jueves, 5 de febrero de 2015

La hoja y la mirada: “Tu párvula boca” o la narrativa afilada de Ignacio Trejo Fuentes

Hace algunos años, durante la Feria del Libro Infantil y Juvenil 2003, tuve la oportunidad de conocer y charlar con Ignacio Trejo Fuentes. En aquel año me pidieron entrevistar para la televisión estatal a los escritores más destacados que asistirían aquel año a la Feria. Inmediatamente que leí el nombre de Nacho en el programa general de actividades, lo coloqué al principio de mi lista de entrevistas.

La importancia del personaje es por demás sobresaliente, pertenece a una generación de escritores hidalguenses que se tuvieron que ir como única oportunidad de supervivencia en el mundo de las letras. Comparten esta generación cincuentera, e igual deseo de peregrinaje, escritores como Agustín Cadena, Arturo Trejo Villafuerte y Agustín Ramos, entre algunos otros. Nacho emigró muy joven a estudiar en la UNAM y las oportunidades de trabajo y desarrollo periodístico y literario lo amarraron irremediablemente al Distrito Federal. Mientras él construía una sólida carrera literaria y perfeccionaba su oficio colaborando diaria o semanalmente en distintas revistas y periódicos de la Ciudad de México; en Hidalgo su nombre, junto a los que ya mencioné, se transformaba en una especie de leyenda o de culto que los escritores que pertenecemos a generaciones más recientes (en mi caso la de los 70’s), venerábamos y leíamos con respeto y disciplina. Ese andar lo llevó a convertirse en el mejor cronista vivo de la literatura mexicana. Conocerlo y trabar al menos una relación entrevistador-entrevistado con él era para mí un verdadero honor.

En aquella oportunidad Nacho vino a Pachuca a presentar un libro para niños, sin embargo la charla que sostuve con él después de la presentación editorial, versó en su narrativa para “adolecentes y adultos”.  Narraciones y crónicas en las que la ficción es apenas un pretexto para recrear crudamente la realidad que el escritor percibe del mundo que lo rodea. Aún cuando se trataba de una entrevista para la televisión, donde los tiempos debe ser breves, duró unos veinte minutos, en los cuales también hablamos de la manera que Nacho veía Pachuca después de tantos años de venir y volver de ella al DF; así como de la estructura literaria de sus libros. Me habló entre otras cosas de algunos cuentos incluidos en “Tu párvula boca” y algunos otros que por alguna razón esperan otras páginas para aparecer. Inmediatamente se hizo presente esta extraña relación que Nacho tiene con la música y sus textos: títulos como “Me lo dijo Adela” o “Hace un mes que no baila el muñeco”, inclusive el nombre mismo de esta obra que hoy comentamos, nos permite adentrarnos en la banda sonora de sus historias. Y no es que solamente las canciones en sí mismas sean el detonante anecdótico o dramático para un cuento; sino que la vida real en la que éstas suenan es la materia prima que utiliza la pluma de Ignacio Trejo Fuentes. La manera que tiene de zonas los puestos de tacos afuera del metro, los vagones del traslado diario al trabajo, los multifamiliares babélicos, las calles recorridas febrilmente por millones de prisas, etc.; tienen un sonido que Nacho Trejo sabe escuchar muy bien y reproducirlo fielmente en sus historias.

“Tu párvula boca” es una colección de diez cuentos en los que Nacho pone sobre la página la historia cual carnicero un trozo de carne sobre la tabla, y lentamente va haciendo cortes finos con su narrativa afilada e incisiva cual si cortara tiras para bisteces. No gasta el tiempo en detalles obsesivos ni filosóficos; sino que recrea atmosferas y sensaciones tan claros que pareciera que mientras lo vamos leyendo, Nacho nos cogiera de la mano y nos jalara cual ángeles malditos e invisibles, dentro del departamento, la habitación, el sex shop, el prostíbulo, o una mansión; para mirar, oler, escuchar y sentir a cada uno de sus personajes sin participar pero siendo testigos de sucesos que llevan sus vidas al límite. Podemos percibir la pestilencia del anciano vestido con un traje de novia encontrado en su casa después de varios días de haber muerto; el afrodisiaco aroma de una habitación donde dos cuerpos se entrelazan en un nudo brillante sin importar su naturaleza compartida, la rabia de una estirpe acosada durante siglos que al fin cobra venganza o el festín de un par de poetas entregados al disfrute de la vida a través de su palabra. Es la vida misma lo que escurre entre estas páginas, tan increíble que se tiene la certeza de que es cierta.

A los escritores siempre nos pregunta para quién escribimos y la mayoría de nosotros contestamos siempre la trillada “para nosotros mismo”; pero queda claro que Ignacio Trajo Fuentes escribe para sus amigos, lo constatan las dedicatorias, a veces dobles que tienen casi todas las historias de “Tu párvula boca”. Se sabe un irremediable contador de historias y hace que sus amigos lo quieran por ello. Lo que Nacho no sabe es que quienes lo leemos inexorablemente terminamos por sentirlo un amigo. Sin lugar a dudas esta segunda edición de “Tu párvula boca”, realizada por Editorial Ficticia y apoyada por el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo, es una nueva oportunidad de caminar por el filo de la narrativa de Ignacio Trejo Fuentes, de reencontrar a uno de nuestros escritores más brillantes (y no hablo sólo como hidalguense, sino como mexicano) y saber que el mejor lugar en el que se recrea la ficción es la realidad. ¡Salve Nacho!


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