sábado, 4 de diciembre de 2010

Gelman y Gamoneda: la poesía brilla en la FIL

Milenio

Los une la palabra, la pasión por ella, pero también los une una vieja amistad que se hizo patente en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde intercambiaron elogios y poesía, pero también produjeron risas entre los asistentes a una mesa que en su nombre lo decía todo: Poetas del Cervantes: Juan Gelman y Antonio Gamoneda.

El encuentro de dos grandes sostenidos por la humildad y, en esta tarde, por el humor. Y Juan Gelman lo empezó todo: “No soy un gran poeta, soy un poeta mayor, acabo de cumplir ochenta años. Lo único que me consuela es el tango, porque cuando dicen que 20 años no es nada, 80 son cuatro veces nada”, dijo el argentino.

Presto, Antonio Gamoneda se unió al juego al asegurar que, en su caso, es “un poeta menor, porque me faltan seis meses para cumplir 80”. La poesía tuvo su espacio en el encuentro editorial, muchas veces dominado por los narradores, y contra lo que muchos hubiesen pensado, porque los lugares comunes suelen aparecer, con tal éxito que hubo quienes de pie permanecieron atentos a esas dos voces poéticas.

Guiados en el diálogo por Antonio Colinas, se lanzó la pregunta de la pertenencia a alguna generación: el español se dijo lejano de alguna en particular, lo que no tiene mérito ni demérito alguno, se produjo con naturalidad, mientras el argentino señaló que no cree en las generaciones, cree en los poemas.

“No creo en las generaciones, creo en los poetas; hace 30 siglos, uno de los poemas anónimos que por primera vez recogió la escritura china habla de un pastor que está a una distancia infinita, de manera que está en la madrugada, bajo el cuidado del ganado, y piensa que su mujer está en el hogar al lado del fuego: él escucha el sonido de sus tijeras bajo la noche profunda. Me parece un verso bellísimo y nadie sabe a qué generación o degeneración perteneció el poeta.

Poetas mayores

Antonio Gamoneda obtuvo el Premio Cervantes en 2006; el mismo año había obtenido el Premio Reina Sofía. Juan Gelman fue galardonado con el Reina Sofía un año antes, en 2005, y en 2008 con el Cervantes. Dos poetas mayores, aunque piensen lo contrario, juntos en un espacio que atrapó el interés de jóvenes y adultos: nada como ver a jóvenes sentados en el suelo, con un libro en las manos, a la espera de lograr una firma de su poeta.

“Hay callejones de la lengua castellana que no se han cerrado todavía, está ahí, latiendo y aún nos dan de comer”. Palabras de Juan Gelman, de quien Gamoneda manifestó una gran admiración: un poeta perteneciente al grupo de poetas que son de raza: “Un animal que tiene que responder a ciertas compulsiones biológicas, un ser humano que no puede ser otra cosa que poeta”.

Un juicio evadido por el argentino: lo miró, sin dejar de sonreír, sólo para voltear la moneda: “Gamoneda realmente pertenece a la raza que acaba de definir y creo, también, que a diferencia de los sofistas que intentan encontrar razón en las ambigüedades, lo que Antonio explora son las ambigüedades de la razón, con una fuerza emotiva y una lengua a mi juicio extraordinarias y nuevas”.

Después vino la poesía: primero Juan Gelman leyó un poema de Gamoneda; después Gamoneda leyó un largo poema suyo y, al final, Gelman hizo lo propio. Y sólo unos cuantos se atrevían a salir de la sala, atrapados por dos voces graves, dos poetas que no leen, viven su palabra.

Dos poetas mayores, aunque uno de ellos no haya cumplido los 80 años: quizá los Aconcagua de la poesía escrita en lengua castellana, aun cuando Juan Gelman dice seguro que no existe un solo Aconcagua, sino toda una cordillera.

Fraternidad hispana

Ante todo buscaba ser un diálogo entre ambos, dejar testimonios de su poesía, el cual intentaba guiar el poeta español Antonio Colinas, con poco éxito por momentos, pero con la posibilidad de reflexionar en torno a los maestros que tenía a su lado.

“Ellos han venido también a quebrar el tópico de las generaciones poéticas, una práctica que sí, evidentemente tiene un utilidad didáctica o, a veces, incluso una utilidad interesada, pero nada más: salen indemnes de cualquier prueba generacional y es más, creo yo que no tienen necesidad de esa prueba, por la autenticidad de sus obras, la gravedad de sus mensajes y el hondo humanismo que en ellas late les conduce a una originalidad que es muy suya.”

Fueron las palabras de Colinas, una introducción a su poesía, a una obra que refleja la fraternidad entre España y México, de todos los países que hablan o escriben en español, “una fraternidad que nos fortalece, que nos dignifica en un mundo en el que las desarmonías sociales no cesan y en el que la naturaleza sigue sometida a continuas alteraciones y saqueos”.

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