viernes, 16 de octubre de 2015

Grandes historias con bajo presupuesto (La hoja y la mirada)




He comenzado a pensar que nos gusta que nos engañen. Que en realidad, cuando metemos los ojos a un libro estamos ansiosos de ser engañados, pero no timados, que es distinto. La literatura de ficción es un contrato engañoso en que el autor se compromete a convencernos de lo inexistente, aunque real; por nuestra parte los lectores quedamos a tiro de piedra para que nos convenzan del engaño, nos comprometemos a no movernos, a estar al alcance de cada página que vamos avanzando; cuando el contrato se cumple, llega la felicidad. O algo parecido a ella.

 “Cuentos de bajo presupuesto” de Rafael Tiburcio García, fue editado en el último mes del año pasado por el Conejo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo, por ser el texto ganador del Premio Estatal de Cuento Ricardo Garibay 2014. Es el ejemplo perfecto del contrato del engaño, de la felicidad adquirida en la lectura, del disfrute, de la elocuencia del gozo.

El humor se nota desde el título y la ironía dese la primera historia. Se trata de una colección de nueve relatos que navegan entre el relato negro, la meta-ficción (como bien apunta Omar Herbertt en la cuarta de forros), la historia de amor y la epopeya post-apocalíptica. Su personajes, delineados con sencillez que no simpleza, pueden no solo observarse a través de los relatos, sino olerse, escucharse, sentirse; cada cuento discurre de principio a fin con un dejo de perfección, como si cada historia no tuviera más remedio que ser contada por el autor, este autor, ningún otro. En el conjunto se nos aparece una avistamiento de las constelaciones discursivas que conviven en la mente del autor: el western, la novela negra, los comics, la literatura fantástica. 

Sus personajes, provenientes de distintas épocas y extractos sociales, habitan o provienen todos de una misma ciudad, Agnosia (una especie de alter ego de Pachuca), la cual nos ofrece los mismos lugares que conocemos, los mismos alrededores llamados igual, y las mismas razones para suponer que lo que ocurre dentro de estas páginas, en realidad nos ocurre rededor. Todos aquellos que habitan “Cuentos de bajo presupuesto” y todo lo que les ocurre, se cruzan con nosotros en la calle baje el sol y el viento helado que acostumbran. Lo mismo teiboleras que hijas buenas, reporteros seriales que estupros imposibles de comprobar, los mismo máquinas del tiempo que la última coca-cola del desierto (o del mundo), lo mismo mascotas de ojos vacuos que escaleras que llevan al porvenir (¿o será el pasado?); cada cuento está trazado con detenimiento, sin falsas retóricas ni rebuscados intentos de complejidad. Cada una de las historias contiene un universo propio, un estilo narrativo determinado que no se repite a lo largo del volumen; como si fueran una serie de cortometrajes que se van proyectando en la mente del lector; es ese, el estilo “cinematográfico” con el que están barnizados los cuentos, sobre todo el último que desde el título determina su personalidad, la de ser un historia de Serie B.
 
Con este su primer libro, Rafael Tiburcio García se posiciona como un narrador eficiente y efectivo, el más imaginativo tal vez de los cuentistas hidalguenses. Es pulcro y preciso en el uso del lenguaje y adereza sus historias con referencias musicales, literarias y hasta automotrices; hace en ellas profundos análisis sobre la vida, el tiempo, la ciudad como espacio compartido y misterioso, el futuro como un páramo maleable e indeterminado pero posible siempre. Rafael ya nos había coqueteado con poemas y cuentos incluidos en antologías, pero nunca el descaro de su engaño nos había cautivado tanto como ahora.

Al concluir con la última página de este “cuentiario” se antoja que llegue ya la secuela, pero en el entendido que segundas partes nunca fueron buenas, lo que se desea es un nuevo libro del autor. Hacemos votos para que pronto llegue.

lunes, 12 de octubre de 2015

Paola Velasco, en "Escrituras alternas"



El Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo, mediante el Centro de las Artes, continúa el programa Escrituras Alternas. Conversaciones literarias. La siguiente sesión contará con la participación de Paola Velasco, y será el próximo jueves 15 de octubre a las 18:00 horas en la Sala Abundio Martínez. Modera el poeta Diego José.

Paola Velasco es ensayista y crítica literaria nacida en Xalapa, Veracruz, en 1977. Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Facultad de Letras Españolas de la Universidad Veracruzana. Realizó la Maestría en Literatura Latinoamericana en la UNAM.

Es autora de Las huellas del gato (2006). Coautora de Arqueologías del centauro. Ensayos sobre Alfonso Reyes (2009), El hacha puesta en la raíz (2006), José Emilio Pacheco, perspectivas críticas (2005), entre otros.

Con el propósito de proporcionar al público interesado en la literatura (lectores y escritores) un acercamiento creativo con los autores emergentes de la literatura mexicana con el fin de indagar respecto a los procesos creativos, y de interesar al público general en la lectura de los escritores más representativos de las nuevas generaciones de literatos mexicanos, Cecultah, a través del Centro de las Artes, comienza este proyecto, que consiste en un ciclo de charlas con escritoras y escritores invitados, a través de sesiones mensuales.

La dinámica de trabajo es la siguiente: se realizan entrevistas a fondo con los y las representantes más destacados de la literatura reciente en nuestro país, respecto a sus procesos creativos, su experiencia literaria y su relación con los medios editoriales. Además, se lleva a cabo una lectura ilustrativa de los procesos creativos de los autores invitados y al final se plantea desarrollar un diálogo de los estudiantes y asistentes con las autoras invitadas.

Para mayores informes, los interesados pueden acudir al Centro de las Artes (Plaza Bartolomé de Medina s/n, Exconvento de San Francisco, Pachuca) o comunicarse a los teléfonos: (771) 7142508 y 7142853 y al correo electrónico: fortalecimientocentroartes@gmail.com.

jueves, 8 de octubre de 2015

Ramsés Salanueva, el viajante y su crepúsculo (La hoja y la mirada)



tú escribes poemas distantes / sobre las líneas del confín, / bendice el horizonte / de tu lejanía.

Los libros tienen vida propia. Y aun cuando la afirmación pueda parecer exagerada, es cierta. La vida de cada libro comienza mucho antes de su existencia como tal, desde que el autor lo conceptualiza y lo va desmarañando de su mente y enmarañándolo en su imaginación; su vida conceptual termina cuando al fin, tarde que temprano, su autor comienza a construirlo con palabras sobre el papel. Es en todo ese proceso en que el libro le pertenece enteramente al escritor, es todavía suyo, incluso, cuando al terminarlo, recorra el sinuoso y largo camino para su edición. A partir de ahí, de su publicación  por ende de su existencia plena como libro, tendrá una vida propia y compartida ya con los lectores y no más con su autor.

La vida de “Cuaderno para estudiar el viaje” ha sido larga. Este libro existe desde mucho antes de que Ramsés Salanueva lo concibiera; estaba latente en lo más profundo de su esencia poética y al mismo tiempo atado inexorablemente a su destino. Escuche de él cuando Salanueva volvió del viaje donde comenzó a escribirlo, durante los convulsos devenires que fueron construyendo los poemas que lo complementaron y me alegra muchísimo encontrármelo ahora, por sí solo, habitando las estanterías y las miradas de los lectores, particularmente como semoviente de mi lectura, la cual sembró en mí el privilegio de no poder guardar silencio frente a él.

“Cuaderno para estudiar el viaje” (opera prima del vate) se construye del viaje, no de “un” viaje cualquiera,  sino de “el” viaje, emprendido por el poeta para conocer a la descendencia de su paisano (de terruño y de oficio) Efrén Rebolledo. La relación Salanueva con Rebolledo es añeja e íntima, más cercana que la que pudiera establecer cualquier otro escritor en Hidalgo. Fue así que Ramsés puso su mirada en la península y su capital Oslo, que junto con el continente, tan viejo como anhelado, se convirtieron en el paisaje de una historia que Salanueva atesoraba en su interior y que solo podía ser descubierta entre el hielo y las ciudades con nombres impronunciables. El poeta, un hombre de desierto conquistando con su palabra una parte congelada del mundo, descubre y describe a los encontrados y los lugares que habitan, mostrándose a través de ellos, alcanzando entre versos el objetivo de su  procesión nórdica: fue para no crear evidencia del futuro, par ano suponer siguiera, la fascinación de mi sombra, al verse creada por otra luminiscencia.

El poemario, editado con sencillez y elegancia por el CECULTAH, está dividido en cuatro secciones: “I. Cuaderno para estudiar el viaje”; le da título al volumen y es ahí donde encontramos los pormenores del viajero que se admira ante la distancia, ante lo descubierto y ante lo aprendido, imprimiendo en sus versos lo mismo ironía que belleza, negándose en todo momento a la liviandad del turista, por el contrario, asumiendo siempre la sentencia del conquistador conquistado: 

pudimos cruzar sin brújulas / surcar por destino o vacación / todo lo que estaba perdido desde antes.

“II Diáspora de espinosos materiales”; la soledad, el pecado, la condena y la absolución son los materiales con que el poeta reflexiona sobre la condición humana, la suya y la que comparte con el resto del mundo, develando su lado más obscuro, es decir, el más luminoso:

Hasta que solo quedó el polvo con que fueron hechos los planetas y los hombres /  y fue revelado el logaritmo  por el cual las cosas son posibles a pesar de su existencia

“III. Comentarios sobre el volátil descenso de Ícaro”; el poeta está convencido, como Robert Graves, de que el primer verso lo dictan los dioses, y lo usa para crear su propia mitología, abigarrada y reveladora, resultado de todos los héroes y las musas que se han apoderado de él en las lecturas:

Un sigilo tiende urdimbres al vacío / para salvar el grito de nuestra caída

“IV. Poemas para la Monstrua”; alquimista de la palabra, Ramsés nos regala en el último apartado poemas inconmensurables sobre el amor y sus consecuencias, disparando todos sus versos cargados de un elegante pero franco erotismo, a un mismo objetivo, una mujer cuyo nombre tiene prohibido revelar pero cuya pasión lo hunde en el más obscuro de los abismos que es la poesía, haciéndonos testigos de ello:

Y que jamás te dije suficientes pájaros para resarcir la aurora. / Me parece que todavía quedan evidencias de lo que te predije.

Ramsés Salanueva es un poeta fundamental, hermano mayor de la generación setentera de los escritores hidalguenses, es heredero, natural y asumido, de la tradición literaria de Efrén Rebolledo y ha logrado una voz poética, áspera y poderosa, propia y determinante para convertirlo en un escritor por demás importante en la literatura mexicana actual. Supo esperar con paciencia providencial el momento justo para publicar y lo ha hecho con un libro cuya vida más allá de su autor se antoja todavía más larga y fructífera.

Por todo esto y más, es que resulta extraño (por decirlo menos), su ausencia en la programación de la reciente XV Feria del Libro Infantil y Juvenil, siendo además un autor publicado por el propio Consejo. Habremos de esperar, como él lo hizo, otra oportunidad para escucharle escupir su crepúsculo.

mi verso fue / la primera señal del amanecer / mi poesía es / un crepúsculo.