miércoles, 24 de marzo de 2010

Fernando Vallejo se siente medio muerto

EFE

-

El escritor colombiano Fernando Vallejo se siente ya "medio muerto" y cree que escribir en ese estado "es la única forma de renovar la literatura". Por eso habla de su "muerte inminente" en su nueva novela, "El don de la vida", una reflexión sobre la vejez y "una burla a muchas cosas, ante todo a la muerte".

"No le veo ninguna razón a la vida y por eso no la puedo defender", decía Vallejo, en vídeoconferencia desde Bogotá, al presentar en la Casa de América la novela que Alfaguara acaba de publicar en España y que también ha llegado a las librerías de Argentina, Colombia y México, país este último donde el escritor reside desde hace casi cuarenta años.

El propio Vallejo (Medellín, 1942) ha dicho en alguna ocasión que esta novela es su "testamento literario", pero hoy reconocía que quizá "viole" su propia palabra y vuelva a escribir otro libro sobre su muerte, un tema al que ya ha dedicado también las obras "Entre fantasmas" y "La rambla paralela".

"Lo único que me interesa es mi muerte. No estoy seguro de que esté muy vivo porque uno se muere de a poquito. Tal vez sea la única forma de renovar la literatura. Juan Rulfo puso a hablar a los muertos en 'Pedro Páramo' y aquí en Colombia queremos ir más allá que en México: escribimos libros los escritores muertos. Yo estoy medio muerto", aseguró Vallejo, siempre polémico y transgresor.

Vallejo intentó escribir su nueva novela "sin insultos, sin ira y sin escenas violentas de sexo", pero lo que resultó es muy distinto. El libro es "un catálogo de injurias" que él ha formulado "a la aventura" y como ha podido, pero "no es un testamento literario", porque, cuando se muera, no va a "dejar nada, sino viento, como el común de los mortales".

El autor de "La Virgen de los sicarios" echa la culpa a la Iglesia de casi todos los males que padece la humanidad, pero no comparte del todo las críticas que se oyen estos días hacia los sacerdotes pederastas.

"Este asunto lo veo muy distinto de cómo lo está viendo el común de la gente, porque se ha creado una histeria en Europa y en Occidente buscando chivos expiatorios", señaló.

"Están poniendo el grito en el cielo porque unos pobres curitas, a los que les han arruinado la vida, masturban a un muchachito de doce o quince años", decía el escritor, poco después de haber contado que, en su caso, "el problemita" de la sexualidad lo resolvió acostándose "con los dos sexos". "Y me ha ido muy bien", apostilló.

"La pederastia es inocente siempre y cuando no vaya destinada a la reproducción, en cuyo caso es el crimen máximo, y siempre y cuando no medie la violencia física y la coacción moral", añadió Vallejo, quien no se suma "a la campaña de satanización de la Iglesia por la pederastia".

Hace tres años, Vallejo dijo que renunciaba a la nacionalidad colombiana, pero no lo decía "en sentido literal" por más que algunos lo han querido interpretar así. "Yo sigo cargando con Colombia hasta que me muera, o sea, hasta que me acabe de morir", afirmó el autor de "El desbarrancadero" y "Mi hermano el alcalde".

En su opinión, los males de Colombia se deben "sólo a la clase política y a la Iglesia", que ha dirigido los destinos de los colombianos desde que se independizaron de España, hace doscientos años. "Seguimos cargando con el burocratismo, heredado de España, y con esa plaga de la Iglesia", señaló.

La Iglesia, dice en la novela y repitió en su encuentro con la prensa, padece "el mal de Alzheimer" porque se olvida siempre de "los incontables crímenes cometidos a lo largo de veinte siglos". Aunque, eso sí, "es muy buena para enterrar, y para cobrar hasta por los entierros".

Como le sucede al protagonista de la novela, "alter ego" de Vallejo, el escritor tiene una libreta en la que va anotando los nombres de las personas que ha visto y tratado alguna vez en la vida y que han muerto.

Lleva anotados casi setecientos, y hoy no quiso dar los nombres de colombianos de cuya muerte se alegra. "Los muertos ya tienen saldadas sus cuentas conmigo. No les tengo odio sino más bien envidia".

En el libro arremete contra numerosos personajes públicos de reconocido prestigio, como Albert Einstein, Jorge Luis Borges, Federico García Lorca, Octavio Paz, Gabriel García Márquez o Ghandi.

"Borges es un 'güevón' y todos lo saben. ¡Pero quién le da patadas a un ciego!", escribe Fernando Vallejo en su novela.

Sin embargo, aclaró, ésa es la opinión del narrador del libro, no la suya. Él cree que Borges "es un buen prosista, pero no es el más grande. Para ser un gran escritor hay que tener un alma grande y Borges no la tenía, al contrario que Cervantes, que sí la tenía y por eso pudo escribir El Quijote".

No hay comentarios.:

Publicar un comentario