martes, 5 de mayo de 2015

La hoja y la mirada: El arte de la queja

Versa un viejo dicho popular que “el que se queja, sus males aleja”. Y es que aun cando para algunos la queja es inútil, en los últimos tiempos, donde todo lo que ocurre en el mundo parece haber perdido la esencia, resulta un poco más que imposible no levantar la voz para quejarse, para señalar lo que está mal, equivocado; no callar ante lo que es inapropiadamente superficial. Resulta entonces que la queja, bien sustentada y digamos, responsable, resulta ser un buen inicio para la transformación y termina siendo una manera de analizar al mundo.

Este ejercicio alcanza niveles sublimes en el libro “Peroratas” de Fernando Vallejo, escritor de origen colombiano, nacionalidad a la que renunció para adoptar la mexicana en 2007 y quien es considerado uno de los intelectuales más influyentes de los últimos años. Sin embargo, sabedor de que tan importante es de donde se viene como a donde se va, logró conciliar ambas denominaciones: “Pongamos que soy colombiano y mexicano, porque soy de donde nací y de donde me voy a morir”.

Fernando Vallejo es uno de los novelistas más importantes de la literatura contemporánea, autor de algunos de las libros más representativos de la dantesca realidad que nos ha tocado vivir a quienes hemos transbordado del siglo XX al XXI. Entre ellos destacan dos: “El desbarrancadero” y “La Virgen de los sicarios”, retratos hiperrealista de la Colombia actual, sumida en el caos de la sangre como único resultado del laberinto de la droga y el dinero; ambos libros fueron incluidos en la lista de los 100 libros latinoamericanos más importantes de los últimos 25 años.

Biólogo de formación, es también cineasta, actividad que presidió a la literaria para dejar cuatro películas en México, tres de tema colombiano las cuales él tenía esperanzas de filmar en su tierra y una más que le reafirmó como un director con oficio pero que lo escaldó para siempre del ambiente cinematográfico; aun así llegó a ganar el Ariel a mejor Opera Prima en 1977. Años más tarde, no podría resistir su vis fílmica y colaboraría en el guion de la versión cinematográfica de “La Virgen de los Sicarios”.

Pero fue en la literatura donde Fernando Vallejo encontró el remedio mejor para exorcizar sus demonios: su infancia y juventud en un país que reconoció asesino desde que tuvo conciencia, su autoexilio en México desde donde siguió alzando la voz ante la injusticia y el abuso que sufrían sus “prójimos”, haciéndolo desde textos que se acercan a las memorias, como en ficciones absolutas cargadas de absoluta realidad, o en reclamos como éstos, donde la queja no es nada más un recurso, es un arma, una herramienta.

“Peroratas” se conforma de 32 textos, entre prólogos solicitados por otros autores, conferencias, artículos, ponencias y presentaciones de libros o películas, donde Vallejo aprovecha para determinar su ideario absoluto, su postura ante la barbarie de la modernidad, ante lo que aparentemente no se puede cambiar. Conviven entonces un puñado de ideas apasionadas sobre la literatura, el cine, la violencia, la religión, el maltrato contra los animales. En cada idea, se nota la férrea convicción de quien ama inequívocamente lo que cree, deseo de que su queja sirva para despertar las conciencias, al menos pues despabilarlas y que sean conscientes de que lo que se observa por el noticiero no es un filme de terror, es la realidad.

Pero en ningún momento el reclamo trae consigo amargura o rencor. Si bien sus señalamientos pueden parecer exacerbados, son puntuales, no buscan la confrontación, más bien vienen cargados de una esperanza de claridad. Resaltan sobre todos aquellos que tienen que ver con su patria, con Colombia, en los que se nota su enojo y su dolor, pero en los cuales no falta el humor y el desenfado que le imprime a todo el libro.

Fascinan sobre todo su amor por el espíritu del idioma, por la palabra y la literatura, su admiración por ciertos autores y por el Quijote, su aversión por la descomposición que hacemos del lenguaje, su manera de definir la novela, la historia y la verdad (por ende la mentira): “El idioma no cabe en un diccionario ni en un manual de gramática porque es escurridizo y burletero, y cuando una cree que lo tiene e las anos se le fue”.

Crítica tanto su raíz como su porvenir; hace una disección cuidadosamente irredenta del primer párrafo de “Cien años de soledad” de García Márquez, al cual le da, como dirían algunos de mis colegas escritores, “hasta para llevar”; pero también analiza el papel del lector, el suyo, el de cualquier autor del cual dice: “es un polígamo nato, hoy te lee a ti, mañana a otro”. Su amor por los animales, su odio ante los que los maltratan, el mismo odio que muestra ante la multiplicación de la especie humana, ante la religión, ante el mal uso de la semántica, ente el caos del mundo: “En la confusión los linderos de las palabras se nos han borrado y ya estamos en plena torre de Babel”.


Las peroratas de Fernando Vallejo son un maravillosa oportunidad de entrar en el mundo de uno de los novelistas más lúcidos y refinados del momento (como caminar en las bambalinas de su novelas), inteligente e incisivo, convencido de que la mejor manera de mirar el mundo, es analizarlo sin piedad; y es que como el mismo Vallejo reflexiona en este libro: “(…) lo que cuenta es el pensamiento, ¿o no?”.


sábado, 2 de mayo de 2015

La hoja y la mirada: Jorge Antonio y sus pulgas circenses

En una de esas mañanas frías de diciembre y previas a la Navidad, encontré a mi hijo Emilio (me gusta llamarlo por su nombre, aunque “hijo” es el único, pues el benjamín es en realidad “benjamina”), decía que encontré al preadolescente apoltronado en mi sillón de la sala (donde acostumbro sentarme a leer) y con mi postura –pierna cruzada, mano sobre la frente, cejo fruncido para disimular el placer–, leyendo. La imagen me sobresalto, más allá del orgullo y la sensación de mirarme a mí mismo a su edad, la pregunta de qué había hecho yo para convencerlo de ser lector ocupó mis pensamientos mientras me perdía sigiloso por el pasillo para no interrumpirlo.

¿La lectura se contagia con el ejemplo? ¿Por imitación, viendo a los padres leer? ¿Por osmosis, dejándole a nuestro hijos libros bajo la almohada por las noches? ¿Por accidente, dejando libros por toda la casa incluyendo la regadera para que en algún momento choque con ellos? Tal vez. Pero no solamente eso. También acercándoles libros que sean de su interés, que despierten en ellos la curiosidad, pero sobre todo, que les confirmen que dentro de las páginas de un libro suceden cosas tanto o más interesantes que las que muestran las pantallas de los televisores y las computadoras.

De ahí radica la importancia de la literatura escrita para niños, y jóvenes por supuesto, dedicación que aparentemente asusta a muchos autores que rara vez, o casi nunca, escriben algo para los pequeños grandes lectores. Entre los escritores hidalguenses no sucede tanto así, varios de los colegas han dedicado páginas enteras a niños y jóvenes, pienso ahora en Toño Zambrano, Agustín Cadena o Jorge Antonio García Pérez, quien publicó en el 2013 un maravilloso libro para niños titulado “El Circo Titiripulga”.

Jorge Antonio García Pérez ha demostrado su versatilidad a la hora de escribir. Lo mismo ha publicado dramaturgia, poesía y cuento. Además de su dedicación a la enseñanza y la promoción cultural, su trabajo como narrador oral le ha permitido trascender fronteras, incluso radiofónicas. Es tal vez ahí, en la narración oral, donde Jorge Antonio decidió enfrentarse, desde la trinchera de la página y no solamente desde el escenario, al publico más exigente: el infantil.

“El Circo Titiripulga” narra las peripecias de una familia de pulgas que deben dejar el calor del pelambre de Brunilda, una perrita que había sido su hogar por algún tiempo, para emigrar en busca de nuevos horizontes. Tras una breve escala en una sala de cine, llegan al municipio de Progreso de Obregón, en Hidalgo claro, donde se aventuran al trabajo en un circo. La historia, narrada con agilidad y humor, reconoce también el valor de la familia como motor y refugio de los buenos y malos momentos. Esta última característica dota al libro de un halo pocas veces encontrado con acierto en la literatura: el fomento de valores. Y no es que la literatura en sí tenga la responsabilidad de formar o consolidar los valores de quien la lee, no, pero si la literatura utiliza la vida como materia prima, no es raro que reflejé también aquella cosas que los seres humanos nos ocupamos de construir y preservar.

El libro fue publicado por Cofradía de Coyotes en coedición del Instituto Mexiquense de Cultura. La edición, propiamente pensada para pertenecer, nos llama la vista con una portada a todo color; propiamente pensada para atrapar la mirada y dar vuelo a la imaginación, sus interiores están diseñados con grandes ilustraciones prestas para ser iluminadas a gusto de cada lector, quien además encontrará en la página 5 un certificado de propiedad del ejemplar (excelente manera de generar un sentido de pertenencia en los peques); es un libro pues, pensado como herramienta para la creación de lectores y es en éste hecho, donde radica su mayor valor.

Aunque este no es el único libro que García Pérez a escrito para niños, si es el que mejor representa su experimentación en este, que es considerado ya, un nuevo género literario, donde incluso, él mismo se convierte en personaje.


“El Circo Titiripulga” de Jorge Antonio García Pérez, una suerte de novela corta para niños, es perfecta puerta de entrada a la literatura en general, no solo a la que se escribe en nuestro estado, y es un muy buen regalo para dar, por ejemplo, mañana, que será Día del niño.



Publicado en El Sol de Hidalgo, el miércoles 29 de abril de 2015.

viernes, 24 de abril de 2015

Sixto Valencia Burgos, historietista


Este año que amargamente va llegando al quito mes, será recordado por  la muerte de uno de los historietistas más importantes de nuestro país y orgullosamente hidalguense: Sixto Valencia Burgos, quién murió a los 81 años de edad el día de ayer en la ciudad de México. Curiosa, aunque dolorosamente, su fallecimiento sucede en el año del centenario del otro gran historietista hidalguense, don Gabriel Vargas.

Dibujante versátil, lo mismo abordó la historieta histórica que la humorística. Delineó una veintena de títulos gráficos entre los que se encuentran: “El libro único”, “Criollo el caballo invencible”, El látigo negro”, “El charro de oro”, “Biografías selectas”, “La serpiente desplumada” y “El caballero de la mesa cuadrada”.

Sixto nació en Villa de Tezontepec el 28 de marzo de 1934. Fue ahí, en esos campos agrícolas donde dio rienda suelta a su espíritu creador, comenzado a dibujar en maderos y pecas de maguey, era apenas un niño. Cuando creció un poco más y tuvo edad para poner los ojos en el horizonte, se trasladó a la ciudad de México para estudiar en la prestigiada Academia de San Carlos, no sin que esto le significara un gran sacrificio a su familia.

A los 17 años encontró su primera oportunidad para dibujar en un diario de la Capital. Más tarde, comenzó a darle vida a través de su lápiz a “Cliperton”, su primera obra completa, una publicación de más de 320 páginas que le había encargado la Unión de Linotipistas de la República Mexicana, corría ya el año de 1958.

En 1959 conoció a Yolanda Vargas Dulcé, para quien dibujaría 3 años después, en el 62, “Milagros de Cristo”, primera historieta en la que ambos creadores comenzarían una fructífera relación creativa.

Al año siguiente, en 1963, doña Yolanda le propone dar vida gráfica a un personaje que rondaba su mente: Memín Pinguín. Fue así que Sixto daría forma y color a su más grande creación, considerándolo el padre de uno de los personajes más representativos no sólo de la historieta mexicana sino de la cultura nacional en su conjunto.

Aunque la mancuerna Vargas y Valencia continúo trabajando por muchos años más, fue Memín Pinguín el más importante de sus éxitos, siendo una historieta que incluso trascendió fronteras, publicándose en Colombia, Perú, Bolivia, Irán, Italia, Estados Unidos, Japón y Filipinas.
Cuando Memín llegó a los cincuenta años, Sixto dijo de él: “(…) es cómo mi hijo, yo le di forma, lo vestí, le di personalidad y un lenguaje propio, y eso es lo que al público le gustó y ha gustado”.

Su trabajo nunca cesó y en la década de los 90’s fue director de la revista Mad- México, publicación especializada en el “comic” de talla internacional. Su trayectoria fue reconocida por el Gobierno del Estado de Hidalgo a través del  CECULTAH otorgándole en el 2013 el Premio al Mérito Artístico.

El año pasado recibió un homenaje en la FIL de Guadalajara, donde recibió el premio “La Catrina”, que le fue otorgado durante el Encuentro Internacional de Caricatura e Historieta; en aquellos días de finales de 2014, se veía contento, siempre sonriente y con su sombrero característico; refirió el deseo de no ser sorprendido por la muerte pues estaba deseo de continuar con algunos proyectos que le ocupaban, ella, la catrina, la huesuda, fría e indiferente no le cumplió el capricho.

Hace apenas mes y medio, durante la Feria del Palacio de Minería, el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo, presentó el volumen “Sixto Valencia, una vida entre viñetas”, una suerte de biografía ilustrada de Luis Gantus y Melina Gatto, donde el lector puede recorrer la vida, poco conocida, de uno de los artistas más destacados de Hidalgo.

Recuerdo ahora, al ir terminando estas líneas, la última vez que charlé con Sixto, en el lobby de un hotel hace un poco más de diez años; una entrevista mal lograda porque nos dedicamos al cotorreo y no a registrar en la grabadora las preguntas y las respuestas, así era siempre con él, una charla amena y profundamente interesante, hablando siempre de las anécdotas que rodearon sus creaciones.

Frente a la prensa internacional dijo alguna vez: “Espero ser recordado como un dibujante que brindó su arte para el sano entretenimiento de las familias y que dejó un legado cultural e México”. Sin duda lo recordaremos así, pero también como un hombre afable, integro, que siempre ejerció su profesión de dibujante, combatiendo al mismo tiempo porque se respetara el quehacer del historietista.


Descanse en Paz don Sixto Valencia Burgos.

jueves, 23 de abril de 2015

#FelizDíaInternacionaldelLibro


Taller: Lo bello de ser libro o de la poética del libro como objeto

Para conmemorar el Día Mundial del Libro y los Derechos de Autor, este jueves 23 de abril se realizará el taller “Lo bello de ser libro o de la poética del libro como objeto” en la Biblioteca Central del Estado de Hidalgo Ricardo Garibay, con una duración de 4 horas: de las 15:00 a las 19:00 horas.

Los encargados de moderar este curso serán Ana Laura Corpus y Rolando Niquet. El objetivo es sensibilizar al participante e incitarlo a escribir sus propios textos, y finalmente, con esas herramientas, jugar desde otro lado con la edición de un libro personal y artístico.

La temática: El libro funciona como contenedor de texto, con contenido teórico expresado en palabras, utilizando un diseño convencional para facilitar su comprensión. En cambio el libro-objeto, ajeno al consumismo generalizado y a normas editoriales, puede contener un sinnúmero de materiales, colores, formas y texturas sobre el contenido, donde el libro se convierte en un objeto diseñado que comunica y expresa a través de la plástica, la música y el lenguaje, manifestándose como materia cálida, dura, suave, blanda, áspera, olorosa; en la que se valora la forma, composición y textura. Es un contenedor de sentidos y fuerzas presentadas en la experiencia visual, táctil y algunas veces olfativa.

Esta actividad se realizará en la sala de usos múltiples de la Biblioteca Central. Dirigido a adolescentes y adultos, aunque el cupo es limitado.

Ana Laura Corpus estudió la carrera de psicología, en la Universidad Autónoma de Coahuila. Cursó la carrera de Actuación en el “Foro Teatro Contemporáneo” en la Ciudad de México bajo la dirección de Ludwig Margules y en la “Casa del Teatro” bajo la dirección de Luis De Tavira. Becaria en dos ocasiones del FONCA Coahuila en la rama de Desarrollo Artístico Individual

Rolando Niquet L. realizó estudios de licenciatura en Historia en la Universidad de Reggiana de Parma, Italia. Es autor de los libros “Héroes de 1945” y “Del Golfo de México al Lejano Oriente” que se encuentran en proceso de edición. Editorial Trillas. Colaborador de la Revista Mexicanísimo. Editorial Paralelo 21. Instructor Comunitario de Primaria Rural del Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE) en el Estado de Sonora en las comunidades indígenas yakis de Quiriego y Batacosa.




“Este programa es público, ajeno a cualquier partido político. Queda prohibido su uso para fines distintos a los establecidos en el programa”.