jueves, 23 de enero de 2020
viernes, 17 de enero de 2020
El mundo secreto del Puxk’uai
Conocer la cosmogonía de los pueblos originarios de nuestro
país representa una gran oportunidad para sumergirnos en un mundo lleno de
simbolismos, donde la relación con la naturaleza es precisa para explicar la
existencia del hombre; no representa un viaje al pasado, nada más equivocado
que eso, significa una experiencia en culturas vivas que a la par, o a veces en
contra, avanzan con la mal llamada “modernidad” de occidente, en muchos casos
esta manera ancestral de ver el mundo supera o se superpone a la telaraña
caótica de teléfonos inteligentes, tabletas y redes sociales.
Una de estas exploraciones está contenida en el libro
“Puxk’uai. Un ser de la oscuridad en la cosmovisión otomí” del joven investigador
Víctor Manuel Caro Sevilla, en el cual aborda la leyenda del Puxk’uai o bruja
que dice; todos los seres humanos tenemos un espíritu de la bruja o el nahual,
ese espíritu (femenino y maligno), es un animal que se transforma, pero si
intentamos matarlo, también vamos muriendo.
Este ser de la oscuridad está íntimamente ligado con las
creencias de la región otomí de Tenango de Doria y toma diversas fisonomías,
como una cigüeña, como murciélago, un guajolote o un zopilote (entre otros
animales), todos negros, todos con alas que permanecen en la mitología de los pobladores
y la cual se ha mantenido como un vínculo intergeneracional.
Víctor Manuel se dio a la tarea de entrevistar a pobladores
cuyas edades oscilantes entre los 38 y los 83 años (capicúa cabalístico) para
conocer a través de la tradición oral las variantes y las evoluciones que la
bruja y los seres propios de la oscuridad habían tenido en el ideario local. De
esta manera logró obtener descripciones y anécdotas que no solamente encerraban
intriga y espanto para quienes las vivieron, sino también una interesante e
indisoluble relación de los vivos con los ancestros, con su entorno y con la
muerte. El investigador complementa las declaraciones con dibujos de los
propios participantes donde los elementos característicos se mantienen; el
cerro de donde el Puxk’uai baja, el fuego y el humo para que se transforme, o
el pie que la bruja se corta y deja en tierra cuando se transforma en animal en
el que se aprecia el otro pie humano. Se aparecen en los techos, en las
ventanas, acechan a hombres y mujeres para hacerlos morir induciendo el sueño,
duermen también a los perros para que no delaten su presencia a ladridos; las
narraciones, todas, encierran una riqueza cultural inconmensurable.
Las historias compiladas en tres comunidades y la cabecera
municipal de Tenango de Doria son un tesoro de la memoria y la tradición de una
región sumamente interesante para realizar investigaciones de este tipo pues
ahí confluyen diversas lenguas como otomí, náhuatl, tepehua, totonaco y español
con población tanto indígena como mestiza. Así lo señala en la presentación
Jacques Garlinier, etnólogo francés quien desde hace cincuenta años ha dedicado
sus investigaciones al mundo otomí de la Sierra Madre Oriental y que es
considerado una eminencia en el tema. Garlinier también destaca el valor de
esta investigación coma la oportunidad de conocer la “vida nocturna” de los
campesinos como una forma de adentrarnos más en su mirada y su experiencia de
vida en una región que solo puede describirse como paradisiaca.
La publicación apareció recientemente gracias a la edición
por parte del Instituto Humboldt de Investigaciones Pluridisciplinarias en
Humanidades A.C., establecida en Ixmiquilpan; la asociación alemana Ánimo e.V.,
Asociación para la comunicación intercultural con México; el Colegio del Estado
de Hidalgo y la Universidad Intercultural del Estado de Hidalgo y está basado
en el trabajo de titulación de Caro Sevilla como licenciado en Legua y Cultura.
Víctor Manuel Caro Sevilla nos regala pues un libro extraordinario
de interés académico pero también un libro para aquellos lectores interesados
en conocer más de las tradiciones y la cosmovisión de aquellos que sabiamente creen que el
bienestar y la integridad del cuerpo dependen de la relación con nuestros
ancestros.
martes, 14 de enero de 2020
viernes, 10 de enero de 2020
El sangriento parapeto de la guerra
Foto: plumasatomicas.com
De niño crecí pensando que solamente viviría veinticuatro
años. Era esa la edad que cumpliría en el dos mil, año en el que se decía se
terminaría el mundo. Al llegar a la ansiada juventud y una vez obtenido una
llave de la puerta de mi casa, que para mí se traducía en el permiso de mis
padres para volver tarde o no volver, la certeza de una vida corta se
transformó en mi licencia para darle vuelo a la hilacha. La hilacha se
desmadejó en interminables noches de excesos y escritura, mujeres y
desilusiones. Sin embargo, conforme me acerqué a la fatídica fecha la seguridad
del fin inminente se fue diluyendo hasta desaparecer por completo. Tal vez,
conforme los noventas se acercaban a su fin lo que se presentaba ante mí era un
futuro consolidado en la oportunidad pero también en las exigencias, siempre
con un as de desencanto bajo la manga. Mi cumpleaños 26 de tomo por sorpresa. Debo
confesar que con cierto enfado me di cuenta en ese momento que viviría mucho
más.
Esta última sensación aparece en mí cada vez que en el
ambiente mediático aparecen noticias apocalípticas, ya sea con una fecha
dictada por un fanático como límite para la civilización o bien, una hecatombe,
ya sea bélica o ambiental, que pudiera borrarnos de una vez por todas del
planeta. Es como si estuviera seguro de tener la corazonada adecuada cuando
alguna de estas noticias fuera cierta y volver a la certeza infantil del fin
del mundo; como se sabe, nadie verdaderamente sabe cuándo ocurrirá.
Sin embargo, durante los últimos días las noticias de la
muerte del militar iraní Qassem Suleimani despertó las alarmas de los
estudiosos de la escatología pues los miembros en conflicto han sido señalados
como los protagonistas primordiales que desencadenen el fin de los tiempos. Si
bien el asesinato ordenado por el presidente Trump tienen todo el sello alevoso
y perverso de los gringos, a botepronto parecía solo una argucia de empresario
que ocupa la Casa Blanca para evitar que el proceso de destitución (sé que no
suena tan dramático como “impeachment”, pero es castellano) emprendido por el
congreso norteamericano lo enlistará junto a Nixon en la lista del ostracismo
histórico; ningún presidente ha sido destituido o ha perdido una reelección
estando los Estados Unidos sumidos en un conflicto bélico. Pese a esto, el
suceso nos tuvo con el alma en un hilo en las siguientes horas, sobre todo
cuando se fue dilucidando la importancia del personaje muerto en la geopolítica
del Medio Oriente y la heroicidad que se le asignaba a su imagen popular. El
siguiente movimiento tenía que ser la venganza iraní y según su tamaño
designaría el sentido de mi corazonada apocalíptica, la cual a decir verdad sí
me estaba preocupando.
Al cabo de unas horas la instrucción del Ayatola fue
vengarse a manotazos; un ataque descuidado, sin tino, con misiles a la base
militar norteamericana más grande en Irak, la cual, sobra decirlo, no causo
bajas ni daños considerables. Resulta extraño que, el único ejército de la
región que ha logrado hacer frente y derrotar en varios frentes al ISIS,
tuviera un actuar tan poco efectivo, ¿o será el objetivo era precisamente “no
darles”? Así parece. La vuelta de tuerca para que mi corazonada apocalíptica
diera un giro al dial y se posicionara en la corazonada de la rabia fue la
manera tan mansa de la respuesta del gorila de cabello naranja (creo que nunca
se le había visto tan calmado).
La respuesta de Trump resultó solamente en sanciones
económicas, incluso con la esperanza (lo cual por supuesto que no está mal) de
tender la mano al contrincante en turno para buscar soluciones al conflicto,
eso sí, sin esperanzas de que desarrollen armas para defenderse. El puro estilo
gringo. Lo que está mal de todo esto es que se confirma que los sucesos de la
primera semana del año no son otra cosa que un montaje, que ha cobrado vida
humanas por supuesto, para que el presidente evada el juicio político y para
atar de manos al segundo país más importante en la producción de petróleo del
mundo, con un objetivo claramente económico (otro rasgo inequívoco del actuar
norteamericano).
Lo que vimos fue pues, una escena más del macabro monólogo
(asistido) con que los gringos controlan el mundo.
jueves, 9 de enero de 2020
viernes, 3 de enero de 2020
Lo que nos dejó el diecinueve
Continúo con la baraja, desordenada, de temas que
despertaron el interés colectivo y personal en las ultimas semanas del ya
pasado año y que he tratado de deshilvanar en las dos últimas entregas de esta
columna, esperando de corazón que usted, apreciado lector, haya pasado una
buena temporada de celebraciones y que la cruda, etílica, personal o
financiera, le sea lo más ligera posible. Sigo.
Cuatro: “Arte-banana”
Al principio parecía un chiste, por supuesto, un mal chiste;
un plátano pegado a la pared con un trozo de cinta autoadherible color gris (mi
hermano menos tenía un grupo de rock que se llamaba así, “Cinta Gris”),
declarado por el autor como una pieza artística se vendió en algunos
milloncejos de dólares. Ver para creer. Que un trozo de basura, o algo que esta
próximo a serlo, sea considerado como arte no es nuevo, lo que es nuevo es la
cantidad de dinero que alguien pago por ello y que esto determine no sólo el
merado del arte, sino el tipo de arte que se produce en este siglo que ya
alcanza la veintena. Peor aún, las personas que fotografiaban con sus teléfonos
móviles la “pieza” como si en verdad estuvieran ante una obra de arte. Sin
embargo, lo único rescatable del episodio es que nos confirma que, a pesar de
todo, seguimos conservando nuestra capacidad de asombro.
Cinco: mantener el foco
El año que se extinguió anteayer fue sellado por el
descontento y la protesta de las mujeres. Cansadas de ser relegadas
históricamente y violentadas sistemáticamente, alzaron la voz. En su
desesperación por ser escuchadas y respetadas cometieron desmanes que
distrajeron la atención pública y que minimizaron, en la mayoría de los
análisis acerca del tema, la gravedad de su situación. Sin embargo, sentaron
las bases de algo que deberá evolucionar de manera más ordenada en este veinte
veinte (por cierto, la RAE dice que no se dice así, sino que lo correcto es
decir “dos mil veinte”) y que merece la pena que impulsemos todos a través de
revisar y entender el nuevo juego de roles que se nos esta presentando como
parejas, familia y sociedad, siendo empáticos y anteponiendo ante todo el
respeto. Todas y cada una de Ellas tiene el derecho de vivir en un país donde
su vida no corra peligro solo por el hecho de ser mujeres.
Seis: nuevos presupuestos, una luz
Después del vapuleo incoherente y desarticulado por parte de
las instituciones federales contra el ámbito cultural, una buena noticia. El
presupuesto en el sector para este año que arranca tuvo un leve aumento de un
poco más de 473 millones para quedar establecido en 13 mil 367 millones 480 mil
531 pesos, lo que da un respiro a las instituciones culturales. Sin embargo,
hay que recordar que a la estructura de la Secretaría de Cultura del gobierno
federal se ha adjuntado el Centro Cultural los Pinos y que los incentivos
fiscales rededor de cultura fueron removidos; estas variantes pueden jugar en
contra del desarrollo cultural este año. Para la Ciencia también se consideró
un aumento de un poco más del 3%, dando también aliento a propios y ajenos.
Algo similar ocurrió en el rubro de Deporte con un aumento de más de 300
millones de pesos. ¿Esto es una muestra, mínima, pero al fin muestra, de que el
presidente comienza a corregir su actitud de desprecio ante la cultura, la
ciencia y el deporte? ¿Al fin tendremos “proyecto”? Ojalá.
Siete: siempre buenos deseos
Antes de terminar reitero mi deseo de que usted, querido
lector, vislumbre esta nueva cuenta de tiempo como la posibilidad de vencer los
augurios pesarosos y que conserve siempre el entusiasmo por mejorar el ambiente
en donde desenvuelva su vocación y su afecto. Que el Señor le traiga luz y
abundancia y que, de vez en cuando, tenga el tiempo y el ánimo de asomarse a
este espacio de intereses polimorfos, en ocasiones monstruosos, pero siempre
bienintencionados. Salud por el nuevo año.
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