prehispánica hasta nuestros días.

Juan Manuel Menes Llaguno (Pachuca, 1 de mayo de 1948) es fundador y miembro de número de la Academia Hidalguense de la Historia y del Consejo Estatal de la Crónica del Estado de Hidalgo. Desde 1983 cronista vitalicio del estado, considerado como uno de los historiadores más minuciosos y respetados por la realización de sus investigaciones que abarcan temas culturales de historia regional.

Es un abogado destacado que se ha desenvuelto en los tres poderes del estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Cuenta con un postgrado de Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México y por el Colegio de México y una especialidad en Sistema Acusatorio Adversarial en México, por el Instituto Nacional de Ciencias Penales.

Las próximas conferencias:
Este ciclo de conferencias continuará con las siguientes fechas: el miércoles 27 de mayo toca el turno de Luis Corrales Vivar con “El convento franciscano de Tepeji del Río”; para el 3 de junio       será José Vergara Vergara quien hable de “Dos planos de Pachuca de la segunda mitad del siglo XIX”; finalmente, el 10 de junio Javier Ortega Morel charlará “Efectos de la Primera Guerra Mundial y la Revolución Mexicana en la minería de Pachuca y Real del Monte”.



“Este programa es público, ajeno a cualquier partido político. Queda prohibido su uso para fines distintos a los establecidos en el programa”.

lunes, 18 de mayo de 2015

Canadá, Francia y Brasil, esta semana en la 58 Muestra de Cine en Pachuca

*Proyectarán Cautiva, El pequeño Quinquin y El niño y el mundo



Excelentes producciones cinematográficas se proyectarán esta semana como parte de la 58 Muestra Internacional de Cine en el Teatro Guillermo Romo de Vivar: la primera de ellas el jueves 21 de mayo titulada Cautiva, hecha en Canadá; la segunda será El pequeño Quinquin, de Francia, el viernes 22 de mayo, y la tercera será El niño y el mundo, producida en Brasil, el sábado 23.

Cautiva, dirigida por Atom Egoyan, se proyectará en funciones de las 15:00, 17:00, 19:00 y 21:00 horas. Sinopsis: Ocho años después de la desaparición de Cassandra, algunos indicios perturbadores parecen indicar que aún está viva. La policía, sus padres y ella misma, intentarán elucidar el misterio de su desaparición. Thriller psicológico que explora los efectos de la ausencia y el pasado, vistos a través de las relaciones aún entrelazadas entre la víctima, sus padres, el secuestrador y los investigadores. Desde este punto de oscura devastación, la película parece preguntar: ¿es posible la redención en este mundo tan grotesco?

Atom Egoyan (El Cairo, Egipto, 1960). De origen armenio, a muy temprana edad viajó a Canadá, donde creció y se educó. Su obra incluye más de una docena de largometrajes, cortometrajes y episodios para televisión, además de instalaciones presentadas en museos como el de Arte Moderno de Oxford y en la Bienal de Venecia. En 1996 incursionó en la dirección de ópera con la puesta en escena de Salomé; y también es autor de varias publicaciones. Su procedencia étnica y multicultural está en el fondo de todas sus historias. Sus películas exploran la manera en que las relaciones humanas son corrompidas por la omnipresencia de la tecnología y algunas de ellas siguen estructuras sin linealidad cronológica, en las cuales los acontecimientos se organizan de manera no secuencial con el fin de provocar reacciones emocionales en el espectador ocultando la clave de la historia.

El pequeño Quinquin (200 minutos de duración) se presentará en funciones de las 15:00 y 19:00 horas. Sinopsis: En un pueblo al norte de Francia, unos extraños asesinatos atraen la atención del comandante Van der Weyden. Junto al teniente Carpentier, empieza a seguir la pista del probable autor material de los crímenes. Sin embargo, también tendrán que lidiar con un curioso grupo de bandidos liderados por Quinquin, un chico astuto y rebelde. En un giro tremendo en su filmografía, Bruno Dumont vira hacia la comedia en este proyecto para televisión convertido en un largometraje, y nos entrega una historia cuyo humor se balancea entre el terror y la bufonería.

Bruno Dumont (Bailleul, Francia, 1958) es el director. Estudió filosofía griega y alemana en la Universidad de Lille, en el norte de Francia, y fue profesor de esa área en Hazebrouck antes de dedicarse al cine. Por su primer largometraje, La vida de Jesús, fue considerado una gran promesa dentro de la cinematografía de su país. Ha sido galardonado dos veces con el Gran Premio del Jurado en Cannes, por La humanidad en 1999, y por Flandres en 2006. Su trayectoria incluye más de cuarenta comerciales, varios cortometrajes, así como siete largometrajes y una miniserie para televisión. Su particular uso del paisaje destaca en sus películas, en las que se ha centrado en la búsqueda de la esencia humana dentro de contextos sociales violentos. El pequeño Quinquin es su primer proyecto para televisión, un trabajo conformado por cuatro capítulos, con una duración de 52 minutos por episodio.

Finalmente, El niño y el mundo (de Alê Abreu), se proyectará en funciones de las 15:00, 17:00, 19:00 y 21:00 horas. Sinopsis: Un niño que sufre por la falta de su padre, quien ha dejado a la familia para irse a trabajar a algún lugar distante, sale de la aldea donde vive para descubrir un mundo fantástico, dominado por animales-máquina y seres extraños. El niño y el mundo es una animación realizada con diferentes técnicas audiovisuales, que del collage a los gráficos computarizados, retrata los problemas del mundo moderno y el contraste entre el campo y la ciudad a través de una mirada singular.

Alê Abreu (São Paulo, Brasil, 1971). Formado en Comunicación Social y autor de libros ilustrados, comenzó a realizar pequeños trabajos animados desde principios de los 90. Ha desarrollado diversos proyectos de publicidad para empresas como Nestlé e ilustrado para numerosas revistas, periódicos y libros clásicos de la literatura brasileña contemporánea como O Mistério do Cinco Estrelas, de Marcos Rey, y O Menino que Espiava prá Dentro, de Ana Maria Machado. Su primer largometraje, Garoto Cósmico, basado en su libro de ilustraciones del mismo nombre, fue estrenado en cines de Brasil y lanzado en DVD en países como Venezuela e India; mientras que su cortometraje Passo fue exhibido en los festivales de animación más importantes del mundo. En 2007 Abreu fue uno de los artistas homenajeados en Anima Mundi, el mayor festival dedicado a la animación en Latinoamérica, donde se proyectó una retrospectiva de su trabajo. Su segundo libro de ilustración Mas Será que Nasceria a Macieira? fue lanzado a la venta en 2010 por la prestigiosa editorial brasileña FTD.



“Este programa es público, ajeno a cualquier partido político. Queda prohibido su uso para fines distintos a los establecidos en el programa.”

jueves, 14 de mayo de 2015

La hoja y la mirada: La espiral de la tristeza y el trastumbo


Después de trastumbar el olvido / la noche se enciende, papá.

La literatura es una suerte de milagros. En ella ocurren los más inverosímiles encuentros, desencuentro y coincidencias. Es por ello que no me extraña tropezarme con un libro que conozco a la perfección pero que me sorprende como chubasco vespertino. Se trata de “La tristeza de Papá Sabino” de Venancio Morten Neriah. El poemario ha alcanzado ya su cuarta edición, algo nunca antes visto en un libro de poesía publicado en Hidalgo, la cual ha sido auspiciada por el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo. Las tres ediciones anteriores, fueron posibles gracias al apoyo del PACMyC (la primera) y de Bayron Gálvez y Eva Beloglovsky (la segunda y la tercera) a través de la independiente alb@tros PRESS.

“Papá Sabino”, como cariñosamente le llamamos al libro quienes hemos estado alrededor de él y de su autor, es un poemario vigoroso y potente, alejado del cliché “indigenista”, sino verdaderamente basado en una tradición poética del Valle del Mezquital, que sirve de abrevadero para que Venancio hable de lo que le duele, lo que le cala en su historia de vida, pero también como ventana a través de la cual le grita al mundo la belleza del infortunio.

¿Dónde voy a encontrar tus ojos, /hoy que la muerte /canceló los astro que habitan la negrura?

Existe una pléyade de escritores que comenzaron a arrastrar la pluma con la única esperanza de que su amigos los quisieran más. Desde García Márquez hasta quien esto escribe, fuimos movidos por el mero deseo de agradar a otros con nuestras historias. Venancio Morten Neriah también pertenece a este club, donde la soledad es la tierra para la semilla de su escritura y al mismo tiempo el agua que la riega y la hace crecer en una flor que la aniquila.

Si supieras papá, tengo tanto qué contarte: se llama Laura y tú nunca la amaste, porque la vida no te dio tiempo de toparte con la altura de sus senos de gaviota herida. Fui yo quien la encontró, así nomás, como suceden las lluvias de mayo.

La nueva edición de “La tristeza de Papá Sabino” tiene un rostro distinto pero el mismo corazón. Su portada se ilustra con una fotografía de Homar Alamilla, un muro de cardones que se abre ante los ojos del lector. En su interior, conserva los diez textos de las ediciones anteriores, pero además incluye cuatro nuevos (un poema y tres prosas poéticas), entre ellos “Trastumbo”, que originalmente fue una plaqueta aparecida como segunda obra del autor. En su conjunto el nuevo “Papá Sabino” ha crecido, mostrando otras matices en la voz poética de Morten Neriah;  el padre como figura y como ausencia sigue apreciándose entre los versos, el Valle como personaje y como destino no deja de arraigar el corazón del poeta, el futuro no deja de ser un lugar vacío y lejano. Una nueva distribución, tanto de los textos como de las fotografías interiores, les dan un aliento distinto, igual pero distinto, si cabe la generosa contradicción.

Dile a los viejos que vinieron siguiendo una voz muy alta; /pregúntale a su piedras, /diles que por donde nos vamos (…) /¿Cómo le hacemos para que no nos olviden?

El poemario, un hito en la poesía local, ha caído en una espiral, no que desciende, por el contrario, que sube para acompañar en su vuelo a la poesía de Venancio, quien con este libro ha alcanzado un lugar irrenunciable en las letras hidalguenses, sus textos son ya un referente para la gente del Valle, esa que vive ahí, la otra que vivimos fuera, pero que siempre lo llevamos metido en el pecho como espina indeleble.

Aquí vinieron a enterrar mi ombligo, /la noche aquella en que comparecí muy tarde. /Me trajo un águila negra en vuelto en su zarape; se vino por el filo de los cerros /desgranando mazorcas y rezando (…)

Pero su destino, el del libro, no termina ahora, con esta edición; se prepara ya una nueva, pues demás, “Papá Sabino” se ha convertido en un libro muy vendido, llegando en cada edición rápidamente a los linderos del “Sold out”.

Qué sola se ha quedado esta calle desde que te fuiste; perdimos la algazara que nos defendía del frio de la ciudad y sus tinieblas //Un día feroz, vendrá con un xoloscuitle en la mano, a tocar a mi puerta, y la calle tendrá gusto a nardos frescos y café (…)


Me tocó revisar y editar las primeras tres ediciones de este libro. Ahora, sin estar totalmente ajeno de esta cuarta, lo encuentro  y me deslumbro con su perfección, con la profundidad de sus versos, con la luminosidad de su tristeza; lo disfruto como quien reencuentra a un viejo amigo, al cual le presentó un hermano.