martes, 7 de septiembre de 2010

Teoría de Dulcinea

Juan José Arreola

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En un lugar solitario cuyo nombre no viene al caso hubo un hombre que se pasó la vida eludiendo a la mujer concreta.

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Prefirió el goce manual de la lectura, y se congratulaba eficazmente cada vez que un caballero andante embestía a fondo uno de esos vagos fantasmas femeninos, hechos de virtudes y faldas superpuestas, que aguardan al héroe después de cuatrocientas páginas de hazañas, embustes y despropósitos.

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En el umbral de la vejez, una mujer de carne y hueso puso sitio al anacoreta en su cueva. Con cualquier pretexto entraba al aposento y lo invadía con un fuerte aroma de sudor y de lana, de joven mujer campesina recalentada por el sol.

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El caballero perdió la cabeza, pero lejos de atrapar a la que tenía enfrente, se echó en pos a través de páginas y páginas, de un pomposo engendro de fantasía. Caminó muchas leguas, alanceó corderos y molinos, desbarbó unas cuantas encinas y dio tres o cuatro zapatetas en el aire. Al volver de la búsqueda infructuosa, la muerte le aguardaba en la puerta de su casa. Sólo tuvo tiempo para dictar un testamento cavernoso, desde el fondo de su alma reseca.

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Pero un rostro polvoriento de pastora se lavó con lágrimas verdaderas, y tuvo un destello inútil ante la tumba del caballero demente.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Estoy demasiado cerca

Wislawa Szymborska

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Estoy demasiado cerca para que él sueñe conmigo.

No vuelo sobre él, de él no huyo

Entre las raíces arbóreas. Estoy demasiado cerca.

No es mi voz el canto del pez en la red.

Ni de mi dedo rueda el anillo.

Estoy demasiado cerca. La gran casa arde

Sin mí gritando socorro. Demasiado cerca

para que taña la campana en mi cabello.

Estoy demasiado cerca para que pueda entrar como un huésped

que abriera las paredes a su paso.

Ya jamás volveré a morir tan levemente,

tan fuera del cuerpo, tan inconsciente,

como antaño en su sueño. Estoy demasiado cerca,

demasiado cerca. Oigo el silbido

y veo la escama reluciente de esta palabra,

petrificada en abrazo. Él duerme,

en este momento, más al alcance de la cajera de un circo

ambulante con un solo león, vista una vez en la vida,

que de mí que estoy a su lado.

Ahora, para ella crece en él el valle

de hojas rojas cerrado por una montaña nevada

en el aire azul. Estoy demasiado cerca,

para caer del cielo. Mi grito

sólo podría despertarle. Pobre,

limitada a mi propia figura,

mas he sido abedul, he sido lagarto,

y salía de tiempos y damascos

mudando los colores de mi piel. Y tenía

el don de desaparecer de sus ojos asombrados,

lo cual es la riqueza de las riquezas. Estoy demasiado cerca,

demasiado cerca para que él sueñe conmigo.

Saco mi brazo que está debajo de su cabeza dormida,

Mi brazo dormido, lleno de agujas imaginarias.

En la punta de cada una de ellas, para su recuento,

Se han sentado ángeles caídos.

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Versión de Elzbieta Borkiewicz

domingo, 5 de septiembre de 2010

Germán Dehesa, el efecto de toda causa*

Apenas me había acomodado frente a la computadora para redactar esta columna cuando recibí la noticia, vía celular y de voz de mi madre, de la muerte del escritor y periodista Germán Dehesa. Agradecí la información y quedé en silencio por un buen rato. Como muchos de los lectores de Dehesa siento una profunda tristeza, he comenzado ya a extrañar las sonrisas muchas veces convertidas en carcajadas al leer la “Gaceta del Ángel”, su ingenio y su simpatía.

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Recuerdo vívidamente la ocasión que tuve la oportunidad de entrevistarlo en vivo desde el palacio de Bellas Artes para la radio Estatal. Él subía las escaleras hacia la sala donde comentaría las recién publicadas obras completas de Ricardo Garibay (con quien por cierto tuvo una estrecha amistad), cuando recibí la llamada del noticiario nocturno para dar mi reporte del evento. –Tengo a Germán Dehesa para entrevista, méteme–, dije sin dudar. Lo tuve a tiro de grabadora, o mejor dicho de celular, cuando me dieron “quiú” y comenzamos a charlar durante algunos minutos sobre la obra de Garibay. Terminé mi enlace radiofónico y algunos de mis compañeros periodistas, quienes también ya habían rodeado a Dehesa con sus grabadoras y cámaras funcionando, comenzaron a hacerle preguntas sobre temas de actualidad: desde el Big Brother hasta la muerte recién registrada de María Félix. Paciente y cauteloso respondió a todos los cuestionamientos por disparatados que fueron. Se disipó la nube mediática y le estreche la mano agradeciéndole su tiempo y disposición para la entrevista y terminé diciéndole –Mi Madre lo escucha todos los días por la radio (juro que no mentía)–. –Sí claro, eso me dicen todos, que sus mamás me escuchan, pero se atreve a decirme “yo lo escucho”. Cómo si no se divirtieran–. Nos reímos y él se adelantó a la presentación programada. Esa ironía y ese humor lo caracterizaron siempre, convirtiéndolo en una especie de conciencia colectiva sobre los temas que requería un punto de vista distinto. Todo eso que sólo sucede en México y en ningún otro país del mundo, fue la materia prima para su escritura.

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Se nos ha ido un periodista de palabra punzante pero elegante, de pensamientos lucidos y comprometidos, de textos ricos en agudeza y reflexiones. Un caballero de la pluma que pocas veces se encuentra en el torcido mundo de lo moderno. Destacó su trabajo para la radio y la televisión, medios en los que escribió y condujo; fue también maestro universitario y dramaturgo. Obtuvo el cariño del gran público con su famosa columna en un diario de circulación nacional, con su programa de radio que brincó de una a otra estación por cuestión de principios periodísticos y por su intervención, inolvidable, en el filme “Cilantro y perejil” de Rafael Montero. Enarboló causas sociales y señaló defectos y abusos del sistema político mexicano.

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Recibió un sin número de reconocimientos y honores, bien merecidos por supeusto. Entre los más importantes se encuentra el Premio de Periodismo Don Quijote, el cual recibió de manos del Rey de España y la condecoración de “Ciudadano distinguido”, recibida de manos de Marcelo Ebrad hace menos de un mes.

El 25 de agosto pasado, en lo que parecería ser el último Twitter de su dedo y tecla, se lee: “Gracias quiero dar al infinito / laberinto de las causas y los efectos”. Germán fue el efecto de una gran causalidad llamada México. Le echamos ya de menos Maestro.

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*Publicado el sábado 5 de septiembre de 2010, en la sección VOX del periódico Síntesis de Hidalgo.

sábado, 4 de septiembre de 2010

jueves, 2 de septiembre de 2010

Murió Germán Dehesa


El Unviersal



El columnista y escritor, Germán Dehesa falleció este jueves, pasadas las 18 horas en la ciudad de México a la edad de 66 años.


Apenas el jueves de la semana pasada, el escritor reveló que estaba enfermo de cáncer.


En su cuenta de Twitter, el último mensaje anuncia que este viernes recibiría un homenaje en la UNAM a las 20 horas en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón del Centro Cultura Universitario.


El escritor y dramaturgo murió en su casa de la ciudad de México rodeado de sus seres queridos, informó el periódico Reforma, donde Dehesa publicaba la columna “La Gaceta del Ángel”.


El 25 de agosto escribió en ese espacio que “No me estoy despidiendo. Yo espero que falte mucho como para que ocurra algo tan ingrato...”.

Mensaje en una botella de Gabriela Mistral


EL Universal



Unos obreros descubrieron un mensaje escrito por la poeta chilena Gabriela Mistral y enterrado en 1954 en una botella en Montegrande, el pueblo chileno donde la Premio Nobel de Literatura (1945) pasó su infancia, en el Valle del Elqui, al norte de Chile.


Según dijo hoy Lorenzo Torres, alcalde de Paihuano, en cuya jurisdicción está Montegrande, la botella fue encontrada el pasado lunes durante labores de mejoramiento en la plataforma de una plazoleta frente a la antigua casa-escuela del pueblo donde Lucila Godoy Alcayaga (1889-1957) , verdadero nombre de la poeta, pasó sus primeros años de vida.


El mensaje, fechado el 28 de septiembre de 1954, fue escrito, introducido en la botella y enterrado en las bases de un pilar de la plazoleta por la propia Mistral durante su última visita a Montegrande, antes de que en enero de 1957 un cáncer le quitara la vida en Nueva York.


Este martes, el alcalde de Paihuano abrió la botella y mostró el papel, que podía leerse con dificultad debido a que en los 56 años que el escrito ha permanecido bajo tierra la tinta se ha corrido.


"En algunos lugares es ilegible pero se notan perfectamente la letra y la firma de Mistral" , indicó Torres, que explicó que el mensaje se refería a la colocación de la primera piedra de un parque de juegos para niños.


Según el alcalde, siempre se supo de la existencia del documento que llevaba, entre otras, la firma de la poeta que en 1951 recibió el Premio Nacional de Literatura, "pero no el lugar exacto donde se encontraba" .


La municipalidad del pueblo reclama ahora que la reliquia se quede en la ex escuela, que actualmente es un museo, porque "la botella es de la gente de Montegrande" , señaló el alcalde, que espera contar con el apoyo del Consejo de Monumentos Nacionales.


Fuentes de este organismo dijeron hoy que no va a haber un pronunciamiento sobre el tema hasta que se determine si corresponde a su jurisdicción.


Mientras tanto, Montegrande ya ha pedido ayuda para descifrar las palabras ilegibles y para manipular y cuidar el documento, asunto que preocupa especialmente a los expertos.